Escritores mendocinos: ¿profetas en su tierra?

A través de sus historias, de sus textos y de un recorrido por los sitios que amaron y fueron en ocasiones fuente de inspiración para su obra, podemos conocer algo más de nuestra provincia. En esta entrega, los grandes autores de Guaymallén y San Rafael.

Mendoza es conocida por ser la tierra “del sol y del buen vino”. Pero también es tierra de artistas, músicos, pintores, dramaturgos, novelistas, cuentistas y tantas otras expresiones culturales. Artistas cuyas obras conforman un riquísimo patrimonio cultural que enorgullece a los mendocinos y se ofrece a todos los visitantes que deseen conocer y gustar nuestra provincia.

Porque a través de la obra artística se puede captar de manera privilegiada la esencia de un pueblo, entidad troquelada en la peculiar conjunción de un entorno geográfico y particulares circunstancias socio-históricas, igualmente diversa en el correr del tiempo, pero siempre fiel a sus rasgos esenciales. Entonces acercarnos a la obra de algunos de nuestras artistas a través de un recorrido por los sitios que conocieron, amaron y cantaron en su obra, constituye una incitante aventura de descubrimiento.

Decía el escritor Manuel Mujica Láinez, en Placeres y fatigas de los viajes, a propósito de la relación entre arte, patrimonio y turismo, entre vida real y ficción: “Más que en ningún otro lugar de los muchos que he recorrido en el mundo, he valorado aquí en Verona, el poderío fascinante de los hijos de la imaginación [...] Las casas de Romeo y Julieta y el sepulcro de esta última atraen a los espíritus curiosos o románticos [...] Y he pensado una vez más en el prodigio feliz del arte, elaborador de realidades más hondas que la realidad evidente”.

Y el mismo escritor agregaba, a propósito de la casa de un escritor famoso: “La Villa conserva intacta su fascinación. No es porque sea excepcionalmente bella ni de un gusto admirable [...] sino –he aquí la paradoja- por su conexión con un libro. Libro y casa conjuntamente han llegado a crear un mito [...] Aquí se ha producido un fenómeno similar al que señalé en Famagusta, donde la personalidad de Otelo, una creación shakesperiana, ha dado origen a una torre donde se supone que vivió el gran celoso que en realidad no existió nunca. Aquí ha sucedido al revés: el libro atrajo la curiosidad hacia la casa [...] En realidad, si bien se mira, lo único importante es que prevalezcan los hijos de la imaginación”.

¿Y por qué no pensar que en nuestra tierra podría producirse un fenómeno análogo? Recorrer, por ejemplo, Guaymallén y encontrarnos con un Bufano niño cuya vida amanecía con el siglo... O aquel San Rafael de los álamos que cantaron y contaron poetas y novelistas... O encontrar en medio de los arenales del Los Altos Limpios, la huella de quien le diera para siempre entidad literaria al desierto mendocino: don Juan Draghi Lucero. O escuchar las voces de la tradición que aún perviven en medio de las imponentes bellezas malargüinas... Cada uno de estos recorridos puede contarnos una historia distinta.

Guaymallén: tierra de poetas

Guaymallén, integrante del “Gran Mendoza” y separado de la Capital sólo por el zanjón del mismo nombre, ha sido lugar de nacimiento o de residencia de destacados escritores y creadores: Alfredo Bufano, Antonio Di Benedetto, Armando Tejada Gómez, Hilario Cuadros, Alfonso Sola González...

A través de sus historias, de sus textos y de un recorrido por los sitios que amaron y fueron en ocasiones fuente de inspiración par su obra, podremos conocer algo más de Mendoza, de su pasado huarpe, de su presente y de su porvenir.

Partiendo del lugar donde estuvo emplazado el antiguo Cabildo de Mendoza, frente a la plaza fundacional, hoy denominada Pedro del Castillo, en homenaje al fundador de la ciudad, podemos iniciar un viaje en el espacio y en el tiempo.

Cruzando el Canal Cacique Guaymallén e ingresando al distrito Pedro Molina, como testimonio de la antigua arquitectura mendocina puede visitarse la Casa Museo Molina Pico, actualmente sede  de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Guaymallén. Igualmente, la Capilla del Rosario, erigida en homenaje a la Patrona de Mendoza, Nuestra Señora del Rosario, es testimonio de la vida mendocina tanto del período hispánico como de los años posteriores a la Revolución de Mayo.

Ambas son reliquias de una Mendoza que desapareció en la segunda mitad del siglo XIX, a raíz del terremoto de marzo del ‘61, que destruyó la ciudad fundacional para dar paso a esta otra moderna, al decir de Draghi Lucero “nueva y pujante pero agringada y desabrida”. De todos modos, la denominada “Ciudad Vieja” persistió durante largos años a orillas del Zanjón, sitio de pulperías y chinganas que alentó una suerte de imaginario de la “mala vida”, según el testimonio  de nuestros escritores.

Ya entrando en la Avenida Bandera de Los Andes –el antiguo Carril Nacional- nos encontramos de modo pleno con el recuerdo de una de las mayores voces líricas que ha dado el suelo cuyano: Alfredo Bufano. A través de su vida y de su obra podremos seguir ese tránsito ya mencionado de la sociedad mendocina hacia la modernidad, aun conservando su antiguo aspecto aldeano.

Hijo de humildes inmigrantes italianos, su infancia transcurrió en ese Guaymallén que evoca en sentidos versos y que retrata en sus diversos escenarios: espacios de sociabilidad como la plaza o la Iglesia, o relacionados con las actividades productivas (bodegas), etcétera.

Siguiendo por la calle Tirasso, podemos remontar en el tiempo la historia vitivinícola de Mendoza, a través de las antiguas casonas de bodegueros (“Villa Juana” y “Villa María”), algunas bodegas en funcionamiento, construcciones de adobe y el rumor del agua del zanjón cantando entre las cañas.

También Guaymallén acunó en su territorio a los grandes cultores del folclore cuyano: Hilario Cuadros, cuyo recuerdo se une inseparablemente con la calle Cañadita Alegre y fue el escenario propicio para que, de la mano de otro vecino ilustre como fue Armando Tejada Gómez, nuestro folclore alumbrara su Nuevo Cancionero.

Voces de poetas, como Abelardo Vázquez, capaz de captar la poesía de una vieja tapia de adobe bañada con la luz de la luna, elevan a la categoría de objeto estético la sencilla realidad cotidiana.

San Rafael: entre la égloga y el paraíso perdido

La historia de San Rafael, como la de Mendoza toda, puede contarse a través de la vida y la obra de sus grandes escritores. En este caso, nos referiremos a cuatro de sus figuras más relevantes: Fausto Burgos (1888-1953); Alfredo Bufano (1895-1950); Abelardo Arias (1908-1990) y Susana Bombal (1902-1990)

Alfredo Bufano, radicado en San Rafael en su madurez, representa a los inmigrantes que adoptaron de tal modo esta tierra que llegaron a sentirla como propia y la hicieron grande a través de sus obras, tanto materiales como espirituales. En su obra late el canto emocionado de la tierra: sus paisajes, su flora y fauna, su gente, sus costumbres, la exaltación de los pioneros... todavía se conserva, aunque transformada en un restaurante, la casa que el poeta adquirió con el premio que recibiera su libro Romancero.

Fausto Burgos, también mendocino por adopción ya que había nacido en el NOA, una de las regiones más ricas en elementos tradicionales, representa la genuina raíz hispánica, o hispano criolla, de lo que da testimonio, además de su obra, su propia morada, hoy Casa de la Cultura de Elena y Fausto Burgos, rica en muestras de arte español y americano y convertida en un escenario propicio para el desarrollo de distintas manifestaciones culturales.

Abelardo Arias, descendiente de una antigua familia cuya historia está íntimamente ligada con la del departamento todo, evoca en Álamos talados aquel San Rafael del cambio tecnológico, en la encrucijada que dibuja la evocación del paraíso perdido y la constatación de una nueva realidad, relacionada con la inmigración y el cambio social.

Susana Bombal, por su parte -ciudadana del mundo- encarna el cosmopolitismo y la apertura a la cultura universal, sin perder de vista el arraigo y lo más genuino de la tradición hispano-criolla, aunada con el aporte de las generaciones de inmigrantes. Su nombre se suele asociar de inmediato con el de Jorge Luis Borges, al que la unió una amistad duradera, y cuyo recuerdo pervive en el laberinto erigido en su memoria en la finca Los álamos.

Esta propiedad, que Susana Bombal evoca en su obra Los lagares, se convirtió, a partir de los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, en un sitio emblemático para la cultura, escenario de  reuniones sociales de cierto sector cercano a la aristocrática familia. Aún hoy conserva un atractivo enorme para todos los visitantes, con su enorme portón de hierro forjado, su patio con pileta, la imagen de la Virgen traída de España, junto con recuerdos, fotos y obras de los más diversos artistas plásticos...

Recorriendo los lugares que estos escritores amaron y plasmaron en páginas inolvidables, tendremos una imagen global de San Rafael, el “oasis frutal y soleado”, que se ofrece al visitante en todo el esplendor de sus bellezas naturales y pleno también de arte y cultura.

En la próxima entrega continuaremos con los poetas y narradores de Lavalle y Malargüe.

(*) La autora de la nota es doctora en Letras, directora del Centro de Estudios de Literatura de Mendoza y vicedecana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo.

¿Qué te pareció la nota?
No me gustó5/10
Opiniones (3)
3 de Diciembre de 2016|10:43
4
ERROR
3 de Diciembre de 2016|10:43
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Nunca, jamás, una escritora tuvo la trascendencia y la calidad de Bodoc. Vivió la mayor parte de su vida en Mendoza. ¿Ser mendocino es una cuestión de Registro Civil?
    3
  2. Esperaba algo más sobre Di Benedetto.
    2
  3. En San Rafael Luis Solano, Luis Casnati, Antonio Gattás,
    1
En Imágenes
Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016
28 de Noviembre de 2016
Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016