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El sueño de Oosthuizen se cristalizó en Saint Andrews

El sudafricano Louis Oosthuizen no podía haber soñado un lugar más idóneo como el campo escocés de St.Andrews, la cuna del golf, ni un momento más señalado, el 150 cumpleaños del British Open, para anotarse su primer título de Grand Slam.

Oosthuizen ganó con una solidez fuera de la común, como líder desde el segundo día, y con una ventaja brutal (7 golpes) sobre el segundo clasificado, el inglés Lee Westwood, y un global de 17 bajo par. 

El sudafricano ofreció desde el viernes un recital de juego contra el viento y el frío, una lección de lo que es mantener un liderazgo en un major y con un temple encomiable durante la temida ronda final de un Open, que acongoja más por celebrarse en este mítico escenario. 

Su triunfo fue incontestable. St.Andrews, el recinto en el que se cocinó hace siglos el golf que hoy conocemos, se rindió a la persistencia y solidez de Oosthuizen, un golfista del montón que este mismo año logró su primer título profesional, en el Abierto de Andalucía, pero que tras la semana del Open Briánico ya figura en los libros de historia. 

El torneo comenzó dominado de manera sobresaliente por el joven norirlandés de 21 años Rory McIlroy (63 golpes), pero una tarde siguiente de vendaval lo sepultó (80 golpes), a la vez que Oosthuizen aprovechó la calma matinal para encaramarse al liderato y manejar ya desde el viernes una ventaja en progresión. 

El inglés Paul Casey se convirtió en la mayor amenaza dominical para el líder, y a la sazón en la esperanza británica. Pero Casey fue incapaz de remontar sus cuatro golpes de desventaja al comienzo. 

Especialmente demoledor resultó el eagle de Oosthuizen en el par 4 del hoyo 9. Casey, el décimo jugador del mundo, se vio obligado entonces a forzar la máquina, y el riesgo lo pagó con un retroceso insalvable: 8 golpes a falta de cinco hoyos. St.Andrews, para entonces, ya vislumbraba a un campeón, Oosthuizen, quien en sus tres comparecencias anteriores en este torneo nunca pudo superar el corte. 

Ahí se acabó la historia del British Open 2010, realmente brillante para este sudafricano que une su nombre a tantos otros compatriotas ya en los altares (Bobby Locke, Gary Player o Ernie Els) y que fue gris y opaco para los dos mejores golfistas del mundo, Tiger Woods y Phil Mickelson, quienes pugnan en la actualidad sobre un estrecho margen en el escalafón por las vicisitudes por las que atraviesa el primero. 

Woods tampoco pudo enmendar hoy su trabajo y se marchó con 73 golpes (puesto número 23). La página que podría haber escrito para la historia, la de ser el único en ganar tres veces el Open en St.Andrews, quedó en blanco, mientras que Mickelson, cuadragésimo octavo, deberá esperar a otra ocasión para desbancar a Tiger del liderato mundial. 
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