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Reveco sigue soñando y descansa en "esa voz"

El mendocino consiguió una notable victoria ante el mexicano Armando Torres en el quinto round del combate por el título mundial interino de los minimoscas y dejó sentado sin objeciones que está para cuestiones mayores en la categoría.

El Cotón ganaba, basado en su fortaleza física y mental, no dejaba dudas con su boxear atildado, práctico y efectivo.

Terminaba el cuarto round y agotado después de tanto brillar se sentó en el banquito, miró a su derecha y escuchó a su mentor Chacón que le rogaba el último esfuerzo para terminar temprano la madrugada del domingo.

Enfrente y ante sus ojos, Torres, el mexicano abría su boca y quería más aire para salir al quinto, detrás suyo el público bramaba por un campeón formidable, pasaban los segundos y Cotón bajo control disfrutaba el momento.

Pero un instante, solo un instante después, apareció frente a su oído una voz conocida y de experiencia, quien le dijo con vehemencia y sin titubeos un par de palabras, las que él quería sentir tal vez.

Ante tanta gente apasionada y sonidos estridentes el pibe de duros puños escuchó entre líneas estas palabras: “Juan, es ahora, dos ganchos abajo y un cross arriba y nos vamos a casa”.

El campeón lo miró y asintió al instante con complicidad. Quien aparecía entre cientos de gritos era la voz de la experiencia.

Se paró de un salto y dejó el descanso reparador por unos minutos, fue al centro del ring con esas palabras retumbando en su ubicada cabeza y le hizo caso.

Llevó a Torres de a poco al costado de las cuerdas, le amagó una vez arriba con un directo al plexo, el foráneo retrocedió, lo encaró de frente con una derecha letal y el mexicano se sorprendió, las sogas a sus espaldas desaparecían, y el pibe de cuna mendocina dio otro paso adelante. Y se fue en busca de la gloria.

Torres estaba solo y Reveco no. Y fue ahí cuando aprovechó. Dos ganchos al higado, con su rival pidiendo clemencia y un cross en el rostro “tuneado”, caída en un santiamén y los lasherinos gritando “Cotón, cotón…”. Levantó los brazos por reflejo, viendo como la lucha estéril enfrente no respondía y se subió a la gloria.

Caían cantos de esperanza a borbotones, todos para él, sus días de sacrificios y privaciones le devolvían con gentileza esa entrega. Buscó con su mirada a los suyos, esos que nunca dudan de Juan, los abrazó y agradeció, siguió con su vista indagando entre tanta algarabía y encontró más sonrisas, decenas de palmadas y las tomó.

Pero sus ojos querían posar y abrirse por tiempo indefinido en esa voz, esa de la experiencia, esa que lo guió. Y no lo encontraba.

Pero el seguía sonriendo, con amigos de siempre y “amigos nuevos” que pasaban alrededor.

Esa voz detrás de una figura archi conocida no aparecía.

Llegó el momento del falló, de manifestar los que todos sabían, llegó el tiempo de volver a sentir la fuerza del cinturón en su cintura, llegó el instante de hablar ante tantos micrófonos y el seguía buscando esa voz, que no aparecía.

Se fue a un costado solo para mirar el techo del Polimeni, pero queriendo mirar mas arriba, se persigno y su fe estaba “pagada”. Caminó unos metros y los brazos caían al costado de su cuerpo, pero el buscaba esa voz.

El ring se despoblaba y el subía a hombros de fieles que lo paseaban para seguir “su fiesta”, se bajó por última vez quizás esa noche de tanto derroche de felicidad y volvió a quedar solo, giró su figura hacía otro horizonte y encontró la voz. Por fín.

Lo rodeó con sus manos cansadas de tanto trabajar y lo acunó en su pecho. Le dijo: “Gracias maestro, esto también es suyo” y se quedó a su lado.

Esa voz respondió: “Pibe, ya está, vamos adentro que hace frio y mañana será otro día”. Cotón sonrió y le volvió a hacer caso, se fue a calentar en esas cuatro paredes que saben mejor que nadie de sus realidades.

El maestro tomó el bidón que nadie vio y estaba cerca del banquito y lo acompañó detrás, siempre detrás y en silencio, cargado de sabiduría y de horas de gimnasio.

Era Bracamonte, el tipo de la voz. Indiferente al fervor, concentrado en su chico, hoy “el chico”. Muchos fueron “su chico” pero esa noche solo necesitaba decir lo que nadie ve. Y lo dijo.

El “Braca” también es campeón, como el “Cotón”. Campeón de la voz. La voz de un campeón.             
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9 de Diciembre de 2016|02:59
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