Marilyn y JFK: la prostituta y el eyaculador precoz

Cuando se conocieron Marilyn y John Fitzgerald Kennedy no sabían que iban a amarse clandestinamente durante más de una década. Tampoco sabían entonces que ambos eran expertos en el oscuro arte de la manipulación. Compartieron el deseo de poder y de gloria y una desgarrante incomprensión.

Él fue el presidente más seductor de Estados Unidos y ella la mujer más deseada de su tiempo. Él era una piraña: consumía todo lo que estaba su paso. Ella era una bomba sexual experta en seducir recurriendo a la piedad.

Sus vidas fueron un espectáculo permanente. “Junto con sus acólitos, sus esbirros, sus figurantes, amigos traidores, Jack será la estrella de una película fantasma con una estrella rubia”, escribe el periodista François Forestier en la excepcional biografía Marilyn y JFK, recientemente editada por Aguilar.

“Es una historia que conoce todo el mundo pero que no conoce nadie en realidad. La encontramos en innumerables libros, novelas, relatos, películas, documentales, artículos, sueños, tesis, fantasías, mitos, consagrados a Marilyn Monroe o a John Fitzgerald Kennedy, pero nunca ha sido contada”, detalla el biógrafo en su notable libro.

Y en efecto, pasan por ella espías, policías, gángsteres, estafadores, actores, amantes, psicoanalistas, escritores, informantes e incluso un guionista mexicano. Todos los nombres del cine, la política, la mafia de la década del ´50 y ´60 se convierten en protagonistas o en testigos directos de esta historia de amor: Robert Kennedy, Jackie Kennedy, San Giancana, Jack Ruby, Gloria Swanson, J. Edgar Hoover, James Hoffa, Joe Di Maggio, Arthur Miller, Frank Sinatra, Peter Lawford fueron apenas algunas de las personas que compartieron los secretos de la pareja más asediada de la época.

Forestier, basándose en una sólida documentación, explica que “Marilyn ha sido filmada, JFK ha sido grabado. El FBI, la CIA, la Mafia ¿Dios sabe quién más? Quizá Dios mismo sigue con pasión el folletín entre la estrella y el presidente. Nunca están solos: micrófonos en los colchones, agujeros en los tabiques, prismáticos. Es como la historia del cazador cazado: todo el mundo espía a todo el mundo. Las casas tienen ojos, los muros oyen”.

Los niños enfermos

Sus historias familiares parecen tomadas de una película de terror. Joe Kennedy, el padre de JFK, era “un canalla de cuello duro”, amante de la platinada Gloria Swanson y de mil estrellas de Hollywood más, se abalanza sobre todo lo que quiere, especialmente las mujeres. Y tiene sexo delante de sus hijos varones. Rose Kennedy es avara, irlandesa y beata. Y cierra los ojos a todo lo que pasa en el mundo de su marido. Era un “patriarca juerguista”, financiero, banquero, productor, hombre de negocios, antisemita furioso y “hace el amor como un cartero reparte el correo. Va derecho a la meta”, describe el periodista de Le Nouvel Observateur.

Jack fue un niño enclenque, tenía la “tez amarillenta de los enfermos perpetuos”, condenado por el latiguillo paterno del “no sirve para nada”. Sin embargo el joven con una incómoda renguera, constantes problemas de salud, que usaba un corsé para mantenerse derecho, ha decidido que no será un voyeur.

Será presidente y para ello imitará en todo a su padre: hará uso y abuso del poder, observará, espiará y escuchará tanto como será observado, espiado y escuchado; se casará con Jackie en un matrimonio arreglado por dinero, tendrá mil amantes, elegirá a la rubia platino como favorita y será llamado el “rey del polvo en un minuto”. Todas sus mujeres dirán lo mismo: “Lo único que le importa es su placer sin pensar en el de su compañera. Eyacula y ya está”.

La madre y la abuela de Marilyn estaban locas. Las camisas de fuerza, las pastillas y los neuropsiquiátricos fueron una rutina en su niñez. Fue una niña abandonada una y otra vez, dando tumbos, maltratada, pasó de un hogar  sustituto a otro, fue violada a los once años, la casaron a los 16, tuvo tres maridos y fue violada cuando apenas llevaba una hora de muerta.

Marilyn se convirtió en la gran estrella de Hollywood gracias a su carisma sexual y debutar como “party girl, la chica para todo en partidas de póquer, circulando de una cama a otra, despertándose en sábanas desconocidas, en casas cuyos propietarios ni siquiera conocían el nombre de esta rubia con ojos de ahogada”, relata el biógrafo.

Secretos de alcoba

Después de que una bala penetrara en el cráneo de John Fitzgerald Kennedy produciéndole un boquete de trece centímetros de diámetro destrozándole el cerebro y llevándole a la muerte el 22 de noviembre de 1963 y mientras Abraham Zapruder lo graba todo con su cámara Bel & Howell de ocho milímetros, Robert Kennedy da instrucciones: los archivos y los efectos personales del presidente, en la Casa Blanca, deben estar bajo vigilancia permanente. Nadie debe tener acceso a ellos. Ordena que se cambien todas las cerraduras.

“Los expedientes deben salir antes de que llegue el nuevo presidente, Lyndon Johnson. Da órdenes a los agentes del servicio secreto presentes: hay que desmontar y hacer desaparecer el sistema de grabaciones instalado por JFK en su despacho y en la sala de reuniones del gabinete. Fotos, cuadernos, informes, grabaciones, todo ha de ser borrado, retirado, destruido. La Bahía de Cochinos, la operación Mongoose, Vietnam, la Mafia, las amantes, los chantajes, las amistades peligrosas, los asesinatos políticos, las visitas de mujeres a la Casa Blanca, los recuerdos, los archivos del chantaje político, las fuentes de financiación, Marilyn Monroe. Ah, sí, Marilyn. No tiene que quedar nada”, escribe con su prosa privilegiada Forestier.

Marilyn, la chica que  admiraba a Jean Harlow, la rubia platino de los años ´20; la niña Norma Jeane que siempre vivió en un desierto afectivo, en una familia adoptiva indiferente, con su madre loca y su padre desaparecido, la niña que ignora que tiene hermanos, la pequeña tímida, tartamuda, diferente.

Marilyn, la joven que casada a los 16 años descubrió su arma principal: la sensualidad. Ve cómo se enciende el deseo en la mirada de los hombres y juega con eso; la que se descubre mujer y que ya no es  una niña asustada, sino alguien más frío, más calculador, alguien que ha aprendido la duplicidad.

La posibilidad de ser otra persona, de escaparse de sí misma la aprendió del cine y de los turbios escenarios detrás de la pantalla. Su carta de presentación para los productores era, justamente una carta escrita por el director que la descubrió. El texto decía solamente: “Esta muchacha hace unas mamadas maravillosas” y ellas las hacía en cada casting. “Marilyn debutó en un mundo tórrido. Nunca saldrá de él. Ni siquiera en la Casa Blanca”, ironiza Forestier.

“Marilyn se ha acostumbrado a cebarse de barbitúricos, medicamentos, píldoras. Duerme con un sueño artificial, vive en un universo ficticio. Se ha inventado una historia: la de la niña abandonada, la huerfanita valiente, la pobrecita desencantada y con necesidad de afecto. Cuenta esta versión moderna de Cenicienta a todos los periodistas y a ellos les encanta. ¿Ha posado para un calendario desnuda? ¿Y qué pasa? Necesitaba cincuenta dólares para comer. Su público pide más. Nadie piensa que Marilyn es una prostituta, un trozo de carne: en su vida pública tiene el ingenio de transformar la suciedad en oro; en su vida privada ocurre todo lo contrario. Exactamente lo contrario”, relata el investigador.

Los enamorados y la muerte

Después de varios intentos de suicidio, a merced de la confusión del alcohol y las drogas, la amante oficial de JFK y la amante secreta de Robert Kennedy, abandonada y mal amada, se duerme para siempre el 4 de agosto de 1962.

“Marilyn murió como había vivido: a la deriva. Desnuda, sujetando el auricular, con las pastillas al alcance de la mano, en una casa vacía, sola en su habitación. La noche se cerró sobre ella, la oscuridad de azabache que la sepultaba una y otra vez hacia la muerte: diez años de droga, diez años de pastillas, ¿cuántas píldoras multicolores, comprimidos brillantes, polvos para levantar el ánimo? (…) Se durmió atravesada en la cama con el hilo del teléfono como un gota a gota, palabras de transfusión… Yace pálida, abandonada, con las uñas sucias, despeinada, son las once de la noche, su corazón flaquea, se detiene”, describe Forestier.

Para el investigador la muerte de Marilyn no fue suicidio. “Es una actriz: cada vez que hace una tentativa tiene un público que la retiene o que la aplaude. Una estrella no se va abandonada como un papel arrugado. Hace un mutis, crea un final, triunfa en la muerte. Busca el efecto, Y sobre todo, sobre todo, busca la belleza”, argumenta.

Durante la noche de su muerte, mientras yacía muerta en la cama llegaron las hordas de los múltiples espías a “limpiar la casa” de micrófonos, papeles, fotos, agendas, ropa, objetos comprometedores: Robert Kennedy, la mafia, el FBI, la CIA, el Departamento de Estado, la Century Fox, la policía, los periodistas. “Todo el mundo busca algo y el cadáver se queda ahí, sin que nadie se preocupe por él, en una posición un poquito más decente”, anota el biógrafo. Cuando JFK se entera no dice nada.

“Marilyn yace en la mesa de disección del forense con la carne acuchillada, el cabello graso, la piel descolgada, las mejillas blandas. El forense busca el alma de Marilyn entra sus vísceras. No encuentra nada. Los Kennedy se la han robado”, sentencia el investigador en su notable libro.

Todo lo que se encontró se quema, se borra, se guarda, se sepulta, se vende, se usa para chantajear, para obtener dinero sucio. Espías, detectives, mafiosos, ilusionistas: todos se apuntan en el circo. La única consigna es hacer desaparecer la historia de amor entre Marilyn y JFK. Y quienes fueron testigos o cómplices de ella se vuelven sordos, mudos, ciegos y amnésicos.

Un año después, JFK es asesinado en el acto final de una compleja red de intereses políticos, económicos, deudas de honor, traiciones, invasiones reales y miedos imaginarios, ambiciones desmedidas, manipulaciones, venganzas y celos enfermizos, protagonizada por políticos, mafiosos, millonarios y chivos expiatorios.

La América más sórdida se tragó a Marilyn y a JFK, dos personas que tal vez se amaron. A pesar de sí mismos.

Fuente: Marilyn y JFK, de François Forestier. Buenos Aires, Aguilar, 2010. 239 páginas.

Patricia Rodón

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6 de Diciembre de 2016|11:21
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6 de Diciembre de 2016|11:21
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  1. Si analizamos seria, profundamente, la nota de Patricia, llegaremos a conclusiones tremendas. ¿Que somos? ¿Qué dibujan de nosotros! ¿Tanto poder tienen los medios de difusión, las centrales de inteligencia, los aparatos diversos? Realmente, si uno profundiza al fondo la nota nos queda un tremendo sabor amargo. ¿Que somos? ¿Adonde vamos? Si dos personajes de la talla de J. F. K. y M. Monroe fueron echos y descubiertos así, ¿que será de nuestra vidas? Quienes pudimos vivir y en alguna media ser testigos de ese "romance" y la tragedia posterior, nos formulamos miles de preguntas. ¿Es todo así? ¿Que nos venden a cada momento? Es para pensar, no Patricia?
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  2. Corregimos el error involuntario. Gracias por la observación.
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  3. En Secretos de Alcoba la fecha de la muerte de JFK está mal. Es 22 de noviembre de 1963
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  4. a Patricia. Excelente relato!!-
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