¿Por qué el hombre le teme a la mujer?

Las diosas, brujas y vampiresas fueron creadas por el imaginario masculino para defenderse frente al misterio que encarnamos las mujeres. ¿Qué representan realmente estos arquetipos que seducen y erizan la piel al mismo tiempo?

Los hombres nos tienen miedo. La historia está plagada de hechos que lo confirman y el arte y la literatura se han ocupado de ilustrar este temor atávico que inventó a las diosas, a las brujas y a las vampiresas como una forma de estigmatizar el mundo de las mujeres.

¿Por qué le teme el hombre a la mujer? A partir de esta pregunta Susana Castellanos de Zubiría repasa cómo a través del tiempo, lo femenino se ha asociado a lo oscuro, peligroso, incomprensible e irracional a través de la creación de arquetipos: diosas, brujas, hechiceras y vampiresas.

Con una prosa suelta y atractiva y profusamente documentada, la autora de Diosas, brujas y vampiresas. El miedo visceral del hombre a la mujer remonta minuciosamente la genealogía llena de magia, seducción y maleficios de diosas, hechiceras, pitonisas, sabias y hadas; el estremecedor sabor de la lujuria en la boca de los súcubos; los vuelos y cantos hipnóticos brujas y sirenas y los amores de ultratumba de las vampiresas de labios rojos y mirada incitadora.

Diosas de la inquietud

“Las diosas madre, de las que el resto de los personajes míticos femeninos no serán más que su evolución, encarnan misterios insondables. Su capacidad generadora de vida lleva implícita la muerte; su maternidad en ocasiones puede llegar a tener una connotación dominante, avasalladora, siniestra”, escribe la autora del libro editado por Editorial Norma.

Una madre, la madre, encarna a la madre naturaleza, el origen de todos los miedos. La naturaleza es infinita, todopoderosa, agobiante, reúne en sí misma todos los tiempos, es el tiempo al unir la vida y la muerte, es cíclica, regida por fuerzas oscuras. “A los ojos del hombre ella siempre será incierta; amada y deseada y a la vez temida y odiada”, desarrolla Castellanos.

“Cuando el hombre se sintió superior a la naturaleza y pensó poder dominarla con su inteligencia y su fuerza, se rebeló (…) opacando a las nocturnas deidades femeninas. Ellas, aunque aparentemente despojadas de su papel principal, siguieron plenas de sugestiones y atractivos”, escribe.

Estas deidades femeninas encarnan el destino bajo la forma de hechiceras, de demonios, de brujas, de vampiresas que, desplazamientos simbólicos mediante, le recuerdan constantemente al hombre que la naturaleza, la vida y el mundo no están bajo su control.

“Es por esto también que jamás un hombre ha llegado a comprender plenamente a una mujer. Y siempre siente que hay algo en ella que no alcanza a prever ni descifrar, y a ese aspecto femenino le teme profundamente. Del mismo modo, a todo aquello que se le asemeja a ese comportamiento imprevisto, azaroso e instintivo, lo ha asociado con la mujer”, argumenta Castellanos.

Ese misterioso poder que para la investigadora emana de la mujer proviene de la relación que se le atribuye con la naturaleza, con su aspecto maternal y germinador, que le permite ejercer un control fuera del alcance del hombre. De aquí que a las mujeres se les atribuya poderes sobrenaturales como ver o controlar el futuro, crear tanto pócimas de amor como venenos o volar en una escoba.

De la raíz de este imaginario surgieron las hechiceras o sabias de la mitología, que luego tanto retomará la literatura, y que más tarde se transformarán en las brujas: todas tienen conocimientos medicinales de las plantas, son curanderas, parteras, adivinas, médiums, pueden volar y transformarse en diversos animales.

Los súcubos serán los demonios sexuales femeninos antecesores de las vampiresas, amantes de ultratumba sedientas de sangre y sexo. Ellas encarnan el atávico temor a la muerte, a la sangre expuesta y a la impotencia sexual masculina: se las teme porque van y vienen entre la vida y la muerte, y se las desea porque el poder que sus cuerpos ejercen sobre la libido del hombre supera el control que éstos tienen de sí mismos.

Los primeros teólogos gritaban que “la mujer es la puerta del diablo” y aún hoy, aunque no las quemen en hogueras, la idea de la mujer como ser oscuro, peligroso, incomprensible, fuera del control de lo racional, se mantiene.

“A los ojos masculinos la mujer siempre va a encarnar aquello que no puede controlar ni comprender por completo. Sus comportamientos, intenciones, actitudes y sentimientos siempre escaparán a la estructura racional con la que el hombre pretende sentirse estable”, afirma la investigadora.

Hoy ya no se trata de perder el rumbo por el canto de una sirena. Hoy el temor masculino está centrado en ser devorado en lo económico, lo profesional e incluso en lo sexual ante la independencia ceciente de la mujer que es, en millones de hogares, la proveedora emocional y material de los hijos, tarea, la de proveer, sobre la cual el hombre fundamentó su identidad y seguridad. 

De la poesía de los mitos y leyendas ancestrales, altamente simbólica, emerge la imagen de la diosa madre que luego se transforma en hechicera, súcubo, bruja, vampiresa. “Todas sus manifestaciones encarnan con toda la fuerza de su significado una ancestral idea: el hombre dueño de su razón lucha contra lo mágico que personifica la mujer”, asevera Castellanos.

La mujer, origen de todo mal

¿Qué ha visto el hombre en la mujer, desde la antigüedad, para hacerla receptáculo de todo mal?

La mitología griega cuenta que la mujer fue ideada como un castigo de Zeus contra los hombres; el padre de los dioses estaba indignado porque Prometeo le había robado el fuego para entregárselo a los mortales. Para vengarse Zeus y los demás dioses crearon a la primera mujer, hermosa, caprichosa, intrigante, sutil, arrolladora y peligrosa: Pandora. Este divino regalo fue para los hombres causa de dolores y placeres por igual.

“Las dos corrientes básicas del pensamiento del mundo occidental, la tradición clásica y la tradición judeocristiana, comparten la idea de la creación de la mujer como el origen de las desgracias de los hombres. En el cristianismo, la desobediencia de Eva determinó el origen del sufrimiento humano y ella la culpable de que el hombre deba ganar el pan con el sudor de su frente”, analiza Castellanos.

De ahí que tanto Pandora como Eva fueran asociadas con todo aquello que trae desgracias a los hombres: los vicios, el mal, el pecado; que el resto de las mujeres llevaran su estigma y que sus descendientes perdieran la cercanía con la divinidad y sufrieran la imperfección, la enfermedad y la muerte.

Pandora, cuando abrió la caja de los dioses, y Eva, cuando comió de la manzana, sucumbieron a la curiosidad. Al anhelo de un conocimiento que les estaba vedado; “ese conocimiento prohibido será el que transmitan las hechiceras y las brujas, un conocimiento oculto, subterráneo y en ocasiones maléfico”, puntualiza la investigadora.

Virginidad y sexualidad

Desde siempre, las mujeres han sido definidas como buenas o malas, respetables o perdidas por sus relaciones sexuales con los hombres. Mientras más virgen, más buena.

“La virginidad y la castidad estaban relacionadas con la obediencia al varón jefe de familia. El matrimonio significaba la transferencia de esa autoridad de un varón a otro. La virginidad de una hija estaba ligada al honor de la familia y una relación sexual que no contara con la aprobación de la potestad masculina mancillaba ese honor”, destaca Castellanos.

Por otra parte, los hombres siempre han manifestado su recelo hacia las mujeres que utilizan su atractivo sexual para influir sobre ellos, mujeres que eran estigmatizadas (y lo siguen siendo) como prostitutas sin importar su rango social, mientras que los hombres que tenían muchas amantes eran (y lo siguen siendo) celebrados como héroes.

El temor a la iniciativa sexual femenina y a la sexualidad salvaje y gozosa de la mujer es omnipresente en muchas culturas y ha sido condenada desde antiguo de múltiples maneras, desde la leyenda de la “vagina dentada” a la ninfomanía pasando por la posesión diabólica, en contraste con la virginidad modélica y asexuada de las vírgenes cristianas sólo por llevar en su naturaleza y en su piel algo que los hombres no logran dominar.

La investigadora señala que “las diosas de la noche, hechiceras, brujas y vampiresas se caracterizan por ser apasionadas y despiadadas a un mismo tiempo, pero sobre todo por tener una sexualidad propia y por reconocer abiertamente sus deseos sexuales, desligados completamente de la maternidad o de las relaciones sentimentales duraderas”.

La idea de que las mujeres pueden tener el control sobre la sexualidad masculina atraviesa la hechicería y la brujería; los filtros de amor, los conjuros y las pócimas para atraer a un hombre especialmente elegido para ligarlo a una mujer son atributos básicos de hechiceras y brujas.

Si la única anormalidad es la incapacidad de amar y, como Paul Eluard dijo, “lo más profundo es la piel”, entonces todas las mujeres somos brujas, hechiceras y vampiresas.

Fuente: Diosas, brujas y vampiresas. El miedo visceral del hombre a la mujer. Bogotá, Norma, 2009. 373 páginas.

Patricia Rodón

Opiniones (6)
9 de Diciembre de 2016|07:17
7
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9 de Diciembre de 2016|07:17
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  1. Prueban la teoría de la evolución. De niñas son ENCANTADORAS, luego de jovenes te HECHIZAN....para con los años convertirse en todas unas BRUJAS.
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  2. NECESARIO, NO SE PUEDE ESTAR SIN ELLAS, PERO SON CALCULADORAS,NOS DOMINAN A TRAVES DEL SEXO, DE NIÑOS CON LA TETA, DE GRANDES CON LA NECESIDAD DE TENER SEXO. ESPECULAN, ASI SI QUIEREN SE LO DAN SI NO,NO. TAMBIÉN SE GANAN LA VIDA CON ELLO, UNAS VENDIENDOSE EN LAS ESQUINAS, OTRAS HACIENDO LABURAL AL POBRE HOMBRE TODA LA VIDA, PERO DE TODAS MANERAS CON LO SUYO NOS MANEJAN. ¡BRUJAS! JA,JA,JA
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  3. Sin embargo, existen otros estudios históricos, bastante recientes que consideran que el cristianismo -por el contrario- elevó a la mujer, desde la idea de María, viendo el papel increíblemente importante que tuvo la mujer en el medioevo -la prueba: la idealización de la misma que reflejaban juglares, caballeros, etc.- Muchas, muchas, acompañaban a sus maridos a las cruzadas incluso. Fueron los siglos posteriores, Rousseau, la ilustración, el liberalismo y el marxismo, etc los que la anularon, contrariamente a lo que las diferentes encíclicas escribieron acerca de ella (ver Juan Pablo II y anteriores, una honra y elevación fabulosa de la mujer) No hay que dejar de investigar, en lugar de creerse los tópicos imaginarios, inventados y malintencionados de los intolerantes al cristianismo, por parte de toda la corriente liberal y marxista. La teoría del género y la paulatina desfeminización de la mujer hasta su anulación en códigos civiles actuales , son un ejemplo!!!
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  4. Mujer? Qué mujer? Ya no existimos las mujeres, nos anularon del código civil!!! En pos de la seudoigualdad nos han eliminado a las mujeres empezando por el nombre. Vean la violencia contra las mujeres que hay en España, que ya tiene esas ideas "igualitarias", desgraciadamente se nos viene, han decidido formar familias prescindiendo de las mujeres. NO se dan cuenta que la infausta ley del 15 de julio es ABSOLUTAMENTE contra la mujer? Van por más: el aborto. Nos quitaron todo. Sí, evidentemente los hombres nos tenían miedo, ahora no, ya no existimos!!!
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  5. MUY BONITO LO ESCRITO Y TRANSCRIPTO, PERO TE DIGO TODO LO QUE SE HA ESCRITO, TOOOOODO, ES ABSOLUTAMENTE CIERTO, ESO RESPONDE A TU PREGUNTA
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  6. gracias patricia por el resúmen de un libro que tiene todas las luces de ser muy interesante. una vez más tus comentarios y relatos son jugosos y atrapantes. besos
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