El lado oscuro de la fe: los Papas y el sexo

Una investigación sacude lo que desde hace siglos se juzgó como inconcebible en la Iglesia: el sexo, puro y duro visto a través de los ojos de los 261 sumos pontífices que ocuparon la Silla de Pedro, desde el mismísimo Pedro al actual Benedicto XVI.

"En el Vaticano lo divino y lo humano libran una batalla permanente y lo que no es sagrado, es secreto", dice el periodista e historiador Eric Frattini quien a través de su ensayo Los Papas y el sexo nos introduce en las oscuras estancias papales donde sus huéspedes escribieron historias de conspiraciones, vicios y sexo.

"Hubo papas casados y adúlteros; violadores y homosexuales; fetichistas y pederastas; travestis y vouyeristas; masoquistas y sadomasoquistas; hijos de curas, padres de papas e hijos de papas", afirma en su libro profusamente documentado.

En esta nota te ofrecemos algunas historias de los primeros papas, en cuyas biografías abundan los matrimonios, las “fiestas de amor” y las espúreas prebendas de todo tipo para los miembros de la Iglesia que desnuda la investigación Los Papas y el sexo, publicada por Espasa Calpe.

A través de sus páginas conocemos la trastienda de la disposición que obligaba a las mujeres a usar el velo durante las ceremonias litúrgicas, de la práctica de la castración para mantener el celibato y con el fin de no caer en la tentación y de la costumbre de salvar el alma cambio de oro; la sorpresa ante la condena de la zoofilia en el Concilio de Ankara en 314 que no era pecado hasta entonces; los detalles de las llamadas “fiestas del amor” en los templos, las causas de por qué hasta el siglo III solo se exigía castidad a los monjes pero no a los sacerdotes y cómo recién la prohibición de casarse se extendió al todo el clero a partir del siglo XI.

Te contamos cómo fue el uso de anticonceptivos, llamados “venenos de esterilidad” y “sustancias del diablo”, las claves de los decretos que obligaban a las mujeres a mantener intacta su virginidad durante sesenta años para poder convertirse en monjas y del permiso que tenían los obispos para casarse con la condición de que tratasen a sus esposas como “hermanas”, quién fue el primer papa en ir solo al baño ya que los sumos pontífices hacían sus necesidades acompañados por el llamado caballero de baño, cuya labor era limpiar la parte trasera papal y deshacerse de los sagrados desechos y cómo decenas de papas fueron canonizados por el solo milagro de haber protagonizado todo tipo de excesos.

Pedro: su esposa, su suegra y su hija

Para la Iglesia católica, los papas son los sucesores de aquel a quien Jesús consideró el primero de sus apóstoles. Según el Evangelio de Mateo, fue Jesús quien le dijo a Pedro: “Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos”. Pedro sería elegido como el primer guía de la Iglesia y, por tanto, el primer papa de la historia.

Los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas mencionan que Pedro estaba casado cuando conoció a Jesús y que habitaba en Galilea con su esposa y su suegra. Por esto mismo, Frattini afirma que fue el primer papa que practicó sexo, al menos con su esposa. En los evangelios de Lucas y Mateo, Pedro afirma: “Hemos dejado todo, nuestros hogares incluso, para seguirte”. Pedro abandonó su casa, pero no a su esposa. Es posible que Pedro fuese también acompañado de sus hijos. El cuerpo de santa Petronila, sepultado en Roma, es venerado como el de la hija de San Pedro.

Relaciones peligrosas: papas permisivos, corruptos y mártires

Pedro nombró a Lino como su sucesor; estaba casado y tenía dos hijas. A él se debe la disposición que obligaba a las mujeres a usar el velo durante las ceremonias litúrgicas. Poco más se sabe de este papa, apunta Frattini.

El siguiente papa fue Anacleto que también estaba casado y moriría mártir durante el reinado de Domiciano, pues criticaba abiertamente los excesos de este emperador, un libertino amante de las fiestas sexuales a las que él mismo definía como luchas de cama.

Clemente fue el cuarto obispo de Roma y durante su época era una práctica habitual que muchos jóvenes cristianos se castraran para mantener el celibato y con el fin de no caer en la tentación, práctica que luego fue prohibida.

Del siguiente papa, Higinio, se sabe que era griego, que había viajado a Roma junto a su esposa y sus hijos para ejercer de profesor de filosofía. Fue elegido Papa y gobernó hasta el año 142. Los siguientes pontífices se preocuparon más de afirmar y extender la nueva fe que de la salud sexual de sus fieles y del clero, destaca el investigador.

Sobre el papa Sotero existen dos versiones, según Frattini. La primera, que era un pontífice enemigo del sexo, y la segunda, que era muy aficionado a las concubinas y “que cuando fue elegido se negó a repudiar a Priscilla y Maximilla, dos bellas jóvenes romanas que convivían con él y a las que Sotero otorgó el título de discípulas”, asegura el historiador.

El papa Víctor I siguió las aficiones y tendencias de Sotero. Fue el primer pontífice en mantener vínculos con la casa imperial durante el reinado del corrupto emperador Commodo. La relación entre Víctor y Commodo se realizaba a través de Marcia, la amante del emperador. Se dice que la favorita vestía túnicas transparentes que dejaban ver sus formas y con frecuencia mantenía encuentros privados con el papa Víctor.

Calixto I tuvo que enfrentarse durante su pontificado con el antipapa Hipólito que había llegado desde Oriente. Una de las mayores críticas era la de ser demasiado permisivo en lo que a sexo se refiere. Pero Calixto era muy hábil para atraer al cristianismo a nuevos seguidores. “Indultaba a religiosos acusados de delitos, ordenaba sacerdotes a hombres que habían estado casados, incluso en varias ocasiones; permitía que los religiosos pudieran contraer matrimonio y permitió, incluso, que algunos altos cargos de la curia permaneciesen en sus puestos tras comprobarse que durante la celebración de liturgias habían practicado sexo con algunas de las fieles”, relata Frattini.

Cuando el adulterio se castigaba en Roma con la muerte, él se dedicaba a extender documentos de perdón absolviendo a aquellos culpables de adulterio y fornicación a cambio de una severa penitencia y permitía a las mujeres libres casarse con esclavos, algo prohibido en la ley romana. Esta medida atrajo al cristianismo a muchas mujeres con alto rango en el Senado.

“Tras el asesinato del emperador Heliogábalo, el pueblo se volvió contra la comunidad cristiana y contra el papa Calixto, a quien acusaba de haber sido un aliado silencioso del corrupto emperador. Calixto apresado junto con dos sacerdotes, serían ejecutados, arrojados por una ventana, apaleados y posteriormente, arrastrados. Su cuerpo sería apedreado antes de ser abandonado en las calles”, relata el investigador.

A Calixto I le sucedería Urbano I, asesinado en 230, al igual que Ponciano en 237 por orden del emperador, tras someter a toda su administración a una purga de cristianos. Luego Fabián asumiría como nuevo papa, bajo el reinado de Filipo el Árabe, considerado el primer emperador cristiano. Fabián criticó la falta de caridad de la comunidad cristiana, la soberbia y afán de riquezas del emperador y la licenciosa vida sexual de la comunidad, prohibía el matrimonio de cristianos con paganos, acusándolos de prostituir sus cuerpos cristianos. Esto le llevó a un enfrentamiento abierto con el emperador. Persecuciones, tortura, confiscación de bienes, penas severas de prisión y muerte para los cristianos fueron las consecuencias. Fabián fue ejecutado en 250.

Salvar el alma llenando el bolsillo

El papa Silvestre, a cambio de perdonar los excesos sexuales del emperador Constantino, consiguió oro, plata, joyas y propiedades para la Iglesia. “Este papa intentó poner freno a los sacerdotes concubinarios prohibiéndoles, mediante decreto, el segundo matrimonio a los religiosos. Pero para salvar el alma, los sacerdotes que estaban ya casados en segundas nupcias o cohabitando con una concubina, podían alcanzar el perdón a cambio de un escudo de oro que debían entregar al mismísimo papa”, detalla Frattini.

Silvestre también condenó la zoofilia en el Concilio de Ankara (314), algo que no era pecado hasta entonces y que era muy practicado en los lejanos rincones del Imperio.

Constantino abandonó Roma y trasladó su capital y su administración a Bizancio, que sería rebautizada con el nombre de Constantinopla. Aquello supuso un duro golpe para el poder de la Iglesia de Roma ante otras sedes. Tras su muerte en el 337, el poder del Imperio comenzó a ser motivo de disputa.

Las fiestas del amor

Después de una batalla por toda Roma y 137 muertos Dámaso fue coronado nuevo sucesor de Pedro. El nuevo pontífice afirmaba que un obispo debía anteponer su paternidad espiritual a su paternidad carnal.

Pero Dámaso concebía esta paternidad espiritual de una manera muy especial: se valía de su simpatía para obtener sustanciosos donativos y noches de pasión y entrega carnal. Organizaba banquetes para agasajar a sus invitados y se dejaba querer por la esposa de algún noble cuyo marido deseaba ascender en el círculo eclesiástico; estaba rodeado de una corte de jóvenes sacerdotes, monjas, vírgenes profesionales y viudas; dependía del alcohol y de las plantas alucinógenas y participaba en fiestas del amor en el interior de las iglesias y templos cristianos. Muchos sacerdotes cercanos al sumo pontífice aceptaban no casarse pero se rodeaban de bellas esclavas y pasaban la mayor parte de su vida eclesiástica rodeados de mujeres.

En el año 378 se acusó al papa Dámaso de mantener sexo con menores de catorce años, de haber cometido actos de bestialismo con cabras y de haber cometido adulterio. “El papa Dámaso no solo fue exonerado por el emperador y perdonado por los obispos, sino que incluso llegó a ser canonizado, en parte por el hecho de haber convertido al cristianismo al emperador Teodosio I, quien adoptó esta religión como la oficial del Imperio. Antes de morir, en el 384, Dámaso tuvo tiempo de redactar un tratado sobre la virginidad. Estaba claro que la Iglesia en el camino de la santidad, podía pasar por alto el adulterio, incluso si este era llevado a cabo con una menor, si se conseguía convertir a un pagano y mucho más, si este pagano era todo un emperador”, ironiza Frattini en su libro.

Sacerdocio sí, casamiento también

Su sucesor fue Silicio. El nuevo papa criticaba a sus antecesores por su liberalismo en cuestiones de sexo. La primera medida que adoptó fue obligar a los sacerdotes a abandonar las camas de Roma y se indignó cuando supo que los religiosos españoles continuaban gozando de sus esposas. En esta época y hasta el siglo III solo se exigía castidad a los monjes, pero no a los sacerdotes, quienes podían estar casados legalmente. La prohibición de casarse se extendió al clero no monacal a partir del siglo XI.

Otro defensor de la moralidad sexual de la época fue san Agustín, quien dio comienzo las largas polémicas de la Iglesia contra los anticonceptivos, a los que él denominaba venenos de esterilidad. “Durante los oficios dominicales, san Agustín no se cansaba de repetir a las nobles que quien usase estas sustancias del diablo, se convertía en una ramera de sus maridos. Este buen santo, amigo de la moralidad, sabía de todo esto por experiencia propia, ya que cuando era joven había visitado a prostitutas; con dieciocho era ya padre de un hijo y durante once años convivió con una mujer sin estar casado y tuvo una amante mientras esperaba que la elegida para ser su esposa tuviera edad suficiente para contraer matrimonio”, reseña Frattini.

El siguiente papa sería Anastasio que, rodeado de lujos y de esclavas, tuvo un hijo con una noble romana y que con los años llegaría a ocupar la silla de Pedro. Este sería Inocencio I, que fue preparado a conciencia para convertirse en su sucesor en el año 401.

Los bárbaros de Alarico entraron a sangre y fuego en Roma en 410 y se dedicaron durante días al pillaje y a la violación de mujeres y monjas. Muchas de ellas fueron trasladadas a burdeles para saciar a las tropas bárbaras. “Mientras esto sucedía, el buen papa, protector de los cristianos, decidió buscar refugio en Rávena junto a la corrupta corte del emperador Honorio. Allí, Honorio e Inocencio, se dedicaron a pasar sus días acompañados de jovencitas hasta que el orden fuese restaurado en Roma 24. Inocencio I fallecería el 12 de marzo de 417, siendo canonizado años después al igual que su padre, Anastasio”, ironiza el investigador.

Mirar pero no caer en la tentación

Con Sixto III llegaría el escándalo. Aficionado a las mujeres jóvenes, sería acusado de haber violado a una religiosa durante una visita de este a un cercano convento de Roma y, aunque confesó, fue canonizado después de su muerte.

Pedro de León I tampoco trajo consigo la decencia. Experto en la utilización del sexo como medio de alcanzar sus intereses fue testigo de las orgías del emperador Valentiniano III a las que gustaba invitar a altos miembros de la Iglesia. El papa León miraba y procuraba no caer en la tentación.

Pero cayó en otra: la de tomar la virginidad de la hermana de 14 años del emperador, pero resultó que la joven ya estaba embarazada. La adolescente fue enviada a un convento de por vida, pero logró enviar un mensaje a Atila prometiéndole la mitad de Italia como dote si la rescataba. El rey de los hunos aceptó y cuando llegó a la ribera del Tiber, León le salió al encuentro: lo que hablaron sigue siendo un misterio. Atila se retiró, el papa fue considerado el gran salvador de Roma, un héroe.

León I fue un hombre polémico. Radical con respecto a la virginidad de la mujer, “obligaba a la mujer, mediante decreto, a mantener intacta su virginidad durante sesenta años para poder tomar los hábitos y convertirse en monja, mientras que por el otro, permitió a los obispos más cercanos a él, conservar a sus esposas con la condición de que las tratasen como hermanas. Difícil trato si se acostaban con ellas”, relata Frattini.

También practicaba el voyeurismo, pero solo cuando el hereje en cuestión era una joven de cuerpo esbelto. A León le gustaba exigirles, mientras él mismo las fustigaba en las nalgas, que reconociesen el consumo de semen en sus ritos. Fue acusado de sadismo, pero se defendió diciendo que “el papa es el único que tiene el derecho a matar herejes”. El investigador destaca que este pontífice fue canonizado por sus buenas obras y por torturar herejes.

Santos desechos y La divina comedia

En 483, llegaría al papado Félix II, enemigo del celibato. Cuando fue elegido, Félix II era viudo y tenía dos hijos de aquel matrimonio. Con este papa, amante de las bacanales y de las jóvenes esclavas, sucedería uno de los primeros cismas.

Hijo de cura como muchos de los anteriores pontífices, Anastasio II fue el primero en ir solo al baño. En aquella época, los sumos pontífices se habían vuelto tan exquisitos, que hacían sus necesidades acompañados por el llamado caballero de baño, cuya labor era ayudarles a evacuar, limpiar la parte trasera papal y deshacerse de los santos y sagrados desechos.

Anastasio II murió cuando se encontraba en plena faena con una esclava. “Fuera como fuera la forma de morir, ya sea realidad o ficción, el gran Dante Alighieri colocó a Anastasio II en el Infierno (XI, 6-9) de su Divina comedia, junto a los herejes”, indica Frattini.

El nuevo sucesor de Pedro fue Simmaco, un pagano que después se convirtió al cristianismo. Accedió al trono gracias a que el rey Teodorico, quien poseía la autoridad, tomó partido por él. Fue acusado de no celebrar la Pascua en la fecha debida, de malversar las cuentas de la Iglesia y de cometer adulterio y pecados contra la castidad. Alegaban que Simmaco solía dormir en su misma cama con niñas impúberes y con esclavas a las que gustaba atar.

Tras una seguidilla de conspiraciones, asesinatos, disturbios en toda Roma, juicios espúreos, Simmaco regresó al trono de Pedro. “El 23 de octubre de 502 se estableció de forma taxativa que ningún tribunal humano podría nunca juzgar a un vicario de Cristo, una vez consagrado como tal. Solo Dios podía juzgarle. Lo más curioso de todo es que el papa Simmaco, tras su muerte, sería canonizado”, reseña Frattini.

A Simmaco le sucedería Hormisdas quien de ser ordenado sacerdote había estado casado con una joven con la que tuvo un hijo. Este hijo, llamado Silverio, se convertiría en papa en el año 536 32. Hormisdas defendió la cohabitación con esclavas y permitió que los obispos tuviesen esposas, siempre y cuando las tratasen como hermanas.

Fuente: Los Papas y el sexo. Barcelona, Espasa Calpe, 2010.  317 páginas.

Patricia Rodón

En Imágenes