Deportes

Un nuevo orden, el del talento

España, el flamante campeón mundial, marca un camino que trasciende el éxito circunstancial y señala un rumbo que no es para conformistas.

La final del Mundial, cuadro por cuadro

Por Claudio Mauri
Enviado especial
 

JOHANNESBURGO.- Empezó conquistando Europa hace un par de años y anoche terminó haciendo suyo el mundo. Hay un nuevo orden futbolístico y España es la referencia, el nuevo faro que ilumina con su fútbol de largo alcance, de pases cortos y ambición profunda. Alumbra un camino que vale la pena recorrer, invita a seguirla, a mirarla, a tomarla como un ejemplo. La historia le empieza a hacer el lugar que jamás había ocupado. Un sitial de honor, tantas veces frecuentado por Italia y Alemania desde hace varias décadas. Ya en tiempos contemporáneos se le adelantó Francia. Nunca parecía llegar su tiempo. Europa mostraba el potencial de los clubes españoles, pero su seleccionado siempre quedaba rezagado. La espera se le hizo larga, para muchos fue eterna, pero hoy puede decir que valió la pena, que sirvió para cimentar una identidad futbolística que fue refrendada por los resultados. El orgullo no podría ser mayor.  

Está marcando una época con un grupo de grandes jugadores y un estilo muy reconocible. Sólo dos países europeos obtuvieron de manera consecutiva la Eurocopa y el Mundial: Alemania, en 1972 y 1974, y Francia, en 1998 y 2000. Ahora se agrega España. La dimensión de esas conquistas es inmensa. Habla de un equipo que trasciende lo fugaz, lo momentáneo, el éxito circunstancial. Llega para instalarse, romper los moldes y marcar un nuevo rumbo. Es un desafío enorme. Requiere de un fuerte compromiso con una idea de juego, de un grupo de excelentes futbolistas, de un alto espíritu colectivo y de una elevada dosis de motivación. No son retos para conformistas o indolentes. El doblete de Alemania contó con jugadores de la jerarquía de Maier, Beckenbauer, Netzer, Müller. Alrededor de ellos se gestó un equipo pétreo, indestructible, de alta calidad y resistente al combate. Francia tocó la cumbre en un período de dos años con la magistral guía de Zidane, secundado por lugartenientes que le cuidaban muy bien las espaldas, como Barthez, Blanc, Desailly, Henry.  

Hoy, España demanda una consideración similar. Por su fútbol de alta escuela, por sus intérpretes de excepción. Pasará el tiempo y se evocará a Casillas, Puyol, Piqué, Xavi, Iniesta, Villa, Torres.  

España no hizo un Mundial perfecto, pero sí redondeó un campeonato ejemplar. Fue puesta seriamente a prueba tras la derrota del debut ante Suiza, y respondió con temple y madurez. Se le movió el piso, pero siempre supo dónde estaba parada y cuál era su horizonte.  

En Sudáfrica le esperó una exigencia mayúscula. No llegaba aquí como un tapado, con un perfil bajo o alguna arma secreta. Vino con la medalla de campeón europeo y con el N° 1 del ranking de la FIFA. Y, además, con la aureola de candidato al título, de favorito, a pesar de que sus antecedentes en los mundiales invitaban a la desconfianza. Pero esta España también estaba en proceso de superar viejos traumas o antiguos designios fatalistas. Seguía creciendo y estaba dispuesta a demostrarlo sin complejos ni excusas.  

España impuso su modelo ante rivales que la estudiaron al detalle para desactivarla. Hasta Holanda armó una barricada para contrarrestar su juego de pases y asociaciones. Ahí está su gran triunfo. Luego del traspié de la presentación, fue eliminando en fila a rivales que pusieron todos sus esfuerzos en dinamitarle la zona de creación, en evitar que sus volantes establecieran la fluida relación a la que acostumbrados cuando se hacen de la pelota. Ninguno pudo. Ni los que salieron a presionarla arriba, como Chile y Paraguay, ni los que se parapetaron cerca de su área, como Honduras, Portugal y Holanda. Alemania no hizo ni una cosa ni la otra y se la pasó largos ratos persiguiendo sombras.  

España nunca perdió la paciencia ni traicionó su estilo. Es el campeón con menos goles a favor (8) en la historia de los mundiales, pero ese dato no contradice su vocación ofensiva ni su generosidad con el espectáculo. España juega para ganar. En Sudáfrica no demolió en los últimos 25 metros del campo adversario, pero sí fue ampliamente superior en el control de los desarrollos. Los partidos se definen en los arcos, pero España demostró que no es irrelevante prepararlos con criterio y sabiduría en la zona media.  

Últimamente, son mayoría los equipos que desprecian la elaboración. La Argentina fue uno de ellos en el Mundial y lo pagó por creer que la única verdad está en las áreas. España va a contracorriente de esa tendencia. Es un equipo singular, una excepción. Como lo es Barcelona en el nivel de clubes. España funciona como un espejo del conjunto catalán, que en varias oportunidades demostró que es el mejor del mundo, hasta que un día no pudo con el cerrojazo del Inter, pese a lo cual su propuesta no perdió validez ni prestigio. A España la esperaron en tierras sudafricanas con similares antídotos. La hicieron pensar y sufrir hasta demostrar que es la mejor del universo. Que vino con una idea y la plasmó. Que trajo a jugadores que se sentían muy buenos y capaces, y lo demostraron. Que estuvo conducida por un director técnico discreto e impasible desde el primer partido hasta la final. Siempre se intenta copiar la fórmula del éxito. La de España es una de las más difíciles, porque en el origen de todo está el talento.  

*Información provista por canchallena.com
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