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Así vivieron el Mundial los ganadores del concurso de MDZ

Federico y Gonzalo Ríos pudieron vivir una frenética semana en Sudáfrica. De Johannesburgo a Ciudad del Cabo, soñaron con un partido perfecto mientras cruzaban las carreteras africanas. Un viaje repleto de matices en apoyo a la selección de Diego.

El domingo se apagaba para Federico Ríos, que veía cómo su semana previa a uno de los exámenes finales de su carrera, culminaba con el nerviosismo que habitualmente inunda a quienes están frente a una nueva prueba.

Pero este epílogo de semana era distinto, no como cualquier otro, esperaba un llamado que trasladaría a él y a su hermano Gonzalo, al lugar donde miles de argentinos se juntaban y gritaban por sus colores, tarareaban el himno y se deshacían frente a la Albiceleste a esa altura iluminada del Diez. 

Se juraron elegirse para este viaje si alguno ganaba el codiciado premio, al fin y al cabo los hermanos sean unidos ¿no? Y así fue, en el centro de Mendoza el nombre de Federico aparecía entre cientos de lectores que también cargaban su mochila de ilusiones.

Primera parada: Johannesburgo

Tres días después de la venturosa noticia, los hermanos oriundos de San Rafael desembarcaban en el aeropuerto de Johannesburgo. Y quedaban maravillados por la organización de un país que permitía al turista encontrar hospedaje, movilidad, tickets, u olvidar el fútbol por un momento, realizando un Safari en Lion Park. Todo, en la misma aeroestación.

La noche en la ciudad más poblada de Sudáfrica fue atractiva y llena de matices. Federico pudo alquilar una casa de familia cuyos anfitriones ofrecían una pintoresca habitación, y desayuno típico del continente. Nada mejor para entrar rápido en clima, que alimentar los sentidos con aromas, imágenes y sonidos de una cultura nueva.

La posibilidad de relacionarse con la predispuesta gente sudafricana hizo que Federico y Gonzalo pudieran conocer Johannesburgo en un City Tour por los lugares más importantes de este centro económico y financiero de la región. Un pantallazo rápido, aún había mucho por recorrer.

Segunda estación: Ciudad del Cabo

El avión partió temprano hacia el lugar donde confluían todos los argentinos. Aún restaban dos días para que la Selección Argentina se mida por cuartos de final ante Alemania y la marea celeste y blanca se mezclaba con un territorio de verde intenso y un mar circundante que da un toque mágico a una de las ciudades más australes del continente africano. 

Allí sí se vivía clima de Mundial, y no porque el resto del país no se alborote con el rodar de la pelota, sino por el toque argentino que con banderas por doquier y el aliento siempre característico, trasformó por algunos días un territorio que para algún desprevenido podía haber sido cercano al Río de la Plata.

Los sanrafaelinos pudieron reunirse con la “Barra del Cotolengo”, quienes, experimentados, con una primera ronda a cuestas, les facilitaron a los recién llegados el trámite de los tickets y el hospedaje en la que sería su casa hasta el regreso.

Con dos días por delante, “Cape Town” sedujo con la formación rocosa “Table Mountain” que otorga una vista incomparable desde las alturas, y es sitio obligado para visitar. Incluso el estadio Green Point, se puede observar desde allí. 

Alquilar un auto y buscar el punto más austral del continente también es un paseo recomendable. Siempre y cuando, cómo los hermanos Ríos, no tengas problema en manejar con el volante a la derecha y tomar una rotonda del lado izquierdo.

Llegada a destino: Green Point

El sábado amaneció soleado y el mar estaba calmo. “Hasta el cielo está argentino hoy” dijo un muchacho que caminaba rumbo al estadio con un típico acento provinciano. Definitivamente, en nuestro país el fútbol gusta y mucho, y la cultura del aguante rompe barreras y entrelaza corazones.

El camino a la cancha fue regado con cerveza, y además argentina, con la parada obligada de los fanáticos que cantaban el himno y se emocionaban con el “hermano” que tenían al lado. “En el Mundial el patriotismos se multiplica por los kilómetros que te alejan de casa”, dijo un filósofo de barrio con vuvuzela en mano.

A esa altura, Federico y Gonzalo, actores principales de esta historia, encontraban lo que fueron a buscar a Sudáfrica, el Mundial de Futbol. Que no es la Jabulani ni el Ellis Park, no es Cristiano ni Messi, tampoco es Brasil o Italia, o los fanáticos con el cuerpo pintado gritando desaforados. O quizás, es todo eso, combinado, en su máxima expresión. No lo se, hay que vivirlo para explicarlo.

Dentro del estadio llegó el himno y la emoción. Salió el Diego con su traje de plata, Argentina ponía en juego su fútbol y sustentaba su presente en su pasado, entendía su rol en la cancha y por momentos sólo lo entendió, pero no lo puso en práctica, y se quedó en el pensamiento, y en la nada…

 

Los miles de argentinos vistieron el estadio con banderas y junto a los mendocinos se agolparon compatriotas de tan lejanos puntos del mapa pero tan cerca en el sentimiento.

 

Distinto, muy distinto a los bávaros,  que entienden el fútbol de otra forma, abrumados por el comercio que rodea un espectáculo.  Ellos, rubios, longilíneos, que esperan 20 minutos detrás de la tribuna para comer su hamburguesa y tomar su cerveza,  se perdían el partido y no parecía impórtales, total, nuestros clubes de barrio son sus empresas millonarias y su fútbol es definitivamente otro. El color en Ciudad del Cabo fue argentino, el juego alemán.

Federico y Gonzalo Ríos vivieron el Mundial por ser los ganadores del concurso de MDZ, y ahora ellos pueden explicar lo que se siente. 

De regalo, el video con el ingreso de los equipos y los himnos.

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3 de Diciembre de 2016|06:33
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