Deportes

Enormes: España disfruta de su legión de fenómenos

Mientras sueña con coronarse también en fútbol, el país ibérico atraviesa una época dorada en varias disciplinas.

Mucho más que los coletazos de la celebración de San Fermín conmueve a España por estos días. La posibilidad de lograr la primera Copa del Mundo en uno de los deportes más caros a sus sentimientos, el fútbol, está a la vuelta de la esquina. El escollo se llama Holanda y todo un país cree que esta vez podrán sortearlo. Es que ahora, respaldada por la historia reciente, la madre patria parece haber hecho de las frustraciones un camino olvidado, por el que ya no transita casi ninguna de las disciplinas deportivas que practica la nación. 

El fútbol español, caracterizado por cierta tosquedad no exenta de alguna brusquedad extrema y hasta de un toque de ingenuidad en décadas pasadas, merodeó siempre a dos aguas entre los fracasos resonantes y las ilusiones a mitad de sendero. Pero no es casualidad que hoy, en medio de la algarabía roja, el mundo rescate las virtudes de un equipo que sorprende por sus sutilezas. ¿Cómo es posible semejante mutación? 

Floreciente económicamente hacia fines de los 80, España mezcló y volvió a dar. Con el fin de insertarse con pie firme en el plano deportivo (en el que corría con una fuerte desventaja respecto de muchos colegas europeos), organizó los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Y desde entonces todo pareció mutar. La fuerte inversión estatal para mostrarse al mundo solidificó la creación de un programa llamado ADO (Asociación Deportes Olímpicos), controlado por el Comité Olímpico Español, el Consejo de Deportes y la TV española. 

Los frutos empezaron a recogerse en esos juegos: trece medallas doradas le sirvieron a la nación para saber de qué era capaz. Las grandes empresas vieron entonces un campo fértil para promocionarse, con las actividades mecánicas como punta de lanza (ver aparte) y ello redundó en torneos amateurs mejor organizados, certámenes con potenciales figuras del mañana y una importante actividad regional que actúa como selectivo para conformar grandes equipos. Así, los deportes olímpicos más tradicionales, como el atletismo y la gimnasia, dejaron una productiva estela. Y el resto recogió el guante. 

El seleccionado nacional de básquetbol aprovechó el envión de los Juegos y por esa época comenzaron a destacarse jóvenes figuras que, con el transcurrir de los años, fueron afianzándose en el circuito hasta componer un poderoso equipo. No es casualidad, entonces, el título mundial ganado en Japón en 2006 y el subcampeonato olímpico obtenido en Pekín 2008, cuando hasta puso en aprietos al mismísimo Dream Team. Todo quedó ratificado el año pasado, con una nueva conquista: el certamen europeo, sustentado por una liga local fuerte y cuya organización y cumplimiento con los contratos la convierten en la más sólida del Viejo Mundo. Refrendando el gran momento, el pivote catalán Pau Gasol logró por segundo año consecutivo el anillo de la NBA junto con los poderosos Lakers. 

No es ajeno a este momento de gloria el ciclismo, cuyas horas doradas no se acabaron con el magnífico Miguel Indurain. Porque si bien éste se impuso cinco veces consecutivas en el Tour de Francia (de 1991 a 1995), la célebre prueba francesa, después de un corto paréntesis, volvió a conocer de españoles vencedores en los últimos cuatro años, una guarda que arrancó con Oscar Pereiro en 2006 y prolongaron Alberto Contador (2007 y 2009) y Carlos Sastre, en 2008. El seleccionado de handbol, que durante casi setenta años no supo de un solo podio en los mundiales de la especialidad, se impuso en el máximo certamen realizado en Túnez, en 2005, amén de acopiarse, desde 1996, tres medallas de plata en los certámenes europeos. 

¿Y qué decir de Rafael Nadal? El número 1 del mundo perfeccionó hasta el extremo todo lo bueno que venía insinuando el tenis español y hoy, con más de 40 títulos en su carrera, incluidos cinco en Roland Garros, dos en Wimbledon y uno en Australia, devolvió con la potencia de su brazo izquierdo todo lo invertido por los patrocinadores en su campaña. Ello no hizo sino acercar más patrocinadores, que pelean por su imagen y, a la vez, se desató una fiebre tenística que se espera que otorgue más astros en un mediano plazo. Además, España ganó las dos últimas realizaciones de la Copa Davis. 

Subido al carro de la evolución global, el hockey sobre césped se quedó con la medalla plateada en los Juegos de Pekín y los muchachos que se desempeñan sobre patines ganaron el Mundial de 2009. En el fútbol de salón, los españoles (actuales campeones europeos) ya se instalaron entre los grandes, con medallas doradas en los mundiales de 2000 y 2004. Sin olvidar al Niño Sergio García, que aunque todavía no haya conseguido un título Major en el golf, desde hace varias temporadas integra la elite y es un constante animador de los distintos circuitos. 

Como se ve, el abanico de gloria se abre en toda su dimensión, para envidia de muchos. España apostó y hoy recoge los frutos de su esfuerzo organizativo, de su convicción de crecimiento y, fundamentalmente, del talento de sus deportistas. 

*Información provista por canchallena.com
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