Por una segunda independencia

El reconocido filósofo mendocino Arturo Roig reflexiona sobre el concepto de Patria, repiensa la antinomia independencia-liberación, reformula la problemática de la "emancipación mental" y revisa los ideales de una democracia participativa.

Es necesario aclarar que el hecho denominado "Independencia", asimismo como el de "Emancipación", no fueron asuntos puntuales tal como se los narra a los niños en las escuelas, sino un proceso que, ahora lo vemos con claridad, es tarea permanente y mucho más compleja que la que presentan las historias oficiales.

Asimismo es necesario diferenciar entre los conceptos de "independencia" y "emancipación", tal como anticipamos, en cuanto actos complementarios que no se suponen necesariamente. En efecto logramos ser independientes de un poder como fue el metropolitano español o el portugués, pero bien pronto descubrimos que no estábamos emancipados respecto de prácticas sociales y políticas heredadas de aquellos regímenes, hecho que restaba alcances y efectividad a la independencia alcanzada.

Antes de las llamadas guerras de la independencia, ya Francisco Miranda, a fines del siglo XVIII, hablaba de la necesidad de lograr lo que el denominaba “independencia política” y “emancipación mental”, con lo que establecía diferencias entre un hecho y el otro, si bien al parecer los pensaba simultáneos o, por lo menos, que así debía serlo37.

Más tarde, lograda la independencia respecto del poder español en el territorio de la Gran Colombia, Simón Bolívar denunciará que “somos libres” pero que, sin embargo, seguimos sujetos a aquel poder. En efecto en el célebre Discurso de Angostura (1819) dice: “Nuestras manos están libres y todavía nuestros corazones padecen las dolencias de la servidumbre”. A partir de ese momento, podría decirse que de un modo constante, aparecen en Sudamérica ambas tareas, las de independencia y de emancipación, como escindidas, una lograda y la otra no alcanzada aún.

Los románticos ya definitivamente consolidada la independencia sudamericana en 1824, heredaron la problemática en esos términos, tal como lo vemos en Juan Bautista Alberdi y otros que le fueron contemporáneos. Recurriendo a una metáfora de la época (“Oíd el ruido de rotas cadenas” decía el himno nacional argentino adaptado en 1813) y desconociendo que la cuestión había sido ya anticipada por Bolívar, Alberdi nos habla de un primer momento en el que rompimos las cadenas mediante las armas, pero que faltaba todavía quebrar otras, lo que será obra del pensamiento. “Nos resta conquistar sin duda -decía Alberdi en 1938- pero no en sentido material. Pasó el reinado de la acción; entramos en el del pensamiento”38. Este fue el marco del cual surgió el proyecto alberdiano de una “Filosofía americana” (1840) la que tuvo en sus orígenes un claro sentido de programa filosófico libertario.

No vamos ha hacer el recuento de esta larga historia que aún no ha sido hecha pormenorizadamente y que llega hasta nuestros días. Hemos de hablar, sin embargo, de las luchas de Manuel Ugarte, en las primeras décadas del siglo XX en quien la temática de independencia y emancipación adquiere una formulación claramente diversa a la de los planteos típicos del siglo XIX. En efecto vuelven ambos objetivos a reunificarse tal como inicialmente aparecen en los escritos pre-independentistas de Francisco Miranda.

¿Por qué? Pues porque para Ugarte el continente, así como el Caribe, se encontraban amenazados de perder la independencia lograda a inicios del siglo XIX debido a los avances del imperialismo norteamericano y su expansión mercantil y militar, tal como lo mostraban las entonces recientes agresiones a México, Nicaragua, Panamá y Santo Domingo, a más de los permanentes ataques sufridos a lo largo de todo el siglo XIX. Así, pues, si la tarea de emancipación mental se había justificado siempre, pensada como lucha a favor de una democracia de repúblicas que tenían asegurada su independencia política, ahora volvíamos al planteo inicial dada la actividad del nuevo imperialismo. A esta denuncia de Ugarte se sumó mas tarde, la de Raúl Scalabrini Ortiz, en su lucha contra la ingerencia británica en el Río de la Plata.

Otra cuestión se relaciona con los alcances que se han dado y que se habrían de dar al concepto de “emancipación mental” tal como surge de los planteos del mismo Ugarte. Desde un punto de vista teórico podríamos caracterizarla como la exigencia –y también la necesidad- de darle forma a una eticidad que fuera adecuada a un contrato social en el que se asegurara la igualdad y la justicia, por cierto no la igualdad meramente jurídica del liberalismo clásico. En efecto, cuando Bolívar afirmaba que seguíamos, a pesar de habernos independizados, con hábitos que derivaban de un régimen de servidumbre, esto puede ser entendido como el reclamo de un cambio imprescindible de ética, en el sentido de la construcción de un nuevo ethos, sin lo cual una vida republicana y democrática, era imposible.

Pero la “emancipación mental” ha tenido otras connotaciones las que precisamente nos llevaron, hace unos años, a hablar de la necesidad de una relectura de la cuestión. Decíamos, en efecto, que si bien ese programa de emancipación seguía vigente, el mismo debía ser sometido “a un proceso de revisión y crítica, que habrá de ser en gran medida, de autocrítica” y agregábamos que esa tarea, a la cual la historia de las ideas podía contribuir, excedía, sin embargo, las aulas universitarias “e incluso la tarea intelectual, por ineludible que esta sea”.

En efecto, si pensamos que el programa educativo impuesto por Sarmiento y su generación y difundido por el normalismo, mas allá de todas sus contradicciones, no fue ajeno a formas autoritarias, así como si pensamos en el programa de “psicología de los pueblos”, quehacer típico del mismo siglo XIX que intentaba ser la herramienta indispensable para señalar la conformación de las mentalidades que habían de ser repudiadas y en lo posible extirpadas, fue en sus principales autores un saber fuertemente racista, no cabe duda que la emancipación mental resultó ser en muchos casos, una forma de violencia ejercida claramente contra ciertos sectores de la población.

Si retomamos la problemática de la emancipación mental desde el punto de vista de una reforma de la eticidad heredada, el proyecto republicano-democrático por el cual se decidieron las minorías que llevaron adelante nuestra organización nacional no hubiera alcanzado un cierto nivel de ciudadanía, con todas las limitaciones e imperfecciones que inevitablemente se dieron. Y si  pensamos que en nuestros días la crisis generalizada y profunda por la cual estamos pasando, ha alcanzado lógicamente no solo el estado, sino también a la sociedad civil, se tendrá una conciencia de la importancia que tiene esta vieja cuestión de la “emancipación mental”.

La democracia y, particularmente, los ideales de una democracia participativa de claro sentido social, dependen de la emancipación de la que estamos hablando, con el agravante de que además estamos al borde de perder lo poco que nos queda de independencia, por lo que la tarea, tal como lo vio Ugarte en su momento, muestra dos frentes y de alguna manera hemos regresado al punto desde el que partió Francisco Miranda: un mundo colonial y una mentalidad colonial.

Concluiremos leyendo un manifiesto lanzado por Manuel Ugarte en 1927, desde Valparaíso, en plena lucha de Sandino en Nicaragua. Esta dirigido a la “juventud latinoamericana”, pero también al “pueblo” y “a las masas anónimas eternamente sacrificadas”, a la vez que denuncia a “los tiranos infecundos”, a las “oligarquías estériles” y “a la plutocracia que mas de una vez entrelazó sus intereses con el invasor”, categorías sociales no claramente definibles todas ellas pero que expresan vivamente por donde pasaban las líneas de conflicto de la sociedad de la época. Debemos aprender nuevamente a leerlas en cuanto que habían sectores sociales en actitud de emergencia y de dignidad humana, enfrentados a minorías venales instaladas en las democracias de la época, en la que los valores en juego sobre los que se montaba el discurso del poder se encontraban contaminados, según la expresión de Castoriadis, por las formas mas groseras de la racionalidad capitalista.

En otras palabras, se dirigía a grupos, sectores y clases que no estaban y que, más allá de toda venalidad, aún mostraban virtudes ciudadanas. ¿Y qué les pedía? Pues, solidaridad con las hermanas y hermanos de nuestra América sometidos al saqueo, la agresión y la muerte como deberíamos pedirlo en nuestros días en los que inmensas masas de población padecen desocupación y hambre por obra de una plutocracia que “ha entrelazado sus intereses” con los centros mundiales de dominación económica para cuyos organismos lo nacional no es de ningún modo prioritario

Frente a esta situación de dependencia acompañada de impunidad y corrupción, la tarea es doble: se hace urgente abrir un frente de lucha por el rescate de la independencia perdida y poner en marcha una segunda independencia, así como es necesario y urgente promover una emancipación mental, no sólo ante los modos de pensar y obrar de las minorías comprometidas con el capital trasnacional y las políticas imperiales, enfrentados a los intereses de la nación, sino ante la contaminación ideológica generada por las prácticas de una cultura de mercado en las que se subordinan las necesidades (needs) a las satisfacciones (wants).

Una vez más debemos hablar aquí de “contaminación” y definir la emancipación mental como lucha contra la misma, hasta reducirla, de ser posible hasta una mínima burbuja. Así, pues, ya no se habla de un “pueblo ignorante” que ha de ser educado a efectos de que el país pudiera ingresar en el torrente del progreso, objeto en el que fijaron la emancipación mental las minorías del siglo XIX y buena parte del XX, sino de limpiarnos todos de aquella “contaminación” que en algunos ha alcanzado grados de inmoralidad profunda. Y ese era ya el fenómeno que señalaba Ugarte. Veamos, pues, su olvidado mensaje.

Manifiesto a la juventud latinoamericana

“Tres nombres han resonado durante estos últimos meses en el corazón de América Latina:
México, Nicaragua, Panamá. En México, el imperialismo se afana por doblar la resistencia de un pueblo indómito que defiende su porvenir. En Nicaragua, el mismo imperialismo desembarca legiones conquistadoras. En Panamá, impone un tratado que compromete la independencia de la pequeña nación. Y como corolario lógico cunde entre la juventud, desde el río Bravo hasta el Estrecho de Magallanes, una crispación de solidaridad, traducida en la fórmula que lanzamos en 1912: “La América Latina para los latinoamericanos”.

Es indispensable que la juventud intervenga en el gobierno de nuestras repúblicas, rodeando a hombres que comprendan el momento en que viven, a hombres que tengan la resolución suficiente para encararse con las realidades. Se impone algo más todavía. El fracaso de la mayoría de los dirigentes anuncia la bancarrota del sistema. Y es contra todo un orden de cosas que debemos levantarnos. Contra la plutocracia que, en más de una ocasión, entrelazó intereses con los del invasor. Contra la politiquería que hizo reverencias ante Washington para alcanzar el poder. Contra la descomposición que, en nuestra propia casa, facilita los planes del imperialismo. Nuestras patrias se desangran por todos los poros en beneficios de capitalistas extranjeros o de algunos privilegiados del terruño, sin dejar a la inmensa mayoría mas que el sacrificio y la incertidumbre. La salvación exige energías nuevas y será obra sobre todo de las generaciones recientes, del pueblo, de las masas anónimas eternamente sacrificadas. Una metamorfosis global ha de traer a la superficie las aguas que duermen en el fondo para hacer, al fin, en consonancia con lo que realmente somos, una política de audacia, de entusiasmo, de juventud. Sería inadmisible que mientras todo cambia, siguieran nuestras repúblicas atadas a tiranos infecundos, a las oligarquías estériles, a los debates regionales y pequeños, a toda rémora que ha detenido la fecunda circulación de nuestra sangre.

Al dirigirme hoy a la juventud y al pueblo, no entiendo reclamar honores. Los hombres no son más que incidentes; lo único que vale son las ideas. Vengo a decir: hay que hacer esta política aunque la hagan sin mí. Pero hagan la política que hay que hacer y háganla porque la casa se está quemando y hay que salvar el patrimonio antes de que se convierta en cenizas. Si no renunciamos a nuestros antecedentes y a nuestro porvenir, si no aceptamos el vasallaje, hay que proceder sin demora a una renovación dentro de cada república a un acercamiento entre todas ellas. Entramos en una época francamente revolucionaria por las ideas. Hay que realizar la segunda Independencia, renovando el continente. Basta de concesiones abusivas, de empréstitos aventurados, de contratos dolorosos, de desordenes endémicos y de pueriles pleitos fronterizos. Remontémonos hasta el origen de la común historia. Volvamos a encender los ideales de Bolívar, de San Martín, de Hidalgo, de Morazán y vamos resueltamente hacia las ideas nuevas y hacia los partidos avanzados. El pasado ha sido un fracaso, sólo podemos confiar en el porvenir”.

Este texto es un fragmento de una conferencia leída en el Comité de Opinión Ciudadana de Mendoza, en el Aula Magna de la Universidad Tecnológica Nacional y en el Espacio Alternativo Universitario de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo, durante el transcurso del año 2002. Para leer la conferencia completa, seguí este vínculo.

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6 de Diciembre de 2016|05:46
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  1. No defendi en ningun momento la racionalidad. Es una parte importante de la realidad percetible. Asi que no tengo que estar convenciendo a nadie de su existencia. Si creer en la facultad de la racionalidad es una SUPERTICION, es entonces de una especie muy rara porque se trata de un fenomeno perceptible y medible que ha sido estudiado por distintas disciplinas: filosofia, psicologia, pedagogia, neurobilogia, etc.. En ese sentido te hago unas preguntas: alguien demostro que una galleta se puede transformar en el cuerpo de un dios??; alguien demostro que las estatuas de yeso escuchan y cumplen favores??; alguien demostro que los angeles existen?? Asi que no rebajes mi aceptacion de la realidad llamandola SUPERTICION con tu creencia en las galletas magicas y estatuas que escuchan. Por cierto: no deformes el sentido de mis palabras. Cuando hablo de erradicar la SUPERTICION me refiero a traves de la educacion. Pense que en pleno siglo XXI estaba de mas aclarar eso. Como a ustedes los catolicos les parece de lo mas natural las inquisiciones o apoyar dictaduras genocidas, entonces se piensan que a nosotro tambien nos gusta cortar cabezas. No proyectes en mis palabras tus bajas inclinaciones
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  2. Uno puede creer o no creer. Uno puede ser supersticioso porque cree en un ser todo poderoso o puede ser igualmente supersticioso porque cree en la diosa razón... cada cual con la superstición que más le cuadra... Pero su último párrafo es de terror: es de un totalitarismo absurdo. Igual que usted piensan los genocidas de cualquier color e ideología: al contrario hay que combatirlo y extirparlo. Son demasiadas millones de muertes las que hay detrás de eso. Lo más alarmante que viene de alguien que dice defender la razón en contra de los que ven fantasmas... Muy malo, preocupante, diría yo.
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  3. ... Eso es evidente. Falta que la dirigencia se de cuenta o que, al menos, surja una nueva dirigencia de esa "gente". Están todavía en el poder mediático, oligárquico y con poder económico, enquistadas ideas coloniales que sólo interpretan la realidad desde la óptica del pensamiento externo, entonces para ellos nada de lo que aquí ocurra entre la "gente" podrá ser considerado como óptimo o posible. Ese sector está colonizado y tiene el poder de la comunicación y del dinero, por lo que la tarea de la gran masa de "gente" que ya ha cambiado es muy difícil. Faltan los líderes sociales que tengan el coraje de pelearse contra ese poder mediático y oligárquico e imponer la idea nacional de vida argentina, que no es otra que la internalizada por la "gente". Interpreto que la "gente" ya se dió cuenta que éste es su país, su lugar. Que aquí estudia, trabaja, se casa, tiene hijos y construye su futuro, por lo que es completa y totalmente inútil pensar como cualquier otro ciudadano de otro país. La "gente" se ha dado cuenta, de golpe, que Argentina es su lugar y que ese lugar es hermoso, por eso lo está viviendo con más alegría, con más positivismo. Por eso consume "patria" en este bicentenario. Por eso festeja el "fracaso" en el mundial de "su selección", porque sabe que los defectos del país o del seleccionado de fútbol, son nuestros mismos defectos, son "nuestros". Somos "nosotros". Somos como somos y no tenemos que pedirle perdón a nadie por ser así, como tampoco nos tiene que dar vergüenza o sentirnos menos que nadie por ser como somos. La "gente" ya cambió ... ¿Encontraremos los líderes para esta "gente"?
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  4. Maestro, por más que leo y releo la idea me resulta confusa.
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  5. Concuerdo totalmente, primero de nuestras mentes colonizadoras, segundo de los apatridas que tenemos, que piensan siempre que lo mejor esta afuera, tercero de los medios Gorilas que andan creando zizaña entre los Argentinos y cuarto de la OLIGARQUIA, que quiere todo y que los pobres sigan siendo exclavos mientran ellos se llenan los bosillos. La verdad nos hara libres.-
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  6. Argentina esta llena de gente que sigue las directrices de un lider que es aleman pero vive en Roma y ni siquiera habla nuestro idioma; gente que adhiere a una ideologia formulada hace 20 siglos por pastores palestinos y reformulada por los europeos e impuesta violentamente por estos lares. Para el que no se dio cuenta, estoy hablando de esa misma gente que se razgan las vestiduras cuando escuchan la palabra GLOBALIZACION siendo que ellos fueron los inventores de tal cosa. Pero el catolicismo no solo es apatrida y extranjerizante, sino tambien una SUPERTICION. Es decir, creencia en la intervencion de fuerzas sobrenaturales (espiritus santos, angeles, demonios, etc.) que ademas atribuye poderes extraordinarios a ciertos objetos (galletas que se pueden tranformar en cuerpos de dioses, estatuas que atienden pedidos de salud y trabajo, etc.). Y a no dudarlo: la SUPERTICION es el cancer de la inteligencia y la ruina de la sociedad puesto que engendra el habito de tomar en serio cualquier barbaridad. Por eso a los politicos bananeros que tenemos les resulta tan facil cambiarnos el voto por espejitos de colores: porque la mayoria de nosotros estamos entrenados desde chiquititos para creer las chacharas mas fantasios que pueden existir. No es casual que los paises donde entre el 70 y el 90 % de la poblacion son ateos (Holanda, Suecia, Suiza y Alemania) la delincuencia casi no exista y cierren carceles por falta de gente que la habiten. El cancer se combate y se extirpa. No se tolera.
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