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Holanda sueña con poner fin a su largo historial de decepciones

Con la única excepción de la Eurocopa que conquistó en 1988 con una generación de ensueño liderada por Ruud Gullit y Marco Van Basten, la Naranja Mecánica ha sido a menudo exprimida.

A menud presentada como favorita y casi siempre despedida como gran decepción, Holanda tiene en el Mundial-2010, donde el martes se mide a Uruguay en semifinales, la oportunidad de poner fin a una largo historial de fracasos en las grandes citas.
  
Con la única excepción de la Eurocopa que conquistó en 1988 con una generación de ensueño liderada por Ruud Gullit y Marco Van Basten, la Naranja Mecánica ha sido a menudo exprimida, sin poder levantar un trofeo a pesar de la calidad de sus estrellas y su aplaudida apuesta por el buen fútbol.
  
En esta ocasión, Wesley Sneijder, Arjen Robben, Robin Van Persie y el resto de figuras de la Oranje parten como favoritos ante la revelación uruguaya, que llega mermada por las bajas.
  
En la memoria holandesa destacan las dos finales en la cumbre perdidas en los setenta, en Alemania-1974 y Argentina-1978, y a pesar de ser considerado por todos los expertos como uno de los grandísimos nombres de la historia, Cruyff, que estuvo en la primera, no pudo nunca sacarse esa espina.
  
En el choque decisivo del Olímpico de Múnich, ante los anfitriones alemanes, el equipo llegó a adelantarse por medio de Johan Neeskens, pero los locales dieron la vuelta (2-1) por medio de Paul Breitner y el mítico Gerd Müller.
  
Cuatro años más tarde, Holanda cayó de nuevo ante el anfitrión, por 3-1 en el alargue en el Monumental de Buenos Aires: los tantos de Daniel Bertoni y Mario Kempes (2) rompieron el sueño oranje.
  
Los ochenta marcaron la decadencia de aquella Naranja Mecánica y su fútbol-total. El equipo ni siquiera consiguió clasificarse para las fases finales de España-1982 y México-1986.
  
Pero la resurrección, por todo lo alto, llegó en la Eurocopa-1988, donde el equipo volvió a brillar y conquistó su éxito más recordado, a base de talento y un grupo de jugadores, míticos también para el Milan, que dominaron el planeta en aquellos años.
  
En plena euforia, el equipo se plantó en el Mundial de Italia-1990 con la vitola de gran favorita, pero se hundió en los infiernos tras pasar como tercera de su grupo con tres empates, ante Egipto (1-1), Inglaterra (0-0) e Irlanda (1-1).
  
Esa mala posición motivó un cruce explosivo con la República Federal Alemana (RFA) de Lotthar Matthaus, finalmente campeona y que le superó 2-1 en octavos.
  
"En un Mundial o Eurocopa, el 90 por ciento de los equipos asiste para ganar, pero siempre hay uno que simplemente desea mostrar lo bien que sabe jugar: ese equipo es Holanda. Ese es nuestro drama", estimó años después el entrenador Leo Beenhakker.
  
En la Eurocopa de Suecia-1992 lideró su llave por encima de Alemania, ya reunificada, pero en las semifinales cayó en los penales ante la revelación y también futura campeona Dinamarca, tras empatar 2-2. En el Mundial-1994, un tanto del brasileño Branco en el 81 de los cuartos le dejó fuera (3-2).
  
En la Eurocopa-1996 no brilló, diciendo adiós en cuartos en los penales ante Francia, y en Francia-1998 consiguió llegar a las semifinales, pero Brasil, también en los lanzamientos desde los once metros, le frenó por 4-2 tras empatar 1-1.
  
La gran desilusión, ante su público, llegó en la Eurocopa que coorganizó con Bélgica en 2000, donde en cuartos goleó 6-1 a Yugoslavia, pero en semifinales se topó con el muro italiano (0-0 y derrota 3-1 en penales).
  
En el Mundial-2002 no estuvo, en la Eurocopa-2004 volvió a naufragar ante un anfitrión (Portugal, 2-1 en semifinales) y los lusos le cerraron el paso dos años más tarde en el Mundial, por 1-0 en los octavos.
  
La última gran decepción llegó hace dos años en la Eurocopa de Austria y Suiza: el equipo lideró el grupo de la muerte con goleadas 3-0 a Italia, 4-1 a Francia y triunfo por 2-0 ante Rumanía. Todos apuntaban a ella como gran favorita por su fútbol, pero Rusia le superó 3-1 contra pronóstico en cuartos.
  
Aquel grupo, con Sneijder, Robben, Van Persie o Dirk Kuyt, es el que hoy está ante una ocasión de oro de romper el maleficio y teñir, por fin, el mundo de naranja.
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