¿Nueva leyenda urbana?

Beatriz Di Masi, escritora y docente, reflexiona acerca de un nuevo colectivo de personas, los "chicos guerreros", que inventa, hace circular e impone discursos frente a la imperiosa necesidad de construcción de identidad.

Nos dicen y visto está, que los Grandes Relatos de la Modernidad perdieron sentido y significado, entre otros motivos, por el avance devorador del mundo comunicacional, vertiginoso de información que circula por redes y aparatos cada vez más minúsculos. Y que el afán de expresión es uno de los rasgos más destacados de lo que pudiera llamarse, aún, Posmodernidad. 

Decir, hablar, contar aunque el vacío del contenido de lo dicho, hablado y contado sea la constante. También estamos advertidos que lo social deja paso a los “colectivos pequeños” con intereses miniaturizados y alejados de esa búsqueda del no-lugar, esa utopía donde podría haber sido posible lo mejor.

Y se instalan cómodamente, y con pretensión de “que esto es lo mío”, lo que se ha dado en llamar “leyendas urbanas”. Como si la “leyenda” no necesitara años y años y años para constituir el mito, lo imaginado fantástico.

Pero, la inmediatez nos dice que no, que basta el instante y un grupo de gente que construye identidad entre sí, por hartos y diversos motivos, entre los cuales sigue estando presente “los otros, los viejos, el pasado, lo habitado, lo que fue, mi familia, no me entiende”.

Por suerte o no, siempre habrá a quién colgar los sanbenitos, aunque hablar de culpas es más que cosa superada. No existe, loco, ¿te das cuenta? Quieren encajártela para que sigas pasando de-generación en generación, lo que no atañe.

Pero ahora, estamos nosotros “los chicos guerreros”, ¿sabés? Somos distintos a los “emos” y a cualquier otro grupo, como sea se llame. Varias cosas nos distinguen de ellos: no nos pintamos el pelo, vamos a nuestras oficinas, estudiamos, o sea, el disfraz es precisamente eso: parecer como cualquiera parece cuando se levanta a las ocho, tiene cuentas que pagar del departamento o del gas, la cuota del auto, y la necesaria y absolutamente imprescindible cuestión de estar “solos”, o sea, bien separado del contrayente con el o la que matrimonió por sólo año y medio o dos.
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3 de Diciembre de 2016|04:02
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3 de Diciembre de 2016|04:02
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  1. Me gustó el análisis. Cortito. Claro. Completo.
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