Un paseo por la casa de Dalí

¿En qué medida pudo ser Neruda sin  “la Chascona” o Silvina Ocampo sin Adolfo Bioy Casares?  ¿Cuándo pudo una sin el otro? ¿Cómo pensar a Nietzsche sin Lou Salomé? ¿O a Frida Kahlo sin Diego Rivera? Por un tiempo como Heiddeger y Hanna Arendt o toda una vida como Borges y María Kodama o Lennon y Joko Ono? ¿En qué medida es posible distinguir a Sartre y de Simone de Beauvoir?  Ser uno de a dos como ella y él, como ellos, como  vos y yo. ¿Por qué raros vericuetos y en qué tiempos esa síntesis anuló a una en el otro, asimiló a uno en la otra? ¿Cómo pudo ser ese vínculo que los dejó ser a cada uno? ¿Cuáles fueron las condiciones que hicieron deseable habitar un espacio “con” el otro y no “para” o “por” la otra? ¿Qué hizo querible esa organicidad que les nació un modo de ser separados pero de la mano?

Tal vez basten camas separadas. Quizás la cuestión esté en contar con dos baños para usar en simultáneo. O por qué no la cosa sea compartir el vestidor e intercambiar prendas. Acaso se trate de una “relación orgánica” como la que supieron gestar Gala y Dalí en una casita de Portlligat.

Una casita que debía componerse en principio de una pieza –tal como cuenta Dalí-. Apenas unos metros cuadrados que habrían de servir de comedor, dormitorio, taller y vestíbulo.

Una casita que fue ensamblándose entre pasadizos y peldaños a otras que fueron adhiriendo más tarde. Se suben algunos escalones y en un rellano  se abren tres puertas que comunican con una ducha, un retrete y una cocina apenas lo bastante grande para moverse en ella. Cuanto más pequeña más intrauterina. 

Luego, la casa creció como una estructura biológica. Es posible percibir los brotes vitales que la hicieron nacer-se. A cada nuevo impulso de vida debió haberle correspondido una nueva célula, una nueva habitación. Una casa que Gala-Dalí ensamblaron entre otras casi jugando, entre lo kich y lo surrealista, en el vértice de lo bizarro.

Todo allí es mitología personal no hay nada heredado ni repetido ni copiado. Excede lo tradicional, lo común y se esfuerza por “usar el martillo” y romper con las convencionalidades de la rutina del diario vivir.

Gala-Dalí construyeron una casa-oreja cuyo recorrido atraviesa pasadizos uterinos que por momentos se ensanchan en espacios pensados para ella, por otros se recogen en espacios pensados para él y entre tanto alojan espacios abiertos y cerrados aunque todos orgiásticos que confunden el adentro con el afuera.

Ventanas que parecen cuadros. Espejos que reflejan mucho más de lo que es posible ver delante de ellos.

Dalí juega. Gala lo estimula. Dalí pinta. Gala sostiene la brocha.

Y en el tímpano, la “sala oval”, el espacio predilecto de Gala, su lugar. Se trata de un cuarto circular cuya acústica permite amplificar la voz de quien se para en el centro del salón; pero la ocurrencia del pintor hizo que esa amplificación sea apenas un eco para quien expele la voz. En la sala oval, en su sala, Gala parada en el centro sólo podía escuchar su propia voz cuando osaba levantarla. Gala sólo se escucha a sí misma.

La casa museo, situada en la bahía de Portlligat, al norte de Cadaqués, el pueblo en el cual Dalí pasó largas temporadas durante su infancia y su juventud, está formada por un conjunto de casas de pescadores, compradas en diferentes etapas, que Gala y Dalí fueron estructurando, dándole forma y decorándola a lo largo de más de cuarenta años. Esta casa fue la única vivienda estable de Dalí desde 1930 hasta 1982. Fallecida la reina Gala, fijó residencia en el Castillo de Púbol.

Para ingresar a la casa salimos del camping “cadaqués” en el que alojamos la carpa por 9 euros y a cada uno de nosotros por 7 euros más, es decir, por un total de 23 euros diarios con derecho a pileta a internet. Anduvimos algunas subidas, pasamos algunos gatos –es que Portlligat además de ser una ciudad de pescadores es una ciudad de subidas y gatos- y solicitamos la visita. Esperamos un par de horas para que nos recibieran y en el entre tanto nos entretuvimos tomamos algunas imágenes en los alrededores. El costo es de 10 euros y siendo estudiante descuentan dos.

Este es uno de los tres centros museísticos que gestiona la fundación Gala-Salvador Dalí: el Teatro-Museo Dalí en Figueres, la Casa-Museo Catillo Gala Dalí en Púbol, en el municipio de La Pera con la que Dalí cumplió la promesa de hacer de Gala una reina y la Casa-Museo Salvador Dalí de Portlligat donde instaló su residencia-taller. 

 
www.salvador-dali.org

Opiniones (1)
9 de Diciembre de 2016|20:27
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9 de Diciembre de 2016|20:27
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  1. bellìsimo lo tuyo.....te felicito por la experiencia....
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