Deportes

El mito está intacto, el DT está golpeado

PRETORIA.- "Ahora le errás y te tomás el avión de vuelta", dijo Diego Maradona justo antes de los octavos de final. Y la frase -pronunciada por la convicción que da la experiencia pero también, tal vez, como para espantar malos augurios- se convirtió a los pocos días en inapelable diagnóstico. La selección se tomó el avión de vuelta, y tan raudamente lo hizo, que dejó en el ahora vacío búnker del HPC esas señales que dejan los autos cuando pasan a excesiva velocidad: huellas por aquí y por allá, papelitos todavía volando y una especie de polvareda que empieza a bajar? Vértigo maradoniano. 

Ya no está el policía de pelo rojizo que se había aprendido en español "A las cincou abrou las pouertas" y ya no se oyen los "¡Bieeen!" y "¡Buenaaa!" que traspasaban las lonas verdes apenas se ponía pie en el predio. Esos gritos que identificaron a Maradona durante estos 37 días y que pudieron, y pueden, usarse como música de fondo para un discurso de defenestración o de adulación, de acuerdo al resultado. También es posible ponerse los tapones en los oídos que aquí se usan para soportar las vuvuzelas (uno ya se había acostumbrado, a esta altura) y sacar alguna conclusión que no recorra ninguno de aquellos dos caminos de cornisa. Y pisando sobre terrenos más firmes, se puede argumentar que, tratándose de Maradona, el mito está intacto, aun cuando lo que está golpeado, muy golpeado, es el DT. 

Lo primero, que no lo puede negar ni el peor defenestrador, surge de lo que se generó alrededor del personaje ahora vestido de traje: el país y el mundo futbolístico (y algunos alrededores) conmovidos, sorprendidos y atrapados otra vez por su inexplicable magnetismo, como cuando usaba los cortos. Ni el resultado lo altera porque la derrota -la tragedia- también está en el mito. 

Lo segundo, que no lo puede negar ni el peor adulador, surge del balance de aciertos y errores o, mejor, de apuestas y obstinaciones. Se afirmó que estaba ante el desafío más grande de su carrera porque no podía afrontarlo con su talento contrastado -el de adentro de la cancha, en cortos- y debía hacerlo con su talento por verse -el de afuera, en traje-. Por encima del mito intacto y del DT golpeado está -o debería estar- el hombre, la persona. ¿Cómo continuaría su vida si dejara de tener esa motivación de estar en el lugar que soñó de grande? ¿Cómo continuaría su vida si permaneciera en ese lugar, pero sin un objetivo inmediato y sin una competencia de plazos determinados, como un Mundial? "Lo que más me duele es que los sigo desilusionando", les dijo a sus seres queridos antes de embarcarse en el avión del triste regreso. 
En Imágenes