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La FIFA tiene que cambiar su chip

La FIFA ya encontró la primera respuesta a las críticas por no usar algunas de las formas de tecnología inventada por el ser humano y aplicables en este nuevo siglo en todo el planeta, aunque no con certeza en Zurich: no mostrar en las pantallas de los estadios las jugadas polémicas. Así llegó hace unos días la primera solución que no hace otra cosa que castigar a los espectadores con un espectáculo con cierta censura. El enigma principal sigue sin resolverse y es el verdadero tema de fondo: porqué a la FIFA no le interesa que la justicia en el fútbol de pasos firmes hacia toda la perfección de la que sea capaz el ser humano. Qué motiva que la FIFA no acepte que la transparencia de un resultado constituye un valor. Deportes como el rugby, el tenis, el cricket y el hockey sobre hielo, diferentes entre sí pero cuyos reglamentos contemplan la asistencia tecnológica para dirimir jugadas y acciones, han entendido que la claridad en sancionar una alternativa del juego habla de la limpieza de sus procedimientos. Por alguna razón la FIFA todavía prefiere dejar determinados resultados en una zona difusa donde sólo se iluminan con los reflectores de sus propios egos. 

Un libreto martillado a repetición por Joseph Blatter se hizo polvo en Sudáfrica 2010: que la gente rechaza el uso de la tecnología porque al aficionado al fútbol le gusta el debate luego de los partidos. Según esa idea, el cierre de la polémica con el uso del video o de chips inteligentes (¿ hay chips tontos...? ) le quitaba al juego parte de su gusto aceptado globalmente por la humanidad. Es curioso como la FIFA considera que el engaño y el error son condimentos lo que hacen sabroso al fútbol. Luego de situaciones mayúsculas como el gol no cobrado a Frank Lampard en el partido Inglaterra-Alemania y otras situaciones polémicas, pero de diferente calibre, como la posición adelantada de Carlos Tevez en el primer gol contra México, la FIFA entiende que alguna repuesta hay que ofrecer. Entre otras cosas, porque los Mundiales son cada vez más tecnológicos, modernos y de vanguardia. 

Visto de otro modo el asunto podría tener hasta un cierto romanticismo. Por un lado las novedades de última generación que ofrecen televisaciones cada vez más perfectas y detallistas para acostumbrar al ojo humano a las futuras narraciones en 3D. Eso implica en ocasiones mostrar imagenes ajenas al juego en slow motion para remarcar las bondades de la nueva televisión, pero es algo que podemos conceder. Y contra eso, contra la avalancha tecnológica que altera los sentidos y las sensaciones, la FIFA mantiene una pureza casi virginal en el juego mismo. En el fútbol en estado puro del once contra once, que no cede a la tentación de juzgarlo todo con el inapelable ojo de las cámaras y todos los satélites artificiales al servicio de la precisión. 

Pero la FIFA no es una entidad con la que uno cenaría a la luz de las velas. La FIFA tiene el control absoluto del Mundial. Cada parte en que se compone un Mundial está bajo su radar. Es un negocio apenas delegado en viejos conocidos de siempre y empresas cautivas. Y no pareciera que fuera justamente un gesto romántico achicar el margen de error en el juego para ser más justos con los equipos. Como tampoco ayudar a los árbitros con su tarea en lugar de mandarlos a su casa como delicuentes como hicieron con Roberto Rossetti y los otros dos integrantes de la terna italiana del partido Argentina-México. Castigar árbitros, pedirles disculpas a Inglaterra y México y patear la pelota para adelante es el sentido de justicia express que Joseph Blatter ensaya ante las críticas.La FIFA está mas fuerte que nunca: ya no tiene un contrapoder afuera y disidentes adentro como para sentir presión alguna para cambiar. 

El fútbol se niega a acercarse a la perfección. Va y viene con el tema tecnológico según cotice la conversación cada día. Ahora vuelve la idea de ponerle un chip a la pelota y usar sensores para determinar si un tiro fue gol. Los errores del Mundial han sido graves. Lampard metió ese tiro justo cuando Inglaterra venía de remontada y era el empate 2 a 2. Tevez hizo el suyo (el nuestro) cuando el partido estaba sin goles y México había sido más. El fútbol tiende a relativizar los errores arbitrales de acuerdo a cómo se haya dado el resultado final. Argentina y Alemania fueron concluyentes en el marcador y eso agota la discusión. Pero no fueron fallos menores en un Mundial donde solamente en un partido (Dinamarca 2, Camerún 1) un equipo dio vuelta el resultado final. 

Casi lo consigue Estados Unidos contra Eslovenia (2-2) pero le anularon un gol sobre la hora por posición adelantada en una jugada en la que tres defensores eslovenos cometían tres penales en simultáneo. No hubo tecnología aplicada ni lobby de Bill Clinton que puediera enmendar el error. 

Los ingleses, afectados y perjudicados por un mala decisión arbitral, son los principales impulsores del uso de la tecnología y el video como soporte para los árbitros que no pueden verlo todo a en determinada jugada. En busca de apoyo para la candidatura de Inglaterra para el 2018, algunos directivos ingleses estuvieron en abril pasado en Buenos Aires y de paso participaron en una jornada de marketing deportivo. Uno de ellos, David Dein, ex vicepresidente del Arsenal, exhibió este simpático video para demostrar que los árbitros se pierden de ver muchas cosas por tener que estar atentos a otras. Por eso ya casi es un hecho que la tecnología utilizada para el Ojo de Halcón en el tenis sea ofrecida sin costos extras para los partidos de la Premier League. Si los ingleses siguen profundizando su idea de darle video y sensores al fútbol para mejorar la justicia del juego, es probable que su candidatura se aleje del calorcito de los escritorios de Zurich. La alta política se hace cuando las cámaras no enfocan. 

La gran pregunta sigue siendo porque la FIFA no quiere que los errores no conspiren contra la justicia de un resultado. El fútbol en su esencia no siempre premia al mejor, sino al más oportuno. Su propia dinámica tiene a veces contenidos de justicia poética y en otras le da más al que menos hizo. El juego misma preserva ese atractivo tan intransferible por el que no siempre gana el más fuerte, ni el más poderoso y en ocasiones ni siquiera el que tuvo los méritos suficientes para vencer. Ese es el debate real que quieren los aficionados del fútbol y no ser testigos involuntarios de latrocinios a la vista de 90 mil espectadores en un estadio y repetido sin cesar por las cadenas televisivas. 

Mientras el gran interrogante sigue sin contestarse, solamente hay una certeza: es hora de que la FIFA cambie su "chip". 


*Información provista por canchallena.com
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3 de Diciembre de 2016|23:00
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