Deportes

Las cábalas infaltables

No hay posibilidad de imaginar la existencia de un equipo argentino sin ritos y costumbres especiales para tentar a la suerte; el actual plantel mundialista no es la excepción.

PRETORIA.- La mitología del fútbol les ha dado cobijo a creencias y hábitos que por repetidos se volvieron ley. Los ritos y las cábalas se instalaron hace años para quedarse, desde los supersticiosos hasta los que interpretan este juego bajo una óptica más cientificista. Unos y otros se arrodillan ante el manto de lo imaginario. Supuestamente, atesora un espíritu guardián y benefactor. Qué mejor que tener a mano pócimas protectoras y conjuros divinos. El folklore del fútbol, históricamente, les ha dado lugar a estos ensayos para ahuyentar maldiciones. Al menos, dulcifican la espera, como dice Jorge Valdano.  

Cualquier grupo que sueña con escalar hasta la cima de un campeonato se aferra a la idea de que en el camino tendrá que espantar imponderables... o brujerías. Entonces aparecen las manías, las promesas... Casi todos las tienen. Desde los fetichistas hasta los pragmáticos. Y este plantel argentino, que se ha entregado más de una vez a lo esotérico y ha recibido el guiño de lo providencial para huir de algunos apuros, no escapa a la norma general.  

Los practicantes cuidan con celo el ritual; las cábalas no deben conocerse porque se evapora su poder de salvataje, cuentan. Pero las que se realizan en público no ingresan en esa regla jamás redactada. Entonces, cuando desembarcan en la cancha, antes de pisar con el pie derecho, Maxi Rodríguez, Mascherano y Heinze se persignan. Higuaín entra a los saltitos, tres veces con el pie derecho antes de apoyar el izquierdo. Claro que esa fila de once que ingresa también sigue un ritual: Mascherano la abre y Heinze la cierra. Aunque en realidad, el último es Maradona, con su infaltable traje gris -como Alejandro Mancuso y Héctor Enrique- que le pone punto final a la avanzada albiceleste.  

Frente al himno hay una novedad con respecto a mundiales anteriores: nada de brazos en la espalda ni manos al corazón. Todos entrelazados a la altura de los hombros. Después, alguno suma su impronta, como Tevez, que sigue la canción patria con los ojos cerrados. Y el resto de la delegación, a todo el ancho del banco, también acompaña abrazada. Un detalle: nadie clava la mirada en la bandera argentina que, a un costado, sostienen los chicos de la organización.  

La tradicional foto del equipo también sigue un guión que debe respetar ciertas posiciones, según los titulares. Las ubicaciones adquirieron un lugar preponderante y deben respetarse fielmente. Los asientos donde cada uno se acomoda en el ómnibus que traslada a la delegación son inamovibles. Al llegar al estadio, el primero en bajar es Carlos Bilardo y el último es Ariel Garcé. Messi siempre lo hace saboreando un chupetín y Tevez, con sus auriculares blancos. Y una modificación muy notoria con respecto a las copas anteriores: durante el traslado nadie canta, están prohibidas las canciones de cancha. La propuesta surgió de aquellos que no arrastran buenos recuerdos mundialistas y todos la aprobaron. Y otro tema quedó vedado antes de partir: la ya célebre guitarra Fender que acompaña a Nico Burdisso a todos lados...esta vez no vino. Lo intimaron a olvidársela, culpándola de algún efecto... devastador.  

En la cancha también hay códigos. ¿Cómo se acomoda el cuerpo técnico en el banco de los suplentes? Ya está diagramado: de izquierda a derecha, cierran las butacas el profesor Signorini, Enrique, Maradona y Mancuso. Dady (Marcelo D´Andrea, el masajista) espera con una toalla y una botella de bebida deportiva al borde del campo que se acerque Romero para llevárselas al arco. Como Mascherano, que tras el sorteo entre los capitanes, también se arrima a Dady, le entrega el banderín, bebe un sorbo de agua y recibe un beso del colaborador. Siempre igual. Como el impreso Jazmín Romero que se lee en los guantes de Chiquito (por su hija, nacida hace algunos meses), el apodo Leo en las canilleras de Messi y el estampado de la Virgen María que lleva Di María en la remera que usa debajo de la camiseta nacional.  

No hay ni que explicar que no existe conjuro que pueda con el destino. Porque todos saben que las brujas no existen. Pero, por si acaso, en la reunión técnica de las próximas horas intentarán que la Argentina juegue con los bastones celestes y blancos y no con la camiseta azul, esa que vistió a la selección en la derrota con Alemania en la final de Italia 90 y en la eliminación en los cuartos de final hace cuatro años...  

  • Bilardo, el ómnibus y la barrera alta
    Cuenta la historia que en 1985, antes de un partido en River, el ómnibus que trasladaba a la selección se detuvo varios minutos en un paso a nivel para cruzar Lugones por la demora de un tren. Ese día, el equipo ganó. Desde entonces, antes de cada partido como local, el DT, que era Carlos Bilardo, hacía detener el vehículo en el mismo lugar, aunque la barrera estuviese...sí, alta.

GABRIEL BATISTUTA
Cuello alto, ojos cerrados y rodilla en piso  

El recorrido por las cábalas podría detenerse en decenas de estaciones. Como las de Gabriel Batistuta, que en el Mundial de Francia en 1998 se subía el cuello de la camiseta -by Eric Cantoná- y cerraba los ojos mientras entonaban el himno, o la que utilizó en Corea-Japón 2002, cuando posaba con la rodilla derecha sobre el césped en el momento de la tradicional foto del equipo antes del comienzo del partido.

*Información provista por canchallena.com
Copyright 2010, SA LA NACION

¿Qué te pareció la nota?
No me gustó0/10
Opiniones (0)
4 de Diciembre de 2016|21:27
1
ERROR
4 de Diciembre de 2016|21:27
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016
    28 de Noviembre de 2016
    Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016