Deportes

Wimbledon y su tradición flexible

El torneo respeta sus costumbres, como usar ropa blanca o no jugar los domingos, pero también evoluciona en otros aspectos que mejoran su desarrollo. Hoy se disputan los octavos de final.

Con 133 años encima, Wimbledon es un torneo repleto de costumbres y leyes no escritas de todo tipo, pero también se caracteriza por ser uno de los que más han evolucionado en los últimos tiempos, sin por ello perder ni una pizca de identidad. Al contrario: el tercer torneo de Grand Slam del año ha sabido conservar su sello y convertirse en una marca en sí mismo. No por casualidad es uno de los pocos torneos que no llevan su nombre asociado a una empresa; se lo conoce como Wimbledon por la zona en la que está el All England Lawn Tennis & Croquet Club, pero la denominación oficial es The Championships. Desde hace años se maneja con un grupo de importantes auspiciantes, pero la gran mayoría de esas marcas no se ven en los courts, como sucede con la mayoría de los torneos; las excepciones son Rolex y Slazenger.

Evidentemente, el torneo está por encima de los sponsors, algo que tiene un rasgo similar en Augusta, otro certamen legendario, pero del golf. 

Otra de las tradiciones es la que se cumplió ayer: no hay acción en el primer domingo del torneo, algo que se mantiene a rajatabla, salvo que se impongan circunstancias excepcionales, y en esto tiene que ver el tiempo. Sólo en tres ocasiones hubo acción en ese día (1991, 1997 y 2004), y el All England debió apelar a la "jornada extra", porque la intensa lluvia durante la primera semana retrasó tanto la programación que ponía en riesgo la finalización en término de la prueba. Podría considerarse que, al no jugar un día, Wimbledon se pierde de ganar cientos de miles de libras en ingresos, pero está claro que con lo obtenido en los trece restantes de acción es más que suficiente. 

Si hay otra característica inherente al Grand Slam británico, además del clásico verde oscuro y púrpura que lo distingue en su escudo, es el código de indumentaria: el blanco es condición sine qua non en la vestimenta de los jugadores. De hecho, hace cuatro años, se publicó una guía en la que dice claramente: "Todo aquel jugador que aparezca vestido en la cancha de una forma que no sea la apropiada podría ser expulsado por el comité del All England". Andre Agassi, cuando todavía era un joven rebelde, intentó esquivar la regla, pero no lo logró; sólo pudo jugar cuando aceptó las condiciones. Además del blanco riguroso, en el caso de las mujeres se impone que no usen faldas demasiado cortas. Es más: atento a la historia como ninguno, Wimbledon es dueño del mejor museo de tenis del mundo, que cuenta con detalles increíbles, no sólo del certamen. Durante años estuvo debajo de la mítica cancha central; en la actualidad, posee una entrada independiente, con un costo de ingreso de 10 libras. 

Acostumbrado a sus reglas particulares, este Grand Slam siembra polémica por otra acción propia: determina los preclasificados en los cuadros de acuerdo con un ranking propio, que toma en cuenta las actuaciones de los jugadores sobre césped en el último año, y no se guía en forma exclusiva por las clasificaciones de la ATP y la WTA. Esto le costó al torneo más de un boicot personal, pero, una vez más, el torneo siguió en su posición. Y otra diferencia la hace desde el arranque, en la qualy, que no se juega en el All England: los aspirantes a ingresar deben ganar sus encuentros en Roehampton, un complejo de la federación inglesa a cinco minutos en auto de Wimbledon. 

Pero, justo es considerarlo, el torneo ha sabido crecer a la par de los tiempos. Hace diez años inauguró un imponente edificio con forma de W, el Wimbledon Millennium, interconectado con la cancha central, y que alberga las oficinas del club, la sala de prensa y varias comodidades para los jugadores. Ese mismo año también se inauguró la nueva cancha 1, situada frente a la Aorangi Terrace. Aquí se renuevan los escenarios año tras año. La Catedral, tal como se conoce al court mayor, ha tenido varias remodelaciones; la última incluyó la creación de un techo corredizo, algo que se discutió durante años, hasta que se encontró un sistema que permite cerrar el estadio en pocos minutos, sin que se perjudique el terreno de juego. El detalle es que, desde la inauguración, el año pasado, casi no volvió a llover. 

Por años, Wimbledon se negó a pagarles a las tenistas mujeres el mismo monto que a los hombres, pero, finalmente, aceptó la igualdad en el reparto y en cada temporada sube los premios: este año, el aumento fue del 17 por ciento, por lo que cada campeón cobrará 1 millón de libras. Atento a las nuevas tecnologías, no dudó en incorporar el Ojo de Halcón, y en cuanto a las comunicaciones, actualiza de manera constante las informaciones en su sitio web, y también en Facebook y en Twitter. Más allá de las reglas no escritas y de sus códigos particulares, no alcanza con 133 años para estar a tono con un circuito ultracompetitivo. Y en Wimbledon, eso lo tienen muy claro. 

• Representantes sólo en dobles y juniors
Sin argentinos en carrera, hoy se jugarán los octavos de final tanto en varones como en mujeres. En dobles femeninos, Gisela Dulko y Flavia Pennetta buscarán los cuartos de final, al igual que Juan Ignacio Chela y Eduardo Schwank entre los varones. Además, se presentarán tres juniors: Agustín Velotti vs. James Marsalek (Gran Bretaña), Federico Coria vs. Damir Dzumhur (Bosnia) y Facundo Argüello vs. Roberto Quiroz (Ecuador).

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