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Sin margen: empieza el Mundial que no perdona errores

Otra vez cara a cara, como hace cuatro años, la Argentina y México se medirán desde las 15.30, en un partido que no ofrecerá segundas oportunidades.

JOHANNESBURGO.- Desde ahora, una delgada línea divide la alegría del desbarranco. Comienza otro Mundial en Sudáfrica, más atrapante, con misterios y emociones escondidas en el pique de cada pelota. Comienza el Mundial que no ofrece segundas oportunidades, el que baja el martillo con el peso de lo inapelable. El que nada entiende de concesiones. Un paso firme servirá para tomar impulso, un tranco inseguro anticipará el tropezón irreversible. Empieza la carrera de los que se anotaron para dejar una huella. Y entre esos seleccionados aventajados aparece la Argentina, que en su clasificación para los octavos de final mostró una vena ambiciosa, individualidades influyentes y un componente anímico por las nubes.  

Después de varias asonadas entre desajustes y conflictos que encarcelaron a la Argentina en la desorientación rumbo a la Copa del Mundo, la selección parece que va encontrándose en la misma competencia. El optimismo que la rodea se lo ganó al dominar el Grupo B con abundancia y autoridad. Mérito del conjunto de Diego Maradona, que dio pasos necesarios y también esperados, pero todavía insuficientes para satisfacer exigencias que se intuyen en alza. Para seguir almacenando objetivos, será necesario que la selección cumpla una misión para la que está capacitada: derrotar esta tarde a México, a partir de las 15.30, en el Soccer City de Johannesburgo. Si la victoria no llega en los 90 minutos, el duelo continuará en la media hora suplementaria o, por último, ambos equipos se citarán en los penales.  

Otra vez cara a cara, cuatro años después, para resolver un pasaje a la misma instancia de un Mundial. La casualidad de un calco futbolístico. El inolvidable bombazo de Maxi Rodríguez en tiempo extra resolvió aquella batalla ajedrecística de Leipzig. El recuerdo habilita buenos augurios albicelestes y pone el acento en el afán de revancha de los aztecas. Si los antecedentes y la paternidad cotizasen, el choque estaría resuelto porque la Argentina ha sometido a su rival de hoy con frecuencia y hasta con amplitud en los enfrentamientos más recientes. Pero este juego se burla de los vanidosos anticipos y será conveniente calibrar la dificultad que propondrá el conjunto del Vasco Aguirre: mientras hasta aquí el tránsito de la selección ha sido un sostenido batallar contra adversarios apiñados en su cancha, de México se espera una oposición más seria y agresiva.  

La Argentina aprovechó el cotejo con Grecia para demostrar que si la mayoría de los titulares había cumplido, el recambio también revitalizó. Con la reinserción de los titulares, Maradona volverá al perfil de equipo que utilizó contra Corea del Sur, más allá de mantener a Burdisso como segundo central porque la traicionera lesión muscular margina a Samuel. Es decir que Verón se quedará en el banco, una ausencia que repercutirá en un eje con menos elaboración, menos estaciones de pase y quizá más equilibrio. Messi retrocederá para tomar contacto con la pelota y allí se encontrará con una zona congestionada por México con especialistas en la marca, como Rafa Márquez, Torrado y Efraín Juárez. Escapar de esa telaraña resultará vital para encarar afirmado las ofensivas, animadas por Tevez e Higuaín. Incluso con Otamendi en el lateral derecho, la Argentina estará más dispuesta a protegerse, pero conservará el rasgo distintivo que es su pirotécnico arsenal de ataque.  

México no tiene conformes ni a su público ni a la crítica. El pase a octavos llegó tras perder sin rebeldía con Uruguay. El entorno no confía y los jugadores se sienten menospreciados. Prueba para un carácter que muchas veces la llevó al diván: reacciona con orgullo o se consume en su pena. Otro dato que la Argentina deberá atender y, tal vez, aprovechar. A la selección no la tendrá que sorprender un rival que preocupa cuando logra descomponer sus líneas y aparecer por lugares inusuales, que lastima con las subidas por izquierda de Salcido y se entrega a las ocurrencias de Giovanni Dos Santos, su joven maravilla. No tiene un conductor y le falta gol, pero Aguirre volvería a apostar por Guille Franco cuando muchos le reclaman al "Chicharrito" Hernández, otra de las nuevas joyas. México reúne intenciones ofensivas e intérpretes despiertos, aunque aún no lograron complementarse.  

A diferencia de Nigeria, Corea o Grecia, México puede herir. De ahí la necesidad de ser precisos para que el ataque explote las inseguridades defensivas mexicanas. En ese sentido, el tridente, más las punzantes escaladas de Di María y las veces que Maxi Rodríguez se suelte serán una buena oportunidad para intentar mantener la eficacia ofensiva. Si algo distingue a la Argentina es la sensación de peligro que llevan cada uno de sus avances. Como la permanencia en el torneo se pone en juego y desde aquí el Mundial es menos tolerante con los dubitativos, la selección buscará entrar en la recta decisiva con el envión que tomó en la etapa de grupos.  

  • Mascherano, Heinze y Bolatti, en capilla
    Vale recordar que las amarillas se acumulan y arrastran hasta cuartos de final, inclusive. Gabriel Heinze y Javier Mascherano tienen una, al igual que Mario Bolatti. De sumar otra, lógicamente se perderían el partido siguiente si la Argentina pasa de rueda.
 

  • La Argentina y el invicto más largo de la historia
    La Argentina luce un invicto en mundiales de 9 partidos, la racha más larga de la historia. Perdió 1-0 con Inglaterra, en 2002, y desde entonces encadenó victorias o empates en tres copas distintas con Suecia, Costa de Marfil, Serbia y Montenegro, Holanda, México, Alemania, Nigeria, Corea del Sur y Grecia.

*Información provista por canchallena.com
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8 de Diciembre de 2016|19:42
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