Deportes

Fuerte Apache y Tevez, un amor que se renueva en el Mundial

El barrio donde creció el delantero es su hinchada más fiel; en su escuela primaria recordaron cómo era de chico y contaron que sus mejores amigos de la infancia viajaron a Sudáfrica.

 No es Sarmiento, ni San Martín, ni Belgrano. El que está enmarcado en la escuela N° 50 del barrio Ejército de los Andes es Carlos. "Tevez", según lo que indica la camiseta de la Selección; "Carlitos", para los argentinos; "Carli", para la maestra que lo vio crecer y que sigue en contacto con él.  

"Jamás me voy a olvidar del Fuerte y de mis raíces", declaró hace una década el delantero cuando dejó el barrio. Las personas que lo vieron crecer durante los 16 años en los que vivió en el nudo 1 donde quedaba su departamento, aseguran que cumplió con esa promesa. "El no se olvida de su escuela y nosotros no nos olvidamos de él. No por nada a Carlitos se lo llama el jugador del pueblo, es una persona muy simple, muy sencilla", dice la vicedirectora de la primaria a la que asistió Tevez, Silvia Boliski.  

Según define, Carlitos era un chico "vago pero simpático, y, por sobre todas las cosas, muy bien compañero". Es el mismo recuerdo que tiene Marta Mingiani, su profesora de Educación Física y todavía confidente. "Carli era un sol, estaba siempre muy bien predispuesto y quería pasar tiempo con sus compañeros a pesar de su entrenamiento", dice.  

Ellas, como tantos otros vecinos de este barrio de alrededor de 100.000 personas, lo vieron descollar con la pelota cuando jugaba por una gaseosa y un sandwich con su equipo la Estrella del Uno contra el resto de los nudos de Fuerte Apache. También estuvieron con él cuando volvía de sus primeros entrenamientos en All Boys.  

Mingiani resalta que para Carlitos fue fundamental la presencia que tuvo su familia durante su carrera futbolística. Fueron ellos los que con su perseverancia lograron que Tevez pasara a las inferiores de Boca cuando tenía 13 años. Y más adelante, los que lo acompañaron cuando el Corinthians pagó su multimillonario pase y cuando lo convocaron desde Inglaterra y tuvo que adaptarse a ese idioma al que todavía no se le anima.  

La docente cuenta que hoy sus mejores amigos son del barrio, a los que conoce desde el jardín de infantes y que no tiene "amigos de la fama". Se trata de la misma banda de chicos que se le escapaban a la preceptora para jugar al pato ñato con los nenes de primer grado y corrían de rodillas para no ser descubiertos. Los mismos que este mes Carlitos se llevó a Sudáfrica para que lo acompañen durante el Mundial.  

La hinchada del Fuerte. En estos días que es figura de la Selección, Tevez tiene a todo Fuerte Apache en vilo. Barrio de potreros por excelencia, es la hinchada más fiel del delantero de la Argentina y en la escuela en la que pasó su infancia, todos se juntan en la biblioteca a seguir sus jugadas de cerca en cada partido.  

"En el barrio las problemáticas sociales que tenemos son muy graves y a veces nos cuesta mantener la continuidad del chico e integrarlo. El Mundial está siendo fuente de motivación para que vengan a la escuela y hasta aprovechamos para vincularlo con los contenidos curriculares", describe el director del establecimiento N° 50.  

Es que, además de ídolo deportivo, Tevez encarna el sueño de muchos de los chicos de Fuerte Apache. "Para ellos es una presencia muy fuerte. Carlos ha sido un chico muy pobre, y ahora al ver lo que ha alcanzado, es un gran ejemplo", agrega el directivo.  

Un sueño difícil de concretar. Para Boliski, Tevez representa el valor del esfuerzo. "Lo importante no es que se vea al fútbol como una posibilidad para zafar, sino que se vea a la voluntad como una posibilidad para alcanzar el objetivo que uno se propone", indica.  

Sin embargo, la realidad social dificulta la suerte de muchos de esos chicos, que juegan al fútbol durante largas horas en los rincones del barrio. Según explica la vicedirectora, el caso de Carlitos es excepcional, porque en general el aspecto económico y social no los ayuda y la realidad indica que cuando tienen que entrenar fuerte, no tienen preparación psicofísica. "La mayoría no puede ir a los clubes, lo bueno sería que los clubes bajen a ver a estos chicos", señala.  

"Crecen en los potreros por eso en general son todos muy buenos en los deportes, pero constantemente se da esa lucha entre la cultura del esfuerzo y los malos ambientes que los quieren absorber. El esfuerzo y el sacrificio que requiere un entrenamiento, los llevaría a alejarse de otras cuestiones", explica por su parte, Mingiani.  

La docente indica, además, que su trabajo en el área de los deportes le permite formar a sus alumnos mucho más allá de lo meramente físico. "El profesor de gimnasia transmite valores. Además, el cuerpo no miente: si un chico no tiene ganas de jugar, es porque algo le está pasando en la casa y ahí uno puede hablar con él para contenerlo en lo afectivo", señala.  

Quizás es por ese tipo de relación, que la docente forjó un vínculo estrecho con Carlitos. "A mí sus logros futbolísticos no son lo que más me importa, a mi me interesa es que él esté feliz. Yo le conozco los ojitos cuando está contento y cuando está triste".  

"En la selección está muy bien, tiene ese brillo de pícaro que enseguida se le enciende cuando está feliz".

*Información provista por canchallena.com
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