Juicio por el asalto al blindado: cómo vivieron los testigos el "robo de película"
El atraco ocurrido en 2008 en pleno centro mendocino duró entre 40 y 90 segundos, pero bastó para que la banda se alzara con 300.000 pesos. Con diferencias, el chofer y el portavalores del camión de caudales contaron su versión. Un testigo clave, que sería tío de uno de los imputados, no se presentó en la audiencia, aunque había ido a tribunales.
En la segunda jornada por el juicio del asalto al camión blindado del Banco Regional de Cuyo se llegó, con las distintas versiones, a un confuso relato del hecho de “película” que se vivió el 26 de mayo de 2008 en San Martín al 850 de Ciudad. Un testigo clave para la causa que tiene siete imputados se marchó del Palacio Judicial y no se presentó ante la jueza. Aún con rastros del shock que sufrieron aquella siesta, los cinco testimonios aportaron parte del robo y escasos indicios de los asaltantes.

La investigación fue llevada adelante por el fiscal especial Daniel Carniello, quien se sienta del lado acusador en la sala de la Quinta Cámara de Crimen, en el debate presidido por Laura Gil de Chales. El caso tiene siete personas imputadas: Cristian Gastón Mercado Montes (31), Eduardo Carlos Cortés Cárdenas (35), Andrés Timoteo Cruz (34), Martín Miqueas Teodoro Villarroel (29), Leopoldo Narciso Guirín Naranjo (28), Maximiliano Andrés Soria (23)  y Juan Carlos Carmona Jofré.

El organizado asalto se realizó alrededor de las 14.15. El camión finalizó su recorrido en la casa matriz después de recoger los valores de tres oficinas. Según contó el portavalores, Carlos Gallardo, la suma de dinero superaba los $280.000 y estaban en una misma saca. Esta bolsa azul –que pesaba entre 5 y 10 kilos- fue bajada por él junto a otra bolsa –que sólo contenía elementos para hacer la recaudación- “después de que el custodio que está junto al chofer se bajara, revisara la zona y diera el OK”, tal como expresó el testigo.

Sin embargo, el policía que estaba prestando servicios extra como custodio, Rodolfo Ruarte, aseguró que él se bajó después de que su compañera (que iba en la parte trasera) y el portavalores ya estaban entrando en el banco. En ese momento, el testigo aseguró que fue reducido por uno de los asaltantes y fue despojado de su ametralladora. Cree que, al menos, vio seis personas actuando en la escena, pero no recuerda ni que armas llevaban ni cuantos tiros dispararon.

Aunque el chofer del camión de caudales, Humberto Tempesti, aseguró no ver mucho de lo que estaba ocurriendo y que creyó que las detonaciones se debían a alguna movilización de la Bancaria, Gallardo dijo: “Hubo más de 50 tiros, seguro, y todos venían de diferentes zonas”. Segundos antes ellos habían sido sorprendidos por un hombre, cuya silla de ruedas era empujada por otro, que le tiró la frazada con la que se tapaba las piernas a la policía. Inmediatamente, el portavalores se encontraba arrodillado con un arma apuntándole en la cabeza y con las sacas detrás de su cuerpo. Luego, a través del vidrio espejado vio como, al menos cuatro personas, escapaban por la vereda este de San Martín hacia la calle Don Bosco.

Una persecución infructuosa

“Nunca vi una balacera tan grande en 31 años de carrera”, manifestó el cabo primero retirado Víctor Contreras, quien junto a su pareja salía de prestar servicios en la sucursal del Regional ubicada también sobre San Martín a metros de Vicente Zapata. Ambos uniformados se subieron a su auto particular y se cruzaron con la camioneta utilizada por la fuga en el semáforo de San Martín y Don Bosco. La 4x4, color verde musgo, estaba estacionada en esta última calle sobre la mano derecha. El testigo alcanzó a ver a uno de los hombres subir con una escopeta y gente, por todos lados, tirada en el piso.

Así comenzó la persecución de la cual, aparentemente, los ladrones no se dieron cuenta: la camioneta circulaba por las calles -alejándose del centro- a velocidad normal, sin levantar sospecha. Contreras y la mujer, mientras pisaban el paso de la 4x4, informaban constantemente al CEO. Sin embargo, él señaló que ningún móvil llegó hasta el lugar y que sólo se cruzó con un bicipolicía. En pocos segundos, el rodado fue perdido de vista por los policías sobre San Juan, entre Julián Barraquero y Zárate. Justamente, al poco tiempo, en San Juan 220 se hizo un allanamiento que arrojó varios detenidos de los imputados en la causa.

También por la misma zona, la camioneta color verde musgo y de vidrios polarizados fue perdida por Mario López, quien estaba patrullando por el barrio Bombal y al escuchar la frecuencia salió tras los delincuentes. El bicipolicía –que había hablado con Contreras- se cruzó con la Grand Cherokee en Morón y Rioja en el semáforo. Las características coincidían y además la actitud del conductor confirmó la sospecha: aceleró bruscamente ante la mirada del uniformado.

Según el relato de López, la 4x4 pasó violentamente por un badén en calle Rioja que provocó que la compuerta se abriera: entre seis y siete personas, todas con el rostro tapado, apuntaban con un arma al bicipolicía. Pese a la persecución que duró unos 100 metros con el cruce de las miradas de ambas partes, el uniformado ya no ubicó la Grand Cherokee en Zárate y Rioja.

Sin poder señalar a ninguno de los imputados, tanto Contreras como López precisaron cómo fue la huída de la banda y el rodado que se utilizó: la Grand Cherokee fue encontrada a los pocos días del asalto en un descampado de Godoy Cruz. Había sido prendida fuego y pintada de otro color; no obstante, en su interior se encontraron elementos, como los precintos de las sacas, con la etiqueta del banco asaltado.

El ladrón corre al policía

Conmocionados por el shock y la adrenalina del momento que se hizo una eternidad, pero que en la realidad se llevó escasos minutos, los testigos no pudieron aportar datos certeros de los delincuentes. Tampoco algunos de los que declaró pudo observar la escena entera, ni siquiera la joven empleada que se encontraba en la empresa de cobranzas ubicada al lado del banco. Aunque su versión sumó otro dato: uno de los asaltantes corrió tras el policía que presta servicios en la firma. El uniformado se tropezó y el momento fue aprovechado por el ladrón para sacarle el arma reglamentaria. Para amedrentar a los clientes, que ya estaban pegados al suelo, pegó un tiro que impactó en el techo.

Sin la declaración de un testigo, que sería tío de uno de los imputados y habría detallado puntualmente durante la instrucción datos clave, la segunda jornada del debate por el asalto al blindado cerró sin involucrar a ninguno de los acusados en el delito. Todavía faltan más testimonios que darían un mayor panorama del asalto que, aunque duró poco más de un minuto, fue observado por muchos peatones y comerciantes de los domicilios aledaños al Regional. Quizás, estas versiones podrían confirmar “las escenas de Hollywood” que, el 26 de mayo de 2008, fueron volcadas por la prensa retratando el asalto más espectacular que tuvo Mendoza en los últimos años.
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16 de Abril de 2014|13:04
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