Deportes

Un viaje a la intimidad del DT

Maradona disfruta cada momento en la concentración y también se cobija entre los afectos que lo acompañan, aunque nunca fueron su fuerte, cumple los horarios a rajatabla; el cuidado del plantel, las cábalas, el truco y los picados.

PRETORIA.- "Con Benja se desespera", cuenta Claudia, mientras de fondo se escuchan los grititos de su nieto y se identifican, nítidamente, las voces de sus hijas, Dalma y Giannina. Como con Benja se desespera, a Diego Armando Maradona le gustaría estar allí, seguramente, en esa casa que comparten las mujeres Maradona y Cecilia, la esposa de Maxi Rodríguez, en el mismo country donde también están las familias de Samuel, de Burdisso, de Pastore, entre otras. Pero a esa hora, el mediodía después del triunfo contra Grecia, que catapultó a la selección hacia los octavos de final del Mundial, el DT argentino está encerrado en su búnker de la Universidad de Pretoria, ese lugar donde se está gestando una nueva -otra más, y van...- metamorfosis en su vida alucinante. 

Es más: es posible que a esa hora y en ese momento, tenga el gesto severo y reconcentrado que algunos de sus familiares y amigos le habían advertido durante una de las últimas jornadas de visita, después del partido contra Corea del Sur y antes del partido contra Grecia. "¿Te pasa algo?", le preguntaron. "No, nada, nada, es que estoy pensando cosas, tengo que hacer cambios y no me puedo equivocar? Es eso, nada más, sigamos, sigamos charlando?". 

Ahora acaba de ganarle a Grecia y seguramente su cabeza ya está ocupada en cómo y con quiénes jugarle a México. Lo que no va a variar el próximo domingo en el Soccer City, seguro, es su ritual previo a los partidos: esa recorrida tribuna por tribuna para detenerse en la que está su nieto: "¡Quiero verlo, que me vea!", les gritaba la otra noche en Polokwane, pero Benja se había dormido. Y como así, dormido, ha seguido la mayor parte de los partidos anteriores, lo mismo tendrá que suceder en el próximo, contra los mexicanos. Seguramente, Claudia lo tendrá sobre su falda, sentada pero feliz. No es la única cábala del grupo familiar, pero no todas se pueden revelar. Y tan puntual y riguroso es Maradona con ellas como con sus obligaciones profesionales y personales. Nunca han sido su fuerte los horarios, pero cuando está cómo está acá, los cumple a rajatabla: para un entrenamiento, obviamente, pero también para una conferencia de prensa. Y para cumplir con sus familias, también. En los días libres del grupo, la salida del HPC es hacia el country de Nicolson St, a sólo diez minutos de la concentración, donde lo esperan Vero, su novia; Heidi, su cuñada, Rufina, su suegra, entre otros. Luego, a la seis de la tarde, una combi lo traslada raudamente hacia el otro, donde están sus hijas, su ex mujer y su nieto. A las 9 de la noche, como todos, vuelve al búnker. 

Allí adentro disfruta todo, pero algunos momentos más. Prenderse en charlas futboleras, cargadas de recuerdos, con los jugadores, por ejemplo. Jugarse unas cuantas manos de truco con Enrique, Mancuso y Walter, su guardaespaldas, muchas veces filmadas por la camarita de Fernando Molina, yerno y jefe de prensa personal. Cerca espera Sergio, uno de sus dos secretarios -el otro, Gabriel, está en Buenos Aires-, atento a cualquier pedido. 

Se lo ve disfrutar, también, al final de los entrenamientos, cuando arma shows de tiros libres perfectamente consciente de que las cámaras de medio mundo lo están tomando. Y se ha hecho costumbre, en estos días de encierro, un picado nocturno que empieza al final de la práctica y cuando los jugadores a los que les toca están en plena conferencia de prensa. Allí, Diego se arma su equipo con Gustavo Piñero, el entrenador de arqueros, bajo los tres palos; Walter de último hombre, un medio campo ochentayseisosísimo con Enrique y Batista, más el aporte de Mancuso y Molina, que es rápido para llegar al gol, arriba. La otra noche se dio el gusto de sumar a Oscar Ruggeri, que también se dio el gusto, entonces, de estar adentro del predio (por segunda vez) y encima de ponerse la ropa oficial de la selección, porque el picado no se juega así nomás. ¿Si se enojó Julio Grondona? Lo último que se le escuchó decir al presidente de la AFA acerca de estas cuestiones fue: "Están bien, se los ve bien, está todo perfecto? No voy a hacer ni a decir nada que perturbe esa paz y esa tranquilidad". 

Uno de esos picados picantes se alargó tanto que las entrevistas que el DT de la selección había acordado con LA NACION Deportiva/canchallena.com, y también con Olé, sufrieron una postergación. Con la cara que la circunstancia imponía, Fernando Molina vino a informar la mala nueva y las disculpas del caso: "No quiere atenderlos apurados, le van a quedar 10 minutos y después se va a tener que ir a cenar. Están los familiares, quiere ver el partido de la noche?". Pero en la charla con él surgió una alternativa: "Lo esperamos", le dijimos. La experiencia maradoniana indica que hoy es hoy, pero mañana no se sabe. Así que valía la espera, aun cuando la sala de conferencias y la salita de entrevistas del predio, al ir vaciándose de gente se iba vaciando también de temperatura, al tiempo que desaparecía la amabilidad habitual de los guardias de seguridad. Recién cuando Diego apareció, sobre el filo de la medianoche, creyeron de verdad que aquel grupo de alucinados, abrigados dentro de una carpa y comienzo pizza como si estuvieran en una expedición a la montaña, de verdad estaba allí porque el DT de la selección había prometido que los atendería. 

Llegó acompañado por su guardia (más que nunca) pretoriana: Mancuso, Enrique, Walter, Fernando... Se lo veía feliz y distendido, pero también inflexible con algunas cosas: "A ver si hacemos un poquito de silencio, así nos concentramos en lo que hablamos acá", reclamó, ante cierto murmullo. Después, ya sobre el final, dejó claro por qué se lo veía tan bien allí: "La selección es 24 sobre 24. Acá no hay otra cosa para pensar. Tenés que pensar en los 23 que se están por ir a dormir ahora y tengo que pasar pieza por pieza a ver cómo están. Pero me encanta poder estar dentro, de la cancha, poder dirigirlos, poder ver cómo están todos, desde el numero uno hasta el 23". 

Seguramente al leer esa frase, a Dalma se le ocurrirá otra, que es la misma que ha usado cada vez que terminó cada uno de los tres partidos: "Verlo así, hermoso, nos pone muy felices a nosotras. Se nos pasa por la cabeza una película de todo lo que hemos vivido. Y no podemos evitar llorar?". 

El curioso caso de dirigir a...su yerno
Diego Maradona niega los favoritismos: "Se hablan boludeces [...]El Kun va a jugar cuando yo crea que tiene que jugar. Ni aunque me lo pida Benja lo pondría... No habla todavía, así que no me lo va a pedir".

 

(*) Información provista por canchallena.com. copyrigth 2010. LANACION  SA.

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