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La noche que la vuvuzelas sonaron a derrota

Con los tres goles uruguayos adentro y con esa cruel imagen televisiva que casi acusaba a esos espectadores que salían del estadio de Pretoria a los 81 minutos de partido, los sudafricanos pulsaron sus vuvuzelas con tono de tristeza.

Y una noche descubrimos que las vuvuzelas sirven también para hacer sonar melodías tristes. La zona de Sandton, en otra fría noche para ver y jugar al fútbol, con el termómetro de los autos marcando 2 grados a la hora del partido, concentró a los hinchas Bafana Bafana más distinguidos de Johannesburgo. Las reservas en los restaurantes con pantallas distribuídas por todo el local, la mayoría transmitiendo en HD, estuvieron completas desde una hora antes del comienzo entre Sudáfrica y Uruguay. Los Mundiales sirven entre otras cuestiones para perdonar las extendidas creencias de lo que es la mala educación: comer mientras se mira la tele.

Los sudafricanos más pudientes se encontraron en los restaurantes de Sandton donde comer cocodrilo, antílope y hasta los tiernos y queribles bambis no representa una excentricidad, sino parte de una dieta carnívora que no da tregua. A un kilómetro de Nelson Mandela Square el Fan Fest concentró a mucha gente invitada a padecer el fútbol en lugar de disfrutarlo. Pifió feo la FIFA con estos emplazamientos divertidos y convocantes cuando el Mundial se juega en verano. La oferta de ver el fútbol en comunidad al aire libre en plena noche cuando el aire frío hace trizas la cara es un pasaje directo al dolor. Pero los sudafricanos estaban dispuestos a celebrarlo todo y emponchados con los colores de su bandera no dudaron en ganar las autopistas para acercarse al predio.

 Noventa minutos más tarde, con los tres goles uruguayos adentro y con esa cruel imagen televisiva que casi acusaba a esos espectadores que salían del estadio de Pretoria a los 81 minutos de partido, los sudafricanos pulsaron sus vuvuzelas con tono de tristeza. Con un sonido largo y en solitario, como una hembra que acaba de perder su cría. Estaban decepcionados por la caída. Si el fútbol es además de un deporte una cuestión cultural, si el mandato de esa cultura obliga a buscar culpables luego de una derrota, los sudafricanos todavía no entienden el fútbol con esa deformación. No deja de ser una suerte.

Unos fueron dejando los restaurantes de Nelson Mandela Square, donde puede pagarse 60 dólares un buffet libre y otros salieron del Fan Fest con el pancho comido de apuro. Unos se subieron a sus autos de película de James Bond para ir a casa y otros se pusieron a orinar en las afueras el Fan Fest antes de buscar una combi en la que viajan diez personas con destino incierto. Todos hicieron sonar en sus vuvuzelas la más triste de las músicas: la que ambienta la derrota en el fútbol, con una goleada y una nación que a cinco días de haber empezado el Mundial siente que, a lo mejor, todo termina pronto.

Informe proporcionado por Canchallena.com
La Nación
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3 de Diciembre de 2016|08:22
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