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El miedo es más fuerte

El desarrollo de los cotejos viene siendo bastante plano y monótono. Hasta ahora no se produjeron alternativas en los marcadores. En siete encuentros, el conjunto que anotó el primer tanto se quedó con la victoria.

Ayer se cerró el cuarto día de competencia del Mundial y casi no hubo partidos que al espectador lo retuvieran en su asiento, que le hicieran postergar las ganas de ir al baño por temor a perderse algo importante o salir de un fuerte trance emocional que estuviera viviendo. No hubo mayores motivos para dilatar las necesidades fisiológicas. Y tampoco se lamentó aquel que alargó la interrupción con una pasada por la cocina y se quedó pensando qué agarraba con la puerta de la heladera abierta. 

Es cierto que no es prudente apresurarse ni ser catastrofista, ya que apenas se disputaron 11 de los 64 partidos. No se completó ni el 20 por ciento de la programación. Pero la primera impresión es que no pasaron cuatro años, que todo sigue siendo tan mediocre y plomizo como en Alemania 06. Sólo se convirtieron 18 goles (el único 0-0 fue Francia vs. Uruguay). Hay que agradecer la gran contribución de Alemania, dueña de casi un cuarto de esa torta con los cuatro que le hizo a Australia. La Argentina también podría haber aumentado la cosecha general de no haberse encontrado con un Enyeama que volaba como un gato de un palo al otro, o si hubiera afinado la puntería cuando el arquero de Nigeria no llegaba. 

Hasta aquí, el promedio es de 1,63 tantos por encuentro. Podría ser más bajo si al arquero inglés Green y al argelino Chaouchi no se les hubieran doblado las manos ante dos remates controlables. O si el lateral dinamarqués Simon Poulsen hubiera puesto bien la cabeza en el despeje que dio en la espalda de su compañero Agger. Pero bueno, el fútbol es, esencialmente, un juego de errores, y hay varios que se apresuraron a no contradecir esa máxima. Se necesitarán seleccionados más ambiciosos o con mayor eficacia para que el Mundial de Sudáfrica no quede como el más austero en festejos, por debajo de Italia 90, el peor, con 2,2 goles por partido. 

El desarrollo de los cotejos viene siendo bastante plano y monótono. Hasta ahora no se produjeron alternativas en los marcadores. En siete encuentros, el conjunto que anotó el primer tanto se quedó con la victoria. En otros tres, el que estaba en desventaja (nunca por más de un gol) alcanzó el empate. 

Los seleccionados aparecen atados, recelosos de que un primer paso en falso los lleve a hacer las valijas por adelantado. Hay más miedo a perder que ilusión y audacia para buscar la victoria. Todo está muy contenido y apretado. Como si estuvieran escrutando el ambiente, el campo y la gobernabilidad de la Jabulani. Esperemos que no se vaya el Mundial entero en este estado contemplativo. Por delante quedan los debuts de Brasil, España, Portugal y Chile para empezar a enderezar el rumbo. Ayer nos fuimos a dormir con el áspero 1 a 1 entre Italia y Paraguay, con dos goles de jugada con la pelota detenida. Ya era bien entrada la noche y los dos hicieron poco para que la gente quitara los ojos del plato de la cena. 

cmauri@lanacion.com.ar

Informe proporciondo por Canchallena.com
La Nación
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5 de Diciembre de 2016|09:42
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