Deportes

De gala y por otra leyenda

Maradona debutó como DT en un Mundial en el estadio donde empezó el mito de los Pumas; un primer paso emotivo y pasional.

JOHANNESBURGO.- Si en el mismo estadio donde se inició la leyenda de los Pumas, con aquella foto eterna de Pascual volando hacia el try, se inició también otra leyenda, la de Maradona DT, con su flamante traje gris en el borde del campo, sólo lo dirá el tiempo. 

Y en este caso, los plazos serán más cortos: el ciclo de Diego al frente de la selección en el Mundial acaba de dar el primer paso -de los que ojalá sean siete- y todo fue tan intenso que las imágenes de lo emocional y lo futbolístico terminan fundiéndose. Y tal vez puedan resumirse ambas caras en dos frases. 

Una, la emocional: "Muchas, muchas emociones. Estuve con mi nieto antes de empezar el partido, me tiraba besos con mi hija. Verlos a ellos y ver a tanta gente argentina, pero desde adentro de la cancha y siendo el técnico de la selección, es un sentimiento muy grande. Quiero agradecerle a la gente el apoyo: no olvidan a los que alguna vez hicieron un gol con la camiseta argentina. Pero es todo nuevo para mí: hay que tomar decisiones muy rápidas, estamos en un Mundial, donde todo pasa como un Fórmula 1 y donde, si le errás, te fuiste". 

Otra, la futbolística: "La falta de puntería a veces hace que bajes la guardia. Si nosotros, de cinco situaciones claras que tuvimos, hubiésemos hecho tres, estaríamos hablando de un partido brillante de la Argentina. Por eso no se puede hablar de momentos malos o buenos. Y eso les dije después del partido: el que perdona, habitualmente paga. Y nosotros, hoy, perdonamos". 

Dieciséis años después de aquella amarga despedida en la Copa del Mundo -y justo ante Nigeria-, como lo hizo antes de sus debuts como jugador en cuatro mundiales, Maradona llegó al Ellis Park para presentarse como entrenador sentado en el asiento delantero derecho del ómnibus que los trasladó desde Pretoria. Tenía los pies apoyados hacia arriba, en un gesto que, según contó, usaba para distenderse en sus tiempos de futbolista. Aquellos que, también según contó, vivía con más nerviosismo que ahora. Se bajó, serio y sereno, detrás de Bilardo. Y ante la pregunta -"¿Cómo salimos hoy?"- de una persona que no identificó como periodista, le mostró tres dedos. Pasó por el vestuario y salió a la cancha para empaparse del ambiente. Recorrió cada sector, saludando a los hinchas argentinos que lo ovacionaban, pero se detuvo en uno, donde estaba su nieto Benjamín y el resto de su familia. Vestía, todavía, su clásico jogging oficial, igual que cuando salió con los jugadores al calentamiento. Fue hablándoles a todos y con todos terminaba con una palmada. Terminó enganchándose en una serie de toques de primera, con Messi, con Mascherano? Y se fue caminando detrás de todo el grupo. 

Así volvió a la cancha, detrás de los jugadores, pero ahora para el partido. Y ahora de traje. "Me lo pidieron Dalma y Giannina", podría decir, aunque la frase suene reiterativa, porque así fue. El batallón de fotógrafos que espera a los equipos, esta vez lo esperaba también a él, plantado de espaldas a la cancha, de frente al banco. 

Vivió el partido en su corralito. La mayor parte, con los brazos cruzados, apretando en su mano izquierda un rosario. Y le dedicó tanto tiempo al cuarto árbitro, sentado a su derecha, a la altura del centro del campo, como a las indicaciones. A los 22 minutos aprovechó un córner que se demoraba para hablarle -y para escucharlo, más- a Verón. A esa altura del partido, su equipo había generado siete situaciones de gol, pero mostraba algunas dificultades en la generación de juego y algunos "errores no forzados" en defensa. Y a esa altura, claro, el gol de Heinze había marcado la diferencia: Diego pareció querer controlarse en el festejo, pero le duró un segundo; estalló, apuntó con las manos a Milito y giró: terminó, claro, adentro de la cancha, con sus jugadores. En ese momento y al final también, cuando los fue a buscar hasta el círculo central y los abrazó uno por uno. Fue el último en irse y se fue apretando los puños, con la mirada clavada en la platea donde estaba su familia. 

Reapareció en la conferencia de prensa envuelto en una nube de humo. Vestido otra vez de buzo, dejó su habano en el pasillo, pero el aroma entró con él a la sala. Traía en la mano una manzana, ya con un par de mordidas. La usó para hablar del hombre que más feliz lo había hecho en su debut, además del triunfo: "Yo a Messi lo quiero siempre cerca de la pelota. Mientras él se divierta, creo que todos nos vamos a divertir. Sacarle la pelota a Messi sería como sacarme esta manzana a mí, que tengo un hambre bárbaro". 

El hambre no se le nota; la tranquilidad, sí. El primer paso estaba dado. 

Tostao defendió el estilo menos contracturado 

• "Maradona, fumando un cigarro luego de un entrenamiento, dijo que saldrá desnudo por las calles de Buenos Aires en caso de ser campeón. Si eso ocurre, será una devaluación y una desmoralización de los entrenadores científicos, autoritarios y disciplinados. Eso puede hacerle bien al fútbol. [...] Messi, por ser tímido, nunca será un personaje tan paradigmático como Maradona." ¿Quién lo dijo? El ex futbolista Tostao, en el diario Folha de São Paulo.
 
DIXIT 
"Aunque Nigeria fue un rival duro, el resultado me pareció mentiroso: su arquero fue una de las figuras. Sabemos que hay que mejorar." 

Javier Mascherano 
"Erramos muchos goles y teníamos miedo de que nos empataran con algún contraataque. Con el triunfo nos sacamos los nervios." 

Carlos Tevez 
"Corea va a salir a jugarnos con todo, pero llegamos muy motivados. Con Nigeria no le acerté al arco, pero son cosas que pasan." 

Gabriel Heinze 
"El triunfo fue muy lógico. Ellos no tuvieron grandes situaciones de gol y la Argentina tuvo un montón. El primer tiempo estaba para ganar por más goles." 

Información provista por canchallena.com

Copyrigth 2010, LA NACION

 

Opiniones (0)
7 de Diciembre de 2016|19:26
1
ERROR
7 de Diciembre de 2016|19:26
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes