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Con mucho color, Sudáfrica recibió al mundo con una fiesta multiétnica

Con mucho color, Sudáfrica recibe al mundo con una fiesta multiétnica, sencilla, y de mucho colorido. Entrá y mirá las galerías de fotos.

JOHANNESBURGO.- El zumbido estruendoso de las vuvuzelas se llama a un silencio sobrenatural. Casi 100.000 personas se ponen de pie atónitas para recibir a un Mundial diferente, que desembarcó por primera vez en el continente más desfavorecido. Enclavado en Soweto, barrio símbolo de la resistencia, el gigantesco Soccer City observa azorado la ventana por la que Sudáfrica se expresa al Mundo. Una inesperada tragedia familiar no hace posible el ingreso triunfal de Nelson Mandela al corazón del escenario, el mismo sitio donde en 1990 entonó su discurso de unidad y libertad tras 27 en prisión. "Está aquí, es realidad", anuncian las dos pantallas de la cabeceras. El Mundial llega a África, y eso también es obra de Mandela en su eterna búsqueda de la reconciliación étnica. 

La voz del estadio inicia una cuenta regresiva y la multitud se suma en un griterío súbito. Pese a que el humor del tránsito no es el mejor, la gente apresura su paso y se instala en sus ubicaciones. Cinco aviones sobrevuelan el estadio y se teme lo peor: un atentando. Pero no. Es parte del show y de la puesta en escena. Alrededor de 1500 gimnastas y bailarinas ofrecen un espectáculo multicultural y multiétnico que es representativo no sólo de Sudáfrica, sino de todo el continente. Como lo refleja el árbol de la vida, vestido con los colores de los participantes africanos de raíz a tronco.

Comienzan los números de los mejores músicos y artistas. Es una celebración colorida, melódica y candente. Lejos de histrionismos, bien autóctona. Hay tambores, plumas, humo y pelotas. Blancos y negros tomados de las manos. Es la raza humana. Hay miles de sonrisas anónimas, hay un país que exhibe otro rostro, que apela a los más suyo para darle la bienvenida al mundo. En fila, cada país se representa en banderas. El mundo late a partir de la excusa de una pelota. Da la sensación que hoy es todo paz. Que el mundo luce unido. 

Es tiempo de retóricas. Dice Joseph Blatter, el hombre fuerte de la FIFA: "La Copa del Mundo está aquí". A su lado, está el presidente sudafricano, Jacob Zuma. Da la bienvenida y excusa la ausencia de Mandela y su familia. "Mandela envió un mensaje y dijo que el Mundial debe comenzar y que lo debemos disfrutar". Y agregó: "Este es el Mundial de un continente, de Africa. Nos llegó la hora".

La memoria es pródiga en escenas fuertes. Acompañan a Zuma desde los palcos los ex mandatarios Kgalema Mothlanthe y Thabo Mbeki. También De Klerk, el presidente blanco al que sucedió Mandela. La presencia de De Klerk es todo un símbolo. Está también Desmond Tutu, el premio nobel de la paz. 

Ahora, flamea intensa la bandera de Sudáfrica, la bandera multicolor, la que creó una nueva identificación. Archivado el Die Stem (la llamada), el himno nacional que vitoreaba la conquista blanca, miles de gargantas cantan emoc ionadas y trémulas el Nkosi Sikelele, el himno oficial de la liberación negra, escrito en lengua Xhosa. Fragmentos de la letra de la canción dice: "Dios bendiga a Africa/oye nuestros ruegos/ Dios, te pedimos que protejas a nuestra nación/Intervén y pon fin a todos los conflictos". Sudáfrica recibe al mundo con el legado de Mandela. La emoción y el simbolismo le abren ahora paso al fútbol. Comienza el Mundial.

 

(*) Información provista por canchallena.com. Copyrigth 2010, LA NACION SA.

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