Hoy, el escritor sos vos

Todos alguna vez escribimos un poema, un cuento o al menos una carta de amor con tímidas intenciones literarias. Por eso, hoy, en el Día del Escritor te proponemos compartir un juego literario: que ustedes, los lectores, y nosotros, escribamos un cuento on line, en tiempo real, bien 2.0.

Los 13 de junio han pasado muchas cosas. Por ejemplo, en 1525 Martín Lucero contrajo matrimonio con la monja Katharina von Bora, rompiendo el celibato;  el astrónomo David Fabricius observó por primera vez las manchas solares en 1611; en 1934 Hitler y Mussolini se reunieron en Venecia  y en 1983 el Pioneer 10 se convirtió en el primer objeto fabricado en la Tierra en abandonar el Sistema Solar.

Los 13 de junio nacieron muchas personas, algunas de las cuales llegaron a ser grandes escritores, como la autora estadounidense Harriet Beecher Stowe (1811); el poeta irlandés William Butler Yeats, Nobel de Literatura (1865); el novelista español Gonzalo Torrente Ballester (1910) y el paraguayo Augusto Roa Bastos (1917).

Y como es lógico, también los 13 de junio, millones de personas pasaron a la historia, entre ellos, Alejandro Magno (323 a.C.), Mijail Bakunin (1876), Benny Goodman y Jorge Luis Borges, ambos en 1986.

Argentina eligió el día del nacimiento de Leopoldo Lugones –el 13 de junio de 1874- para celebrar el Día del Escritor.

Todos alguna vez escribimos un poema, un cuento o al menos una carta de amor con tímidas  intenciones literarias. Por eso, hoy, en el Día del Escritor queremos que el escritor seas vos y te invitamos a escribir con nosotros.

Para eso te proponemos compartir un juego literario: que ustedes, los lectores, y nosotros, escribamos un cuento on line, en tiempo real, bien 2.0.

La propuesta es esta: cada lector puede escribir sólo UNA línea de texto; el lector siguiente debe continuar la idea del relato usando al comienzo de su frase la ÚLTIMA PALABRA del comentario inmediatamente anterior.

Otra vez: escriban sólo una línea de texto; el comentarista que sigue debe continuar el relato comenzando con la ÚLTIMA PALABRA del texto que lo antecede.

Veamos qué se nos ocurre entre todos. Animate y escribamos el cuento.

Empezamos con esta frase:

Él no quería contarle su secreto…

Patricia Rodón

¿Qué sentís?
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Opiniones (31)
7 de Diciembre de 2016|09:22
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7 de Diciembre de 2016|09:22
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  1. Estimados lectores. El cuento ha perdido el rumbo porque NO atendimos la consigna principal. Pero vale la pena el intento. Estamos asï: Él no quería contarle su secreto, el secreto que había mantenido durante más de 20 años. Años y años con ganas de gritarlo a los cuatro vientos, en cambio, eligió callar ya que sabía que diciéndolo iba a causar mucho daño porque temía que al hacerlo develara su más profundo temor que lo persigue como monstruo sagrado, grita en su interior hasta volverlo loco. Años, era ya carne de su carne, hueso de sus huesos, pan de cada dia. Cada día volvía a su mente aquella noche espesa en la que selló a fuego un pacto con ese ángel de mirada esquiva como una mínima lluvia otoñal y despareja. Un pacto que sabía tenía que cumplir. No tenía forma de escapar. ¿Angel o demonio? ¿Será ese su gran secreto? Era un ángel de persona, pero pronto se convirtió en un demonio al clavarle cuchillo casi sin pestañear. La esfera de la vida volvía a ponerlo frente a frente con aquel momento en el que sintió temor. Miedo profundo. Terror abyecto. Hasta que se decidió. Y borró a Freddy de su Facebook sin dejar de sentir terror por aquella cita inolvidable en la cual sucumbió bajo los efectos del alcohol. Fue lo que intentó hacer creer. ¡Su secreto no lo develaría jamás! La única persona que lo sabía había muerto. Su vida no tendría paz. Pero la conciencia no se borra con un simple click. La culpa, esa fiel amante de la conciencia en sueños manifestaba sus alaridos. Él no quería contarle su secreto, y sentado frente a la ventana, Christopher arrojó varias monedas sobre la tabla corroída de su mesa, para pagar el menú que había compartido con Avi. Luego, se reclinó sobre el respaldo de su silla y saboreó lentamente el último trago que quedaba en su copa. La posibilidad de deleitarse con semejante bealdad y pensar en ella como esposa era, sin duda, motivo de alborozo. Siempre y cuando se aclaren antes las dudas sobre su forma de hacer panqueques, siempre los hace dulces. ¿Por qué nunca uno salado? Simplemente, no lo sabía. O no lo quiso demostrar, él dejaba pistas de cada noche en pie, de cada noche soñando sueños despierto no sabía que el secreto de olvidar era simplemente no recordar. Recordar, olvidar, culpa, traición, vida, muerte en doble click. Todo era lo mismo. Y después está la sociedad, la que te señala con el dedo encendido de ira cuando uno decide pensar, la que te felicita si sos políticamente correcto, y te patea si tenés la osadía de contradecirla. "Esa" sociedad, si sabe de mi secreto, me cruficicará y me expondrá en el golgota mediático. Y por si esto no fuera suficiente, estoy yo, en mi pequeñez infinita, en mi cobardía supina, paralizado tratando de fingir que nada ha sucedido, escondiendo mis gestos corporales que gritan desgarrados, transformados en cuidadas poses y monosílabos, en caras que no dicen nada, como si fuese posible que nadie pudiera ver más allá de la piel del otro, ¡qué ingenuo..! Nunca pensó que la culpa fuera tan fiel, tan traicionera, siempre detrás de cada espejo. Cómo saltar de enlace a enlace, si siempre aparece, en cada sitio de espera, ese rostro que se relame y regodea, cada vez que confirma que sigue provocando la misma ansiedad inicial, la del día en que nació el secreto. Borges, quizás, estaba detenido frente al almacén de la esquina rosada, mirando tras la neblina al hombre con puñales. Anselmo iluminaba estrellas mientras volvia a la finca. Silbaba bajito para no escuchar tanta oscuridad. - ¿Y ahora? -se preguntaba dolorosamente-. Y ahora ¿qué les diré cuando llegue a las casas ? Ella lo despidió desde la ventana de su casa, agitando su mano y soteniendo la cortina con la otra. Él, todavía incrédulo, espectante y despojado de toda seguridad, la miró directamente a los ojos mientras frenaba su vehículo. En ese momento lo supo: era el final de una larga agonía y el principio del resto de su vida.
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  2. Ella lo despidió desde la ventana de su casa, agitando su mano y soteniendo la cortina con la otra. Él, todavía incrédulo, espectante y despojado de toda seguridad, la miró directamente a los ojos mientras frenaba su vehículo. En ese momento lo supo: era el final de una larga agonía y el principio del resto de su vida.
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  3. Anselmo iluminaba estrellas mientras volvia a la finca. Silbaba bajito para no escuchar tanta oscuridad. - Y ahora? -se pruguntaba dolorasmente- Y ahora...que les diré cuando llegue a las casas ?
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  4. (sobre todo por la buena onda)de parte de Freddy
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  5. evan, ya lo puse de nuevo. Era otro Freddy. Me retiró avergonzado (Y ahora que se viene el Día del Libro, Rodón debería coordinar toda la historia)
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  6. Borges ,quizás , estaba detenido frente al almacén de la esquina rosada ,mirando tras la neblina al hombre con puñales
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  7. Nunca pensó que la culpa fuera tan fiel, tan traicionera, siempre detrás de cada espejo. Cómo saltar de enlace a enlace, si siempre aparece, en cada sitio de espera, ese rostro que se relame y regodea, cada vez que confirma que sigue provocando la misma ansiedad inicial, la del día en que nació el secreto.
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  8. Y perdon Patricia.... ahi va lo mio: Y después está la sociedad, la que te señala con el dedo encendido de ira cuando uno decide pensar, la que te felicita si sos políticamente correcto, y te patea si tenés la osadía de contradecirla. "Esa" sociedad, si sabe de mi secreto, me cruficicará y me expondrá en el golgota mediático. Y por si esto no fuera suficiente, estoy yo, en mi pequeñez infinita, en mi cobardía supina, paralizado tratando de fingir que nada ha sucedido, escondiendo mis gestos corporales que gritan desgarrados, transformados en cuidadas poses y monosílabos, en caras que no dicen nada, como si fuese posible que nadie pudiera ver más allá de la piel del otro, ¡qué ingenuo..! Bueno, hasta aqui llegué, gracias Patricia por permitir que abramos la cabeza aunque sea por un instante.
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  9. Estimados lectores. El cuento va así de momento: Él no quería contarle su secreto, el secreto que había mantenido durante más de 20 años. Años y años con ganas de gritarlo a los cuatro vientos, en cambio, eligió callar ya que sabía que diciéndolo iba a causar mucho daño porque temía que al hacerlo develara su más profundo temor que lo persigue como monstruo sagrado, grita en su interior hasta volverlo loco. Años, era ya carne de su carne, hueso de sus huesos, pan de cada dia. Cada día volvía a su mente aquella noche espesa en la que selló a fuego un pacto con ese ángel de mirada esquiva como una mínima lluvia otoñal y despareja. Un pacto que sabía tenía que cumplir. No tenía forma de escapar. ¿Angel o demonio? ¿Será ese su gran secreto? Era un ángel de persona, pero pronto se convirtió en un demonio al clavarle cuchillo casi sin pestañear. La esfera de la vida volvía a ponerlo frente a frente con aquel momento en el que sintió temor. Miedo profundo. Terror abyecto. Hasta que se decidió. Y borró a Freddy de su Facebook sin dejar de sentir terror por aquella cita inolvidable en la cual sucumbió bajo los efectos del alcohol. Fue lo que intentó hacer creer. ¡Su secreto no lo develaría jamás! La única persona que lo sabía había muerto. Su vida no tendría paz. Pero la conciencia no se borra con un simple click. La culpa, esa fiel amante de la conciencia en sueños manifestaba sus alaridos. Él no quería contarle su secreto, y sentado frente a la ventana, Christopher arrojó varias monedas sobre la tabla corroída de su mesa, para pagar el menú que había compartido con Avi. Luego, se reclinó sobre el respaldo de su silla y saboreó lentamente el último trago que quedaba en su copa. La posibilidad de deleitarse con semejante bealdad y pensar en ella como esposa era, sin duda, motivo de alborozo. Siempre y cuando se aclaren antes las dudas sobre su forma de hacer panqueques, siempre los hace dulces. ¿Por qué nunca uno salado? Simplemente, no lo sabía. O no lo quiso demostrar, él dejaba pistas de cada noche en pie, de cada noche soñando sueños despierto no sabía que el secreto de olvidar era simplemente no recordar. Recordar, olvidar, culpa, traición, vida, muerte en doble click. Todo era lo mismo.
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  10. O no lo quiso demostrar, él dejaba pistas de cada noche en pie, de cada noche soñando sueños despierto...no sabía q el secreto de olvidar era simplemente no recordar...
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