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La hora pico del Mundial

El complicado sistema de transporte de Johannesburgo hace temer dificultades en el acceso a los partidos; en la FIFA creen que las tribunas de los estadios podrían estar vacías en el comienzo de los encuentros por el intenso tráfico .

JOHANNESBURGO.- Para usar el transporte público hay que hacer un curso de mímica. Si cuando pasa el "taxibús" usted levanta el índice derecho, el chofer parará sólo si va a Soweto. Cruce el brazo en el pecho, haga una vivorita con la mano: estará indicando que su destino es Sandton. Arquee la palma como para agarrar una bocha: directo a Alexandra. 

Son miles de combinaciones. Pero hay que estar seguro de entenderlas si uno quiere subir a esas combis blancas, todas iguales y sin carteles, que en las horas pico convierten en una masa inamovible las vías de la ciudad. La diferencia entre hacer una T y una L invertida implicará ir a Parkhurst o Tembisa. Algo así como terminar en González Catán cuando se quería ir a Martínez. 

Tal vez ningún hincha que venga al Mundial se aventure en un taxibus, pero para el gobierno de Sudáfrica se han convertido en un dolor de muelas casi hasta el día del pitazo inicial. Sólo anteayer pudo acordar con los dueños de las combis sacar de circulación durante el torneo 585 coches que prestan servicios entre Ellis Park, en el centro, y el Soccer City, en las afueras de Soweto, donde mañana se abre el juego. 

Hay terror en las autoridades sudafricanas y en la FIFA de que los partidos empiecen con tribunas vacías, mientras colapsan las calles y autopistas que atraviesan Johannesburgo, la sede más activa. 

El acuerdo con los "taxistas" trajo algo de alivio, pero la alarma sigue encendida: ayer, cuando las calles de la ciudad explotaron de fervor con el "día de la vuvuzela", moverse en auto se convirtió en una utopía. Las autopistas -casi todas aún en obra- se taponaron de norte a sur, en medio del cornetazo interminable. Los sudafricanos quieren vivir en Mundial en la calle, entren o no al estadio. 

En zonas residenciales de la ciudad se leen carteles luminosos con un ruego: "Por favor, si va al partido salga con tres horas de anticipación". En una esquina de Illovo otro sport ponía ayer: "Si no tiene tickets, trate de no circular en horario de partidos". 

El déficit del transporte ha preocupado a la FIFA desde que decidió organizar el Mundial en Sudáfrica. En Johannesburgo, la mayor ciudad del país, circulan 1 millón de autos particulares al día, entre las combis blancas que monopolizan el traslado de trabajadores entre las zonas céntricas y los townships. 

Se puso en marcha un moderno sistema de colectivos rápidos, pero chocó con la resistencia de los taxistas, a los que se acusa de armar mafias capaces de paralizar la ciudad. Una prolongada huelga descolocó los nervios del gobierno de Jacob Zuma. El acuerdo del martes incluye sacar de circulación gran parte de las combis a cambio de acciones para los dueños de taxis en la empresa mixta que manejará los nuevos buses. 

El otro megaproyecto para el Mundial fue el Gautrain, un tren rápido de Pretoria al aeropuerto de Johannesburgo. El proyecto se inauguró anteayer pero sólo en un tramo, del lujoso suburbio de Sandton al aeropuerto, y después de haber gastado 3200 millones de dólares, el triple de lo previsto. Al ministro de Obras Públicas le caen críticas que harían ruborizar a Ricardo Jaime. 

Pero al menos el primer tren bala africano funciona. Entrar a la estación Sandton es teletransportarse a Japón, salvo que en vez de orientales se ve a miles de sudafricanos blancos haciendo cola para probarlo y a otros tantos sudafricanos negros en puestos de venta, custodia y asesoramiento. El bólido sale a 160 por hora y tiene una primera parada de diseño futurista en medio de Alexandra, un pobrísimo barrio de casillas de chapa y calles de tierra. Siguiente: aeropuerto. Tiempo total: 16 minutos. Por tierra, puede tardarse 1 hora y 20. 

El viaje cuesta 100 rands (50 pesos). Una fortuna para cualquier trabajador pobre sudafricano, que, de todos modos, difícilmente necesite hacer el trayecto entre el barrio blanco más rico del norte de la ciudad y el aeropuerto. 

La clase trabajadora tiene su tren: el que une Soweto con el centro. Es fácil de imaginar. Como el Sarmiento en hora pico, con gente colgada del estribo y peligro constante de robo. En la gigantesca estación Park hay carteles que invitan a los turistas a no subirse. El boleto sale entre 2 y 5 rands. 

La decadencia de ese tren hizo nacer el informal sistema de minitaxis en los años 80. Hacían trayectos fijos e inventaron el idioma de señas porque de poco servían los carteles: la gran mayoría de los usuarios no sabía leer. 

A las 16, la hora pico, subirse a una de esas combis en las que se hacinan 14 personas es un pasaje a ningún lugar. Por 10 rands, el cliente se quedará quieto minutos y minutos, con la sensación de que llegaría antes a pie. Del centro a Soweto puede tardarse 2 horas (son 20 kilómetros). 

Al hincha argentino que pretenda ir a la cancha más le vale ser precavido. Podrá ir en un "taxi de reloj" si lo llama desde el hotel con antelación (acá no circulan por la calle como en Buenos Aires). O animarse a la aventura

de parar una pintoresca combi blanca. Si se sabe las señas, genial; si no, puede terminar alentando al equipo equivocado. 

(*) Información provista por Canchallena.com 

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3 de Diciembre de 2016|11:02
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