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También están los hinchas buenos

En un hostel se alojan los simpatizantes que llegaron a Sudáfrica de manera genuina, sin beneficios; detalles y anécdotas de un viaje lleno de ilusión y también de ahorro permanente.

PRETORIA.- "¡Olé olé olé, olé olé olé olá, oooohhh Argentina, es un sentimiento, no puedo parar...!" El quincho del Hostel 1322 International Backpackers, preparado para disfrutar de un sábado luminoso, adquirió un tinte futbolero con el cántico de los huéspedes argentinos, mientras se preparan para una jornada de asado. El estribillo sale pausado y profundo, va incrementando su significado y sonoridad a medida que se acercan los brasileños. Una estrofa que es habitual cuando se trata de aglutinar un sentimiento alrededor de una importante causa deportiva, como es la que está a punto de afrontar el equipo argentino, concentrado a apenas unas cinco cuadras del lugar.  

Del lado de afuera de un portón de rejas marrón, se espera la autorización de Yzelle para ingresar en el hostel ocupado con mayoría de argentinos. Se debe esperar que abra Tim, un afrikáner de poco hablar. Una vez dentro, en el parque la escena se repite: banderas argentinas y algunas brasileñas, desordenadas alrededor de una pileta que en verano hubiera sido bien aprovechada. Diferentes idiomas, mucha gente, piezas con cuchetas en las que constantemente cambian sus ocupantes. Y con la atención de Monique e Yzelle -madre e hija, dueñas del hotel- puesta en que nada se salga de su cauce, mientras que los hinchas-turistas sólo piensan en que comience el Mundial. Enfundarse en sus colores, trasladarse hasta los estadios, estar cerca de la selección y lejos de los violentos. Es la crónica de los que llegaron aquí como consecuencia de sus ahorros, de su trabajo. Impulsados por el sentimiento de hinchas, los genuinos, los que sanamente alientan, sin violencia, los que viven el fútbol y no del fútbol.   

Sol y mucha pasión. Camaradería. Calor. Cerveza. Barbacoa. La confirmación de que Sudáfrica 2010 es, principalmente, para los hinchas que se encomendaron a la aventura de acompañar a su seleccionado por todo el territorio de este país, en el que en tiempos del apartheid los negros y los blancos no podían vivir en las mismas zonas de las ciudades. Sin dudas, resabios quedan y, aunque Pretoria es un lugar apacible, las medianeras del hostel impresionan con sus alambres electrificados. Por eso Monique colocó varios carteles para que los argentinos no cuelguen sus banderas allí.  

El grupo, integrado por Alfredo Ciocca (padre e hijo), Sebastián y Juan Manuel Ariceta (hermanos) y Pablo Battistin, está alojado en el ala principal del hostel y su bandera con los colores celeste y blanco cuelga como cortinado en el ventanal de vidrio que hace de puerta en la habitación para cinco que contrataron a 18 dólares por persona.  "El precio va cambiando con el paso de los días. Una vez que arranca el Mundial nos cobran 25, en la mitad va andar por los 35 y si llegamos a la final el precio que debemos abonar es de 40 dólares", comenta Alfredo Ciocca, que junto con su padre vino desde Álvarez, Córdoba.  

"Son muchos los argentinos que nos llamaron para reservar sus lugares. Es más, tuvimos que agregar plazas a las que habitualmente tenemos disponibles. Durante el Mundial, tenemos todo ocupado, algo que no suele suceder para esta fecha del año. La Copa del Mundo es genial para nosotros. No sólo en el aspecto económico, sino para conocer y estar en contacto con otras culturas", cuenta Monique, una de las dueñas del hostel, mientras le alcanza los elementos de cocina a uno de los hermanos Ariceta, que mete el cucharón en un estofado humeante, de pollo, que impregna de olor buena parte de la casa con techos a dos aguas.  

En otra habitación, con paredes construidas de chapa y con una altura de 2,10 metros, se encuentran Santiago Orengo, de Caballito; Juan Simón Cedrón, de Salta, y Fabricio Rinaldi, de Mendoza, a quien en un supermercado de Pretoria lo confundieron con un jugador del seleccionado. "Todos los empleados dejaron de trabajar y se vinieron a sacar fotos conmigo. Fue una situación muy graciosa, el gerente salió de su lugar a ver qué pasaba", relata Fabricio mientras muestra la grabación de la escena risueña vivida en el supermercado del shopping Hatfield Plaza, sobre la avenida Burnett St, que termina en el portón de ingreso de la universidad de esta ciudad, donde se concentra el seleccionado.  

Lejos del centro están estos hinchas de estilo nómade, que entre un partido y otro tienen pensado recorrer distintos lugares y hacer los tan promocionados safaris. Es día de asado en la "barbacoa", como la señala Yzelle, la otra propietaria del hostel. El reloj señala que faltan cinco minutos para las 12 y es hora de encender el fuego. Delante de los ojos, la carne que se consigue por estos lados, con cortes totalmente diferentes a los de nuestro país. También hay chorizos, pero en forma de rueda. Infaltable, un buen vino sudafricano, "altamente recomendable", asienten los argentinos. Es tiempo de correr y guardar las banderas que muestran la identificación con la patria. No sea cosa que se prendan fuego con las brasas que empieza a hacer el salteño Cedrón, que también trabaja para FM Ya, de su provincia. Se cuenta una decena de afiches mundialistas. Hay colores y adornos africanos. La Copa del Mundo no pasa indiferente en ninguno de los comercios de esta ciudad. "Venir de esta manera es mucho más barato que hacerlo a través de un paquete común. Cuando comencé a recorrer las agencias, entre los vuelos, los partidos, el hospedaje y los safaris, me pidieron alrededor de 15.000 dólares. Yo, con todas las entradas, menos la de la final, y recorriendo Sudáfrica y llegando hasta Mozambique, calculé que voy a gastar 5000 dólares, aproximadamente", comenta Santiago.    

El desfile de huéspedes es incesante dentro del hostel. La mayoría son argentinos, pero también hay brasileños y una pareja de ingleses. Víctor, que vive y es fanático de Santos, y Santiago fueron protagonistas del clásico sudamericano que se jugó en la puerta del predio donde está alojada la selección. "Hubo un gol polémico, que no nos cobraron, que era nuestro empate, pero al final perdimos 2-1", relata Santiago. "Pero estuvo muy bueno, y sirvió para conocernos mejor. Nos hicimos buenos amigos. Yo hincho para Brasil; ellos, por la Argentina, pero acá somos hermanos", agrega Víctor, que llegó con cuatro amigos de San Pablo. Yzelle también toma partido en el duelo: "Conviven con un fanatismo admirable por sus países. Los dos son amigables, pero se nota que los argentinos son pasionales. El único problema es que hablan muy fuerte, pero compensa con su espontaneidad".  

Cada cual lo vive a su modo. La fiebre del Mundial que está por comenzar lo permite.  

  • ...y hasta Clemente apareció en las banderas
    También en la Universidad de Pretoria, gente de Campana colgó una bandera con la cara de Clemente y la firma del club Villa Dálmine. Además se presentaron hinchas que llegaron de San Luis, San Juan, Mendoza y de Córdoba, todos con sus banderas y unidos con el mismo canto, el "¡Vamos, vamos Argentina!".

De Maradona al "Che" Guevara...  

Unos chicos de Rafaela colgaron en la puerta de la Universidad de Pretoria una bandera argentina con las caras de Maradona y el "Che" Guevara.  

Información provista por canchallena.com

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