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Para Messi, es tiempo de avanzar

Ahora que el exitismo desespera por encumbrar a otro personaje, el rosarino vuelve a concentrar la atención de todo. La historia, generosa, vuelve a darle otra oportunidad a la Argentina.

PRETORIA.- En los primeros días de agrupamiento de los jugadores del seleccionado en el predio de Ezeiza, Diego Maradona se encontró con la primera sorpresa por parte de Lionel Messi. Bajó de su camioneta como lo hace cualquier futbolista, con un par de botines en una mano y con un bolsito pequeño en la otra. Pero lo hizo dos días antes de lo habitual, pues tenía permiso para contar con un tiempo más de licencia después de una temporada que lo volvió a tener como gran protagonista de la campaña de Barcelona, que culminó con la obtención de la Liga española en la última fecha. 

Aquellos primeros días de convivencia del equipo argentino influyeron en la vida íntima del plantel, que encontró el punto justo para mostrarse y hacerse ver como lo que de verdad parece ser: un grupo. Puertas adentro del predio de Ezeiza se entusiasmaban de cómo Messi se presentaba a las prácticas. El mismo que en el final de las eliminatorias llegó a pensar que era un estorbo para el seleccionado, se entrenaba sin ponerle límites a sus ganas. 

Y entendió sin problemas cuando Maradona decidió preservarlo ante Canadá, el 24 de mayo pasado, en la goleada por 5-0 de la despedida del público argentino en el Monumental. 

Más allá de si juega con éste o con aquél, si se mueve por la derecha o por el centro? la búsqueda de Messi pasa por otro lado. Desde estas mismas líneas se vienen describiendo los cambios que últimamente se han dado en el seno íntimo del seleccionado, allí donde la Pulga parece haber encontrado un protagonismo diferente del que tenía hasta ahora. Rompió las ataduras para instalarse con otro protagonismo. Ese que le permitieron sus compañeros de más experiencia y que avaló el cuerpo técnico. Las gambetas, los toques de distinción, las pegadas de calidad, la velocidad y la eficacia son cuestiones que deslumbran a sus compañeros. Pero mucho más los ilusiona por lo alegre, motivado, suficientemente abierto, poco misterioso que se muestra dentro y fuera de la pieza N° 10 que comparte con Verón en el búnker de Pretoria. 

Ahora que el exitismo desespera por encumbrar a otro personaje, el rosarino vuelve a concentrar la atención de todo. La historia, generosa, vuelve a darle otra oportunidad a la Argentina. A Messi y a sus compañeros. Al técnico y a sus colaboradores. A los dirigentes. A todos. Hoy está en el lugar de actor estelar y está más expuesto que hace cuatro años en Alemania 2006. Si al seleccionado le va bien, será el gran responsable. Si le va mal, también lo ubicarán en la misma categoría. Lo sabe y asume. Para él es tiempo de avanzar, de concentrarse en lo que viene y de construir. Tan simple como eso. 


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