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Conocé la historia del golfista millonario que cambió la forma de ver el deporte

Walter Hagen, con 11 títulos figura sólo detrás de Nicklaus y Tiger entre los ganadores de majors; llegaba a los torneos en limusina y jerarquizó a los profesionales.

En el recorrido de los personajes del golf es imposible soslayar a Walter Hagen (1892-1969). Fue uno de los grandes showman de este deporte, un extravagante, una suerte de príncipe romántico que cautivó al público y a sus compañeros con su garbo, solidaridad e instinto ganador. Lo llamaban "Sir Walter" y "The Haig". Dejó su impronta de celebridad colorida, característica que por momentos eclipsó hasta la calidad de su juego. Se convirtió en el primer profesional del mundo por tiempo completo y, aseguran muchos, el primer atleta en la historia en obtener un millón de dólares en premios. 

Ganó con tanta frecuencia y con un estilo tan atildado que el resto de los golfistas de su época empezó a gozar de otro status social. Gracias a él y a su popularidad, de a poco se disiparon los aires de exclusividad de este deporte, que sólo le daba cabida a los amateurs ricos. Arnold Palmer, otro gran demócrata del golf, le confió en una cena de honor: "Si no fuera por usted, Walter, la comida de esta noche sería abajo, en la tienda de golf, no en el salón de baile". 

Con 11 majors, es el tercer profesional con mayor cantidad de títulos de Grand Slam en la historia, detrás de Jack Nicklaus (18) y Tiger Woods (14). Fue el primer norteamericano-nativo en imponerse en un Abierto Británico (1922). Pero el impacto de este hombre en el golf rentado fue mucho más allá de los torneos que se adjudicó. Era una estrella que manejaba cantidades asombrosas de dinero por participar en cientos de exhibiciones y gastaba esos dólares (US$ 1000 por presentación) de manera libre y despreocupada. Recorrió los Estados Unidos y el mundo en una caravana de automóviles, con maletas llenas de efectivo. Era de brindar fiestas en los mejores hoteles y repartir champagne para celebrar sus victorias. 

Durante la década del ‘20, el éxito de Hagen resultó decisivo para que los profesionales asomaran sus cabezas y se negaran a seguir aceptando un trato de segunda clase. Hasta entonces no estaban autorizados a utilizar los vestuarios de los clubes exclusivos. De hecho, eran considerados casi sirvientes, sobre todo en Inglaterra. Pero cuando Hagen actuó en el Abierto Británico de 1922 en el Royal St. George’s reaccionó en forma elocuente: contrató una limusina marca Austro-Daimler y, desafiante, la estacionó en frente del Club House, allí donde los animadores de los torneos tenían vedado el acceso. Dentro del vehículo se cambió de ropa y hasta comió, lo que incomodó a los organizadores. Ese mismo año, él y George Duncan, profesional británico, aseguraron que boicotearían el Abierto de Francia, a menos que a los jugadores se les facilitaran los camarines. Terminaron ganando largamente la pulseada, ya que los promotores del certamen necesitaban golfistas de su calibre para atraer al público. 

Además de esos gestos maravillosamente humanos, Hagen fue considerado el más grande jugador de match de todos los tiempos. Ganó 22 duelos mano a mano seguidos a 36 hoyos en la gira de los Estados Unidos y 32 de 33 en ocho años, entre 1921 y 1928. Padecía un errático juego largo por su swing exagerado, pero a la vez tenía una increíble habilidad para recuperarse con el aproach y putt. Hagen solía sostener: "Tres tiros malos y uno bueno siguen sumando 4". A propósito de aquella frase-slogan, viene a cuento el match a 72 hoyos que le ganó a Bobby Jones en 1926. Luego de la derrota, Bobby no contuvo la frustración: "Cuando un jugador erra el drive, el segundo tiro, y luego gana el hoyo con birdie, uno no puede más que cabrearse". 

"The Haig", que ingresó en el Salón de la Fama en 1974, mostraba una actitud modelo; apenas se le adivinaba alguna bravuconada entre su habitual serenidad. Entendió a la perfección la psicología de este deporte: el único golpe que importa es el siguiente. Antes del tee de salida acostumbraba decir: "Espero cometer siete errores en la vuelta. Por lo tanto, cuando haga un mal tiro, sólo será uno de los siete". Nunca se quejó de un bajón durante una ronda. Tal vez por esa actitud, siempre parecía encarrilado en la buena senda del juego. 

Su filosofía en el golf se extendió a su vida en general. Nacido en Rochester, Nueva York, el 21 de diciembre 1892 e hijo de un herrero, Hagen tuvo un origen bien modesto y comenzó como caddie. Igual, siempre estuvo resuelto a vivir a lo grande. "Nunca quise ser millonario, sólo quise vivir como uno de ellos", señaló años antes de su muerte. A pesar de su imponencia física, su cabello negro liso, su indumentaria siempre impecable y su poderío económico, ofrecía un rostro imperturbablemente amable. También incursionó triunfal en el diseño de palos: le puso su nombre y el sello de "Haig Ultra" a los hierros de la marca Wilson. En este aspecto, el comercial, también competía con Bobby Jones, que hacía un trabajo similar para la compañía Spalding. 

Gene Sarazen, uno de los contemporáneos, colocó en palabras el legado de este inolvidable exponente: "Todos los profesionales deberían pronunciar un silencioso agradecimiento a Walter Hagen cada vez que extienden un cheque entre sus dedos. Fue Walter quien hizo al golf lo que es hoy en el profesionalismo". 

Fuente: Canchallena

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