Bicentenario: las fiestas del pueblo

La laureada escritora mendocina Liliana Bodoc nos hizo llegar uno de sus admirables textos que tiene como tema central la fecha patria que conmemoramos.

Tal vez sea bueno recordar la diferencia esencial que existe entre las fiestas del pueblo y el circo romano.

El embrutecimiento nada tiene que ver con la alegría y, en cambio, la alegría mucho tiene que ver con la decisión de trascender nuestra pequeña historia personal.

“Como una fiesta… Todos sabemos que habrá fiesta un determinado día, y en aquel lugar. Lo sabemos con anticipación, y nos preparamos para asistir y encantarnos y estar alegres. La fiesta no se explica de otro modo que por las ansias sumadas de muchos que creen en ella“

Las fiestas del pueblo guardan mucho del rito y, por eso, conectan a las sociedades con su capacidad de soñar

“Nosotros vemos que el dolor llega cuando se abandona el rito y se olvida el poder del sueño. Primero sueñan los niños, que lo hacen a través del estómago. Luego sueñan los hombres jóvenes a través de los pies y las manos; luego sueñan los ancianos, que lo hacen a través de la frente. De los tres sueños, sueño del que siente, sueño del que obra, sueño del que sabe, nace el mundo“

Las fiestas del pueblo recuperan el sentido y la fuerza del colectivo

“Los hombres, la multitud de hombres simples y desvalidos, jamás podrían mover el mundo creyéndose solos. Se aniquilarían en el desamparo de su pequeñez y su fugacidad. Todas las revoluciones requieren de ese prodigio.  Porque, ¿qué otra cosa es un gran general al mando de un ejército muchas veces menor que su enemigo? Ese general no es más ni menos que el prodigio cabalgando delante de unos hombres que, de ese modo, olvidan la pequeñez del solitario, recobran la intrepidez de la especie, y hacen posible la victoria“.

Celebrar con toda el alma el Bicentenario de la Revolución de mayo puede recordarnos que también nosotros, en esta nueva coyuntura histórica, podemos ser capaces de leer las señales eternas que guiaron al hombre a través de la tierra y del tiempo.

Las fiestas del pueblo nos dejan sedimento de héroes. Por lo que dure el canto, nos sentimos capaces de olvidar las excusas: hoy no puedo, hoy no sé, porque tengo una agenda que cumplir, un reloj que correr, un dedo autoritario que acatar.

Claro que las fiestas se terminan… Pero para entonces es posible que ya tengamos otra altura en la conciencia, en la memoria y en el coraje. Y que ya nunca olvidemos la invencible potencia que tiene la alegría cuando es mestiza, y sabe lo que quiere. 


Liliana Bodoc
 

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10 de Diciembre de 2016|19:16
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