Hacerse la rata o la rabona

El jueves 6 de mayo, en el marco de la Feria del Libro de la ciudad de Buenos Aires, el Presidente de la Academia Argentina de Letras, Dr. Pedro Barcia presentaba el Diccionario fraseológico del habla argentina, que lleva como subtítulo “Frases, dichos y locuciones” y que es de su autoría, en forma conjunta con la Magíster Gabriela Pauer. Decía el Dr. Barcia que esta obra, con un contenido de 11.000 artículos y cerca de 15.000 acepciones,  constituye un homenaje a la creatividad del pueblo argentino.

Al hacer un rápido y ameno recorrido por el contenido de este diccionario, el autor aludió a innumerables frases cotidianas en esta primera década del siglo XXI, como “estar dura la calle”, “cortarse solo”,  “perdido como turco en la neblina”, “ser oro en polvo” y “hacerle la gamba”. De manera ingeniosa iba hilvanando frases de vieja raigambre con fragmentos de poesía y con citas extraídas de testimonios orales y escritos, hasta que llegó a una muy actual: “hacerse la rata” o “hacerse la rabona”, locución coloquial que alude al hecho de faltar, sin autorización, a clase o al trabajo. En ese momento, dirigió el Dr. Barcia una pregunta al auditorio: “¿Cómo se dice ahora? Porque me parece haber escuchado una variante”. Inmediatamente, varios de los presentes dijimos a coro “rateada”, palabra que había circulado profusamente a través de Internet, de los medios masivos y de los diarios.

La inquietud quedó flotando: ¿existe esta palabra? Una rápida consulta al Diccionario de la Real Academia nos permite averiguar que el término no está registrado. Sí aparece el verbo “ratear”, con dos entradas diferentes: la primera significa “distribuir. Disminuir o rebajar a proporción o prorrata”; la segunda, “hurtar con destreza o sutileza cosas pequeñas”. No aparece el significado vinculado a la inasistencia a escondidas; en cambio, el Diccionario Integral del Español de la Argentina da como forma coloquial “ratearse”, con el significado de “faltar a clases, especialmente sin el permiso ni el conocimiento de los padres”. Ocurre lo mismo en el Diccionario etimológico del lunfardo, de Oscar Conde. Entonces, aunque los españoles no lo hayan aceptado, nuestros diccionarios argentinos sí incluyen el verbo del cual proviene nuestra voz “rateada”.

A los pocos días del hecho de inasistencia multitudinaria, un grupo de estudiantes decidió demostrar que se podía hacer un acto contrario al impulsado por el llamado realizado a través de Facebook; a este acto, que consistió en la asistencia masiva a la escuela, algunos medios lo denominaron la “contra-rateada” o “contrarateada”. En los dos casos, la voz creada, producto del ingenio popular, está mal escrita. ¿Por qué? El comienzo de la palabra contiene el elemento compositivo “contra-“ que debe escribirse unido sin guion a la palabra base. Pero, además, a este elemento que denota oposición, si se le une una palabra simple que comienza con la vibrante múltiple,  para conservar ese sonido de “erre”, deberá seguirle el dígrafo “rr”: rateada y contrarrateada, como vemos también réplica y contrarréplica, restar y contrarrestar, reloj y contrarreloj  y  revolución y contrarrevolución.

En fin, contrarrestemos el efecto de una acción con móviles confusos y sepamos, a contrarreloj, idear una contrarréplica que obtenga un resultado tan positivo como la contrarrateada de los chicos de San Rafael y que merece una cálida felicitación.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

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