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Independiente Rivadavia luchó mucho y festejó poco

El Azul se reforzó como para pelear el torneo de la Primera B Nacional y terminó haciéndolo para no descender. Roberto Trotta llegó en lugar de Úbeda, le cambió la cara al equipo sobre el final y obtuvo el aire para zafar de todo.

Independiente Rivadavia cumplió con el objetivo final de salvarse de la promoción y el descenso directo, en el presente torneo de la Primera B Nacional. Con muchos dolores de cabeza terminó el Azul, que en un principio se reforzó para dar lucha hasta el final y obtener uno de los cuatro puestos de privilegio.

Con la calculadora en la mano, este equipo del parque General San Martín de a poco comenzó a pensar mucho en el descenso que en el ansiado ascenso a la máxima categoría. Duras derrotas, que calaron en lo más hondo y el barco en medio de la tempestad se empezaba a hundir.

Aquélla noche en el Bautista Gargantini, aquélla noche en que no se podía perder más puntos de local, Independiente tropezaba duro ante Gimnasia de Jujuy y sus hinchas explotaron causando lo peor. Era el avismo el futuro próximo.

Pero a este Azul aún le quedaba una vida en la B Nacional. Los de abajo tampoco hacían pie y así se zafaba.

Se iba por la puerta de atrás y sin respuestas de parte de los jugadores el técnico Claudio Úbeda. Llegaba Roberto Trotta y algunos se agarraban la cabeza, al pensar en cómo se había ido el ex Vélez las veces anteriores.

Sin embargo, el “Cabezón” hizo de las suyas y con la confianza y el trabajo a conciencia de a poco comenzó a devolverle a Independiente las ganas de vivir.

Se sucedieron buenas y malas, pero a partir del encuentro ante Aldosivi fue que finalmente vino lo mejor. Un equipo totalmente ensamblado, que se parecía al pensado en un comienzo y hasta demolió a los que peleaban por un ascenso, cuando nadie daba dos "mangos" por este conjunto.

Independiente Rivadavia pasó de ser Independiente a jugar como Independiente. Sólido detrás, conciso en el medio y certero arriba para coronar una levantada, que llegó tarde es cierto, pero que sirvió para desechar las dudas y así aferrarse a una categoría que siempre lo tiene a mal traer.

Vendrán los tiempos de cambio. Es hora de que en la Lepra se despierten sus “popes” y busquen la mejor forma para que este Independiente Rivadavia sea protagonista de la divisional alguna vez.

Se luchó mucho y se ganó poco. El premio: un año más en la B Nacional.

 

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