La Revolución de Mayo, ¿fue una revolución?

La Revolución de 1810 transformó la realidad de la época. Si entendemos como revolución una transformación del orden existente en términos sociales, la de Mayo fue más un cambio de gobierno que una revolución. El rol de Mendoza durante esos años clave.

Proclama de la Primera Junta, luego de
los sucesos de la Revolución de Mayo.

“Las revoluciones son consecuencia de procesos históricos y de construcciones colectivas. Para que una revolución exista es necesario que haya una nueva unión de intereses frente a una vieja unión de estos”, explica el célebre historiador Eric Hobsbwam.

De ahí que los conceptos crecimiento y desarrollo sean imprescindibles para comprender un cambio revolucionario, puesto que ninguna sociedad es estática y de las contradicciones nacidas de sus relaciones sociales irán surgiendo nuevas formas de organización de la producción y nuevos grupos sociales que las alienten.

En palabras de Hobsbawm: “(…) sólo a partir del momento en que la gente corriente se convierte en un factor constante en la toma de grandes decisiones y en tales acontecimientos. No sólo en momentos de excepcional movilización popular como, por ejemplo, las revoluciones, sino en todo momento o durante la mayor parte del tiempo”.

En este sentido, como lo demuestran numerosas publicaciones e investigaciones, académicas el bajo pueblo, la plebe urbana, tuvo un papel político destacado en la Revolución de Mayo, una presencia que muchos especialistas consideran determinante en el proceso histórico revolucionario. Sobre todo en Buenos Aires porque además la acción popular en la ciudad capital tenía efectos que no solamente se quedaban en ese lugar sino que afectaba al resto del territorio.

La Revolución de 1810 transformó la realidad de la época, ¿pero fue realmente una revolución? “El 25 de Mayo no se produce una revolución sino que a partir de esa fecha empieza a dar sus primeros pasos”, explica Gabriel Di Meglio, doctor en Historia (UBA) e investigador del CONICET.

Di Meglio, invitado especial del ciclo“1810-1910-2010 vistos desde abajo. La Revolución de Mayo, el Centenario y el Bicentenario en perspectiva sociocrítica”, organizado por el grupo La Hidra de Mil Cabezas, desarrolla. “Hay una discusión sobre este tema ya que hay gente que opina que una revolución es una transformación del orden existente en términos sociales. Esta es una de las definiciones posibles de revolución. En mi opinión una revolución es una transformación de aspectos fundamentales en la vida de las personas que no necesariamente tiene que ser de un solo tipo. Si uno mira a la sociedad de la época es posible ésta sea lo que menos cambió con la revolución que empieza en mayo, siempre entendiendo que la revolución de independencia no fue la Revolución de Mayo”.

"Plaza de Mayo con el Cabildo al fondo", acuarela anónima que se halla en el Museo Histórico Nacional.

Cambios revolucionarios

“La Revolución de Mayo probablemente fue más un cambio de gobierno que una revolución. A partir de ese momento empieza la verdadera revolución. Si uno analiza el comienzo de este período, entre 1810 y 1820 hay cambios muy fuertes. Por empezar la gente deja de mandar y de obedecer por las razones que lo hacía antes, porque pasa de la condición de súbditos de una monarquía a ciudadanos de una república. Es una manera distinta de entender el poder”, aduce el docente de Historia argentina I (1776-1862) de la carrera de Historia de la UBA.

Di Meglio señala que “por otra parte, cambia el sistema económico radicalmente porque deja de depender de la minería para pasar a la exportación de productos ganaderos. Esto va a ser clave en la transformación de la economía argentina. Además hay un cambio muy importante en las diferencias raciales, que antes de la revolución eran muy importantes y después dejan de serlo, aunque de hecho siguieran existiendo. Ya no se estaba condenado a priori, legalmente, por el color de la piel a ser tratado como un ser inferior. Este fue muy importante para todos aquellos que pertenecían a esos sectores”.

“Otro cambio revolucionario fue el hecho de que a partir de la revolución en muchos lugares de lo que terminaría siendo Argentina, la política pasa a ser una actividad de la que participan todos los sectores sociales y no solamente las élites dominantes”, apunta el autor de Buenos Aires tiene historia.

Di Meglio afirma que la de Mayo “es una revolución porque para la gente de época lo fue. Si todo el mundo cree que vive una revolución, es una revolución. Los historiadores tratamos de saber qué le pasó a la gente y a la gente le pasó una revolución y hay un antes y un después absolutos a partir de esos años y de las Guerras de Independencia”

“Por eso, aunque la mayor parte de los historiadores está de acuerdo en que esta fue una revolución, otros le sacan peso diciendo que fue una revolución política como si sólo fuera un cambio de Gobierno. Como si lo que ocurrió fuera sólo la formación de un país nuevo, pero en realidad fue un proceso de transformación muchísimo más grande”, destaca el conductor del programa La historia en el cine, que emite el Canal Encuentro.

La historia “desde abajo”

¿Cómo fue la participación de los sectores populares? A esta pregunta Di Meglio responde que “la revolución genera una movilización muy amplia porque se rompe la manera en que se disputaba el poder anteriormente. Al no haber más vínculos con España, que actuaba como árbitro, a partir de 1810 eso ya no se puede hacer más. Cuando la dirigencia revolucionaria y la Primera Junta se divide se empieza a apelar a la movilización hacia abajo para poder triunfar sobre el otro grupo porque no hay reglas en la disputa del poder”.

El autor de ¡Viva el bajo pueblo! La plebe urbana de Buenos Aires y la política entre la Revolución de Mayo y el rosismo, destaca que “como los sectores dominantes no van a lograr durante bastante tiempo reconstruir un orden consensuado entre ellos, ello va a permitir que las disputas se diriman en la calle, con la movilización popular y eso va a dar lugar a una movilización que es permanente y que en el caso de la ciudad de Buenos Aires no para hasta la época de Rosas. En cada caso las motivaciones populares de cada sector fueron diferentes, ya fuera el odio hacia un sector en particular, las reivindicaciones sociales o raciales, el apoyo a causas determinadas. Como ocurre hoy, ya que en una organización política la gente no va por una sola causa sino que en ella confluyen, concurren, varios intereses”.

“Si hablamos de movimientos como el Güemes o Artigas nos referimos a sectores campesinos, rurales. Pero en el caso de las ciudades, que además era la única ciudad importante de la región ya que en 1810 tenía una población de 45.000 habitantes, ahí los sectores populares estaban formados por grupos muy amplios y muy heterogéneos, de gente que trabajaba en distintas cosas, me refiero a artesanos, peones, jornaleros, vendedores ambulantes de distintos productos y los esclavos”, señala el historiador.

Di Meglio detalla que “era una amplia gama de la población de la ciudad. No se puede saber con exactitud cuántos de ellos participaron en el movimiento revolucionario porque no hay documentos. Cuando se puede delimitar, se ve, al igual que en la vida porteña callejera, muy mezclado, muy heterogénea esta participación y no se sectoriza tanto. En general, participan de manera combinada, esclavos mezclados con peones. Así, van formando estos grupos políticos que se convierten en una pauta recurrente de la política porteña”.

“La movilización política se convierte en algo clave al punto que Rosas dice cuando sube al poder que no hay manera de gobernar ese lugar si no es a través de esa unidad popular, que es la única manera de controlar lo incontrolable. Y eso es lo que él mismo hace y lo dice explícitamente, tuve que ser popular para poder dirigir, tuve que aprender costumbres populares para tener poder”, explicita el también autor de ¡Mueran los salvajes unitarios! La mazorca y la política en tiempos de Rosas.

Hay también como rebeliones puntuales que son motines que tienen algún tipo de reclamo puntual, pero que no están dirigidos por sectores de la clase alta sino por los mismos miembros del bajo pueblo. “Como el motín de Patricios en 1811, el motín de negros en 1819. Y esto ocurre en otros lugares de lo que termina siendo Argentina. La revolución abre lo que alguien espantado de la época señaló como la caja de Pandora. La posibilidad de la inclusión en la política de sectores que desde entonces van a estar muy presentes en la historia argentina, pero que tienen un peso mayor en la primera parte del siglo XIX y que después, cuando ya se arma un clase dominante mucho más clara, consolidada y hegemónica y que controla de una manera más eficaz para sus intereses a los sectores populares que va a volver a desafiar a esos sectores años después. Pero a principios del siglo XIX es una época de mucha irreverencia social y este es un efecto de la Revolución”, arguye el especialista.

"Cornelio Saavedra", obra anónima que
seencuentra en el Museo Histórico
Nacional.
Hombres clave de Mayo

A la hora de señalar a los grandes protagonista de la Revolución de Mayo, el investigadores aduce que “uno de los problemas es que siempre ponemos el eje de la Revolución en una decena o treintena de personas, los próceres, los que tienen nombre de calle. Y esto es un problema porque la Revolución fue una causa colectiva, lo que pasa es hay figuras que fueron clave en esos días”.

“Creo que Saavedra fue fundamental para el triunfo de la Revolución, porque la Revolución de Mayo es el producto de un grupo de conspiradores, no muy fuerte, que termina de inclinar la balanza a su favor cuando el regimiento miliciano más importante de la ciudad, el de Patricios, se inclina hacia la causa revolucionaria y el jefe de los Patricios era Saavedra, lo que lo hacía el hombre más poderoso de la ciudad. Esto hizo que la Revolución triunfara porque Saavedra garantiza el triunfo y la pervivencia de la Primera Junta después de los complicados días posteriores al 25 de mayo. Saavedra es en ese sentido una figura fundamental”, indica Di Meglio.

Para el investigador, otra figura destacada es la de Mariano Moreno. “Hasta el 25 de mayo Moreno no tiene ningún tipo de injerencia, pero se convierte indudablemente en el personaje clave del gobierno revolucionario a partir del 26 de mayo. Es el que hace que la revolución empiece a tomar medidas más radicales, más transformadoras más allá del cambio de gobierno. Algunos estaban conformes con el autogobierno dentro de la monarquía, con la autonomía pero dependiendo de la corona española, esta era la aspiración de muchos en el momento”, aclara el docente.

“Pero Moreno empieza a impugnar otros aspectos más profundos, como la idea de que la dominación española era ilegítima, hecha por la fuerza o la idea de que la igualdad y la libertad deben ser esenciales, las que se reinstalen en este sueño, entre otras. Esto le da a la revolución importantes componentes que de cambio que hasta el 25 de mayo no tenía. El 25 de mayo no se produce una revolución sino que a partir de esa fecha empieza a dar sus primeros pasos”, subraya Di Meglio.

Mendoza y la Revolución de Mayo

“La Revolución de Mayo comenzó siendo un fenómeno porteño pero después deja de serlo porque enseguida buena parte de los territorios del Virreinato, entre ellos Mendoza, adhieren a la Revolución”, destaca el investigador.

Y agrega que “Mendoza en un primer momento apoyó a la Revolución y no tuvo durante los primeros años revolucionarios una injerencia muy fuerte más que enviar a sus diputados a la Junta. Pero adquiere un peso muchísimo mayor a partir de 1814 y ni hablar cuando el plan sanmartiniano se empieza a ejecutar desde Mendoza y se instala con una base fuerte, única, en Cuyo y en especial en Mendoza. Ahí claramente va a convertirse en un foco sin el cual es imposible entender la Revolución”.

Di Meglio explica que si bien Mendoza “hasta ese momento no interviene tanto, porque más allá de que muchos líderes revolucionarios del período independentista provinieran de Mendoza, como Tomás Godoy Cruz, no tuvo un peso determinante. Pero no porque no lo tuviera Mendoza en sí misma, sino porque salvo Córdoba, que se resiste a la Revolución de 1810, las demás zonas que se pliegan al principio mantienen la lógica que tenían con respecto a la capital virreinal”.

El historiador desarrolla este concepto: “La capital tomaba las decisiones en un sistema centralista que nadie discute al principio hasta que aparece el artiguismo en el Litoral y empieza a desafiar el centralismo; el resto de lo que termina siendo Argentina, no estaba incómodo con eso. Recién a mediados de la década es cuando aparece el hastío tanto en el Norte como en Cuyo respecto del centralismo porteño. Pero al principio nadie lo consideraba un gran problema, sobre todo porque la Primera Junta incorporó a los diputados del interior”.

“Al principio hay una convivencia bastante pacífica entre las que serían las provincias. El problema es que las guerras independentistas fueron tan desgastantes y tan targas que eso empezó a erosionar no sólo el sistema revolucionario sino también las relaciones entre todos los que lo integraban”, finaliza el investigador.

Patricia Rodón

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5 de Diciembre de 2016|08:03
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5 de Diciembre de 2016|08:03
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  1. que qkeres es asi masomenos un kklombo
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  2. resulta que ahora la revolución no fue revolución no podemos dejar de ser revolucionarios y de reconocer en mayo la revolución
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