Nueva cosecha: una obra de arte, orgullo en el mundo vitivinícola

Cheval des Andes 2006, el nuevo vino de la bodega, fue presentado en el imponente Vine Loft, situado entre sus viñedos en Vistalba. Más de 150 invitados se deleitaron en una tarde que tuvo de todo: partido de polo, un excelente catering, música y otros atractivos. Fotos y detalles, aquí.

Cheval des Andes Vine Loft recibió, la semana pasada, a 150 invitados de todo el mundo para disfrutar una tarde diferente acompañada de la nueva cosecha 2006 de la casa. La conjunción de la naturaleza, el vino, sus creadores, el polo argentino y el terruño mendocino sorprendieron a los visitantes, quienes vivenciaron la experiencia.

Un campo de placeres se emplazó bajo el cielo mendocino al pie de la imponente Cordillera de los Andes, perfecto escenario que alberga el Cheval des Andes Vine Loft -en finca Las Compuertas, Vistalba-, un espacio para disfrutar con todos los sentidos, observar en toda su dimensión la imponencia del paisaje, relajarse y disfrutar Cheval des Andes en un contexto absolutamente inspirador.

Una vez franqueado el portón de hierro forjado se percibió el aroma del terroir, susurro de la tierra que eleva el espíritu y predispone al cuerpo a pasar un momento especial. Solemnes hileras de vid guiaron los pasos hacia el centro del viñedo, donde se erige el espacio. El dulce sonido del vino llenando copas musicalizó el momento y fue preludio del deguste sensorial.

La banda militar General Las Heras desfiló por la cancha de polo hasta llegar al vine loft. 

Hacia la tarde, los asistentes se entregaron al deleite y participaron de las actividades propuestas: el juego de la petanque, clases de polo en caballo fijo, paseo en sulky y cosecha de uvas entre las hileras de los viñedos.

Más tarde, la banda militar General Las Heras interpretó para todos La Marcha de San Lorenzo, el Himno Nacional y la Marsellesa, como preámbulo de la presentación del Cheval des Andes 2006, a cargo de sus creadores: Nicolás Audebert, Manager y Chief Winemaker de Cheval des Andes, y Pierre Lurton, Director General de Cheval Blanc y de Château d’Yquem.

“Desde el inicio de esta aventura, buscamos combinar la grandeza del mejor terroir de altura de Terrazas de los Andes junto con  la experiencia del assemblage bordelés de Cheval Blanc. El resultado es cada año mejor y la cosecha 2006 es para nosotros una bella obra de arte”, expresaron.

Partido de polo. Briosos caballos esperaron ansiosos a sus jinetes para salir a pelear armados con tacos y bochas la batalla en la cancha de polo de altura, situada a 1.100 metros de altura. La tradición y el honor, valores de un deporte como el polo, se entrecruzan con la elegancia, sofisticación y dinamismo de Cheval des Andes y generan un nuevo espacio para disfrutar  intensos placeres.

Más de 150 invitados presenciaron la presentación de la nueva cosecha.

A pesar de la aridez de la región, el espíritu insaciable, la pasión y la dedicación de quienes hacen estos vinos, llevaron acabo el sueño de tener una cancha de polo propia al borde de los viñedos. Luego de la presentación, se inició el partido entre los equipos blanco y negro de Cheval des Andes.

El menú para maridar con la nueva etiqueta. El chef de la bodega, Marcos Zabaleta, dio rienda suelta a su imaginación para ofrecer diversas y variadas alternativas para degustar la nueva cosecha 2006 de Cheval des Andes. El menú estuvo conformado por blini con atún rojo, crema de salvia y caviar, tasting de trucha malargüina ahumada sobre pan de tomillo a la manteca con crocante de queso, ceviche de vieyras, pincho de langostinos y cerdo a la manteca de romero y mollejitas sobre compota de manzanas. El risoto funghi, cubos de cordero macerado en Cheval al disco de arado y el chorizan baby, con crema de chimichurri y criolla se fusionaron perfecto con el Cheval des Andes. El final: helado de queso de cabra con mousse de membrillo, budín de pan con hebras de naranjas y fruta de la pasión y shot frozen petit.

El atardecer se escapaba y los sonidos del DJ se amalgamaban con el momento, el vino y el entorno, algunos invitados bailaron, otros se relajaron en algún cómodo sillón, otros disfrutaron la noche estrellada, nadie se privó de los placeres que Cheval des Andes les estaba ofreciendo en un lugar único, casi mágico, en el mundo.

La nueva cosecha. Cheval des Andes 2006 refleja las bondades de una cosecha sublime y la perfección en el estilo de este “Grand Cru” del Nuevo Mundo. Y así, dos artistas como Pierre Lurton y Nicolás Audebert, unieron sus talentos a la naturaleza y produjeron una verdadera obra de arte vitivinícola.

Este vino se contagia de su entorno paisajístico y del significado de su nombre.  La paleta de colores que rodean los viñedos, impregnan las cepas que componen esta reveladora añada: un dominante Malbec (60%), seguido por el Cabernet Sauvignon (35%) y un pequeño aporte de Merlot (5%).

Cheval des Andes Vine Lof, imperdible.

La sublime cosecha se conjugó con el arte de estos geniales creadores y permitió encontrar el punto de perfección en el estilo buscado. El reconocimiento internacional se hizo eco y Robert Parker  no dudó en reconocerle en su publicación Wine Advocate, 96 de sus preciados puntos.

Pero no son puntos los que aparecen en la boca cuando se prueba este vino. Los que aparecen, son esos caballos andinos, corriendo libremente con el Cordón de Plata de fondo. Una suerte de galope de sabores y texturas que retumban agradablemente en el paladar de quien lo prueba. Posiblemente caballos criollos, que saben del aliento largo, como el que tiene este vino.

“Es para nosotros, artesanos al servicio de la excelencia del terroir, un momento único de “revelación” y de satisfacción por la tarea cumplida.  Es un momento de gran orgullo por ver cómo la alquimia entre materia prima y savoir faire se convierten en excelencia. Tal es el caso de Cheval des Andes 2006, extraordinaria cosecha en Mendoza, que combina maravillosamente la elegancia y potencia, frescura y madurez del fruto, y que estamos felices de poder compartir”, expresaron Pierre Lurton y Nicolás Audebert.

Y el resultado está a la vista, al olfato y al paladar: Cheval des Andes es una obra de arte en todo el sentido de la palabra, que se ha nutrido de una naturaleza generosa, apropiadamente aprovechada por la sabiduría de dos maestros. El resultado no podía ser otra cosa que lo que es: una auténtica obra de arte que la Argentina tiene para exhibir orgullosa en el mundo vitivinícola.

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