Deportes

Ramón Abdala, el mendocino con el alma y los pies de acero

El odontólogo Ramón Abdala es el ultramaratonista mendocino que acaba de participar de la Maratón de Sables en el desierto marroquí. En esta nota, cuenta la experiencia extrema de desafiar el desierto a la carrera, varias horas por día. Lo que viene: Se va al Himalaya a correr a 30 grados bajo cero.

Por: Alejandra Cabrera

Una mochila de 13 kilos fue casi su única compañía en la carrera. El sufrimiento y el dolor, una constante. En los últimos días de competencia orinaba sangre, pero no lo informó para no quedar descalificado. Y después, debía dedicarle tiempo a sus pies maltratados y enrojecidos de correr en el desierto con temperaturas extremas que llegaron a los 53 grados. Aun así, el placer de cruzar la meta le generó la recompensa más gratificante que un hombre que ama el deporte extremo, la vida  y la naturaleza puede sentir en su cuerpo y en su espíritu. Las arenas de desierto marroquí fueron testigo de la entrega de un mendocino, el odontólogo Ramón Abdala (60), que comenzó a correr a los 50 años sólo porque quería transpirar el estrés, y que ahora corrió la Maratón de Sables, que es el Paris–Dakar de los maratones: 243 kilómetros a pie y a pura adrenalina, durante seis días.

(Video de algunas de las llegadas)

Logística y concentración

“Corro en estado meditativo, con la visión ampliada y la respiración consiente”, expresó Ramón con una energía envidiable. Y de esto no caben dudas si pensamos que corrió 151 millas por el desierto marroquí, transportando una mochila con un total 3.000 calorías de comida que está compactada (congelada y deshidratada traída de Brasil y de Estados Unidos) y equipamiento necesario para los seis días de la prueba (bolsa de dormir,  brújula, barras energéticas, pastillas de acohol y una bomba de vacio para sacar el veneno de los escorpiones),  ya que la organización sólo les brindó el agua. La mochila especial la mandó a pedir a Francia.

En cuanto al agua les daban antes de salir 5 litros, aunque luego en los puestos de hidratación podían pedir un par de litros más. Teniendo en cuenta la temperatura del lugar siempre tenían que cuidarla como oro.

Aprender de los amigos

“Con cada pasó que daba sentía que mi sangre árabe fluía y me integraba al paisaje. Fui parte de esa arena, de ese desierto. En un momento dije que la etapa era muy fuerte, muy dura  y Toni (un español récord del mundo) con el que nos hicimos amigos me dijo: la etapa no es fuerte tu mente es débil. Fue allí cuando reaccioné”, comentó aún emocionado por cada kilómetro recorrido y cada experiencia vivida.



Antes de la largada a cada competidor le dieron una bengala para que encienda en caso de abandonar la prueba. Pero Ramón la ocultó porque no se le cruzó por su mente la idea de prenderla. “A penas me la dieron la guardé en el fondo de la mochila. Antes de largar ya sabía que no la iba a necesitar porque antes prefería quedar tendido en el piso que no finalizar”.

La preparación en el monte salteño

Abdala realizó su preparación en un Centro de Alto Rendimiento de Altura en Cachi, Salta. Allí junto a Fernando Mateo y otros tres amigos soportaron los 2.300 metros sobre el nivel de mar y aprovecharon las bondades de nuestro país, muchas veces desconocido por los deportistas de elite. Allí pasaron algunos días realizando aclimatación, corriendo en la pista de tartan y nadando.

En total fueron 5 meses de prepración intensa entre Mendoza y Salta. "Es importante destacar que es increíble el Centro de Alto Rendimiento que hay en Cachi, poca gente lo conoce y posee un equipamiento para preparación en altura excelente".

Una competencia aplastante

El recorrido que la organización mantuvo en secreto hasta el día en que todos los participantes llegaron a Marruecos, constó de seis etapas: una 'ultra' 'Non Stop' que tuvo un recorrido que rondó los 82 kilómetros; una etapa maratón de 42 kilómetros; otras tres más de entre 30 y 36 kilómetros, y una última de unos 20 kilómetros.

“La peor etapa fue la de 82 kilómetros y aún estábamos a mitad de la competencia. Corrimos todo el día hasta las 2 de la madrugada. El promedio de temperatura fueron 53 grados y a la noche bajó a 2 grados. Fue en este momento cuando comencé a sentir el cansancio, el dolor y el agotamiento.  El esfuerzo se redobló pero los pies se me ampollaron igual  y faltando poco para terminar comencé a orinar sangre. Sabía que no podía decir nada, de otra forma me enviarían al médico, quedaría fuera de la competencia y esa no era una posibilidad en mi mente”.

Correr orinando sangre y con los pies destrozados

Las ampollas en los pies de Ramón y de sus 7 compañeros de jaima (carpa rústica número 57)  se tornaron muy dolorosas para poder continuar y por ello tuvieron que curarlas. “Primero había que reventarlas, curarlas y coserlas.  Y como yo soy odontólogo me tocó coser a mí. Aguja e hilo en mano, quien me viera cosiéndole los pies a los españoles que compartían los mismos dolores que yo”.

Luego continuó: “Esa noche en la carpa cada uno contaba sus experiencia y llegamos graciosamente a la conclusión de que ninguno de los que estábamos allí éramos "normales".  Todos teníamos un grado de locura, pero locura linda. De hecho el lema del grupo era ¿Dónde está el límite?. Pregunta que respondimos al finalizar la prueba ya que en cada ser humano tiene un solo límite: su mente”.



La mente mueve montañas

“Luego de pasar por todos los momentos que yo viví en esta competencia, ahora pienso que puedo lograr cualquier cosa que me proponga. No hay límites. No importa el dolor, no importan los pies lastimados y sin uñas, el miedo de ver que orinás sangre y que por momentos no podes caminar ni medio metro porque estás entumecido. Tus músculos se han quedado duros pero tu mente no. Ella es la que te guía junto con tu fuerza espiritual”.

Hasta los hombre más fuertes lloran

De esta edición de la carrera  participaron 1.200 corredores, 46 equipos de todo el mundo, 43 naciones estuvieron representadas incluyendo México, España, Argentina, Colombia, Costa Rica y Guatemala. Aunque solo terminaron la carrera 922 audaces. “Había ciento de periodistas del mundo cubriendo el evento y nosotros allí como protagonistas.  Casi sobre el final de la competencia nos unimos con otro argentino Juan Craveri, tomamos la bandera argentina y con lágrimas en los ojos cruzamos la meta. Fue indescriptible. Cómo podía ser que hombres tan fuertes, que superamos todos esos obstáculos, ahora estábamos abrazados y llorando”.

Una filosofía de vida

Sólo alguien que pasa por una prueba así puede definir como Ramón la emoción que lo embargó al llegar a la meta. Él lo hizo en el puesto 304 entre miles de competidores, donde cientos de ellos ni siquiera cruzaron el arco. Y como él explica, no se trata de genética ni de físico.

Simplemente se trata de cuidar la salud y amar el deporte. “Caminar es saludable, pero correr es vivir”, afirma el único mendocino en participar de esa osada aventura, y que también ha corrido en Praga, Córdoba, Rosario, la de New York, Bariloche, Mar del Plata, Namibia, Ciudad del Cabo, Tunes, la Maratón de los Dos Océanos en India, la ultramaratón de Jordania, Chicago, Orlando, Sahara, la Muralla China, Londres, Berlín, Marruecos, Finlandia, Ushuaia…

Los filósofos antiguos decían con toda razón, que en el hombre cohabitan dos deseos: el que lo impulsa hacia el placer; y el que lo lleva hacia lo arduo, hacia lo esforzado.  Y sin dudas esto es lo que le sucede  Ramón Abdala.



La preparación mental


Además de su trabajo físico, Ramón practica meditación, yoga y Tai Chi que para él es fundamental para poder vencer el cansancio. “En mi carrera deportiva trato de superarme y lo tomo como un desafío personal. Creo que todo es posible en la medida que uno se lo proponga”, afirmó.

Y luego agregó: "Igual esta es la tercera vez que viajo a competir al desierto. No es nuevo para mí. De alguna forma sabía con lo que me hiba a encontrar. Sabía lo que era soportar una tormenta de arena, una llanura interminable o ver en algunos lugares los niños del lugar pidiendo algo para comer".

Las estrellas nos besaron la frente

“Cuando terminó la prueba los organizadores nos dieron una gran sorpresa. La Orquesta Filarmónica de París, junto a una soprano tocaron y cantaron para nosotros que tirados en la arena del desierto sentíamos que las estrellas nos rozaban la frente. No podía creer lo que estábamos viviendo. Fue increíble y emocionante a la vez”, contó el mendocino con los ojos cerrados sintiendo aún en su piel aquel momento.

La aventuras no paran

Ahora la siguiente meta de Ramón es el Himalaya, donde correrá las 100 millas a 30 grados bajo cero en octubre del año próximo. Pero esta vez no será igual porque él ya no es el mismo. Esta vez quiere que sea con un objetivo solidario y por ello le hará la propuesta a los empresarios locales para que por cada kilómetro recorrido se ayude a alguna institución como se hace en otros países.

Finalmente Ramón Abdala, odontólogo, mendocino, de 60 años, admite una sola reflexión: El no compite con nadie, sino con él mismo. Quiere comprobar hasta dónde llega su valor, su energía, su aguante. En definitiva, quiere saber si puede...  es un apasionado, un enamorado de las “locas” aventuras que primero se gestan en su mente para luego transmitirlas a todas y cada una de las partes de su cuerpo.

 

Especial: Videos de la Ultramaratón

Llegadas:

La noche que corrieron hasta las 2 de la mañana

Desde uno de los campamentos

Desafiando la naturaleza

La largada

Corriendo en el desierto.

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6 de Diciembre de 2016|00:02
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6 de Diciembre de 2016|00:02
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  1. Lo que hizo Ramón realmente es increible y maravilloso, sobre todo si se tiene en cuenta que se trata de una persona de 60 años que comenzó a correr hace sólo 10 años. Ramón participó de una experiencia en la que intervienen personas mucho más jóvenes y con una gran experiencia. Más allá del físico Ramón posee una gran espiritualidad y justamente de eso se trata, pues el físico es lo primero que se agota. Haberlo ayudado a prepararse y ser su amigo es para mi un gran orgullo; cuando le propuse venir a Salta para entrenarse (mientras corríamos por el hermoso parque mendocino) sabía que esa experiencia en la altura lo ayudaría mucho. Por suerte no me equivoqué. Ramón sufre pero no se queja, sabe que el dolor pasa, el sudor seca y el cansancio termina; pero lo que nunca se irá es la satisfacción de haberlo logrado. Me emociona hasta las lágrimas haber sido parte de esta aventura. GRACIAS RAMÓN por permitírmelo. Nunca lo olvidaré. FELICITACIONES. Ojalá las autoridades mendocinas aprehendan esta experiencia y apoyen su transmisión a nuestra juventud. Desde Salta. FERNANDO MATEO
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  2. Ramon nos tiene acostumbrados a estas proesas con gran voluntad y enorme corazon hace todo mas facil.Un gran ser que merece sentirse orgulloso y con enorme felicidad.un verdadero ejemplo de vida .felicitaciones y gran abrazo Luis a.
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  3. Esta nota tendría que estar al tope de las noticias, es muy positivo y ejemplificador lo de Ramón, mis felicitaciones desde aca, UN GRANDE!!!!!!
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  4. me gusto y me gustan las notas de deportes poco comunes. ademas me gustaria saber quien la redacto???? esta muy buena. gracias CARLOS
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  5. Me encantó la nota..quién la hizo... no dice? Me parece super descriptiva.. me imaginé al tipo corriendo en el desierto me gustó mucho. Norberto
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  6. Grande Ramón! Tu ejemplo es muy inspirador. Además, la frase "la etapa no es fuerte, tu mente es débil" me ha venido justo para los 80K de mañana. La experiencia de la Ultra se aplica a todos los órdenes de la vida. Genio y ejemplo!!! FC
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