La inflación en productos llega al 325%

Los precios basados en la oferta y demanda se duplicaron o más en un año. Sólo las retenciones fueron un límite para las subas, que están empujadas por la macroeconomía.

Las retenciones o prohibición física sobre las exportaciones acotan los precios, mientras que los acuerdos ya no son efectivos, de acuerdo a un extenso relevamiento que hizo El Cronista en distintos supermercados y negocios minoristas. De este trabajo surgen tres tipos de ritmos inflacionarios: el de productos con límites a sus ventas externas, cuya tasa anual difícilmente pasa el 25%; los que usan las empresas para escapar a los controles (que sí tienen en otros productos) y ganar rentabilidad, generalmente van desde el 40% al 50%; y aquellos que siguen solamente las reglas del mercado, con aumentos entre el 58% y el 325%. Las tres categorías podrían llamarse: precios controlados, parcialmente liberados y fuera de control.

Estos últimos son los que sufren todo el peso de los factores macroeconómicos sobre la inflación. Con expansión del consumo, crecimiento de los ingresos y dólar alto como bases del modelo, los productos que se rigen puramente por oferta y demanda tienen aumentos de precios explosivos, con gran impacto sobre el bolsillo y el humor popular. Son los que forman parte del Cuadro A4, que cada mes brinda el Indec como parte del IPC, y que componen la canasta básica de consumo.

Un buen ejemplo es el puré de zapallo, que entre diciembre de 2006 y comienzos del mes actual se volvió casi un lujo, pues esa hortaliza aumentó un 325%: de $ 1,41 a $ 6. El reemplazo lógico es el puré de papa, que si bien cuesta la mitad ($ 3 el kilo) también experimentó una gran subida del precio: 193%. El tomate redondo, que llegó a estar entre $ 15 y $ 18, hoy se consigue cerca de $ 4 en supermercados (versión larga vida), pero igual marca un 73,5% de incremento con respecto a los $ 2,30 en diciembre del 2006. Los productores hablaron de heladas y baja de la oferta temporal, pero los casi $ 20 que llegó a cotizar tienen sólo una explicación: una macroeconomía pro–inflacionaria. Entre los fiambres, en tanto, se destaca la suba del salame: casi 95%, de $ 17,70 a $ 34,45. El jamón cocido, más popular, tiene una amplia gama de precios: de una marca reconocida se consigue a casi $ 27, de una premium a $ 46. En cualquiera de los casos, hay un importante aumento con respecto a los $ 21,62 de fines del 2006.

“Siempre las subas generalizadas y abusivas de precios tienen que ver con factores macro. El gobernante que espera comportamientos responsables de los empresarios no sabe nada de economía. Si un hombre de negocios puede ganar el doble o el triple, no dudará en hacerlo”, explica un economista que formó parte del Gobierno. “El dólar a $ 3,20 lo banca el pueblo con su bajo poder adquisitivo”, aporta un empresarios que igualmente defiende al modelo.

Un escalón debajo de los productos con aumentos explosivos, se ubican aquellos mediante los cuales las empresas mantuvieron o recompusieron su rentabilidad a lo largo del 2006 y 2007. Los lácteos son el mejor ejemplo: cumpliendo con los acuerdos firmados, la leche en sachet de litro (de $ 1,54 a $ 1,70) y el yogur entero de 200 gramos ($ 1,17 a $ 1,19) casi no aumentaron. Pero las procesadoras lácteos se tomaron revancha con los productos que están fuera de los acuerdos de precios: el queso cuartirolo aumentó casi 110% (de $ 10,31 a $ 21,50), mientras que el pategrass subió 50% (de $ 17,90 a $ 26,89 el kilo).

Los menores aumentos se vieron en los productos cuyas exportaciones están acotadas por retenciones o cuotas: el asado subió casi 34% (de $ 8,60 a $ 11,50), a pesar de su alto consumo. La leche en polvo sólo 9%, de $ 5,94 a $ 6,49. Mientras que la yerba, con precio regulado pasó de $ $ 2,46 a $ 2,75 en su clásica presentación de medio kilo, subiendo menos del 12%.

Fuente Cronista
Opiniones (2)
22 de septiembre de 2017 | 06:27
3
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22 de septiembre de 2017 | 06:27
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  1. Nada que ver que hagan esas subas deberia estar regulado por el estado....
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  2. Siempre cuentan la anecdota de que el Che comía solo lo que le establecia la tarjeta de racionamiento, es decir llevaba hasta las últimas consecuencias su compromiso con la revolucion, basta leer el diario del Che, en pequeños gestos que el menciona inadvertidamente para ver que pedazo de persona era el Che; bueno propongo que los políticos actuales que se dicen revolucionarios traten de vivir con los mil pesos que le pagan a la gente, pero hacerlo en serio, sería una forma en que la gente empezaría a creerles y una forma de depurar la política.
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