Semana Santa en las crónicas del primer diario mendocino

El periodismo captura en sus notas las costumbres y el clima de una época. El diario El Constitucional reflejó la vida social y política de los mendocinos entre 1852 y 1884. Sus páginas registran el sentido profundo de Semana Santa y la entonces vívida religiosidad de Mendoza.

La celebración de Semana Santa ha sido desde siempre en Mendoza una de las festividades populares más masivas. Y sus detalles, personajes y costumbres fueron reflejadas año tras año –y lo siguen siendo- por el periodismo local.

Uno de los ejemplos paradigmáticos de este registro es el que se desprende de las páginas del diario El Constitucional que informó a los mendocinos durante más de treinta años (1852-1884).

“Si bien El Constitucional se inscribe dentro de un liberalismo laicista que relega las inquietudes religiosas al ámbito de lo privado, sus páginas incluyen un número destacado de documentos que reelaboran temas religiosos y que testimonian la presencia de un pueblo fuertemente impregnado por un espíritu de arraigado catolicismo”, explica la investigadora Fabiana Varela.

Doctora en Letras, Varela se ha dedicado al análisis pormenorizado de este periódico mendocino. De ahí que sobre la dimensión religiosa en nuestra provincia vista desde la perspectiva del periodismo de la época, señale que “junto a esa dimensión de fe se detectan indicios de una crisis espiritual que iniciada a mediados del Siglo XIX hará eclosión en la década de 1880”.

“El tema religioso se modula en dos direcciones principales”, precisa la docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo. El periódico refleja “por una parte, la meditación en torno a Jesucristo según los fundamentos de la doctrina católica y, por otra, la contemplación de las criaturas en tanto camino que eleva hacia el Creador. Ambas líneas constituyen el eje principal de una reflexión que se textualiza tanto en la poesía como en el ensayos”, apunta Varela refiriéndose a los textos que publicaba El Constitucional.

La investigadora subraya que “Semana Santa es anualmente el momento más propicio para meditar en torno a las verdades de la fe y del dogma. En ese contexto Jesucristo surge como el personaje central de una serie de ensayos y poemas conmemorativos, organizados alrededor de una serie de lugares comunes que permiten conformar un saber teológico ortodoxo sobre su figura y los principales hechos de su vida, en especial, su pasión y muerte”.

Varela amplía este concepto con un texto publicado en el diario el 24 de marzo de 1864: “Jesucristo es visto como el Mesías, fuente de luz, de verdad y de caridad. Es `el Anunciado por los profetas, el Cordero Inmaculado, el Sol de la verdad, ante cuyos fulgores el error huirá avergonzado, a cuyo soplo divino ha de brotar, como árbol de bendición, la caridad sobre la tierra”.

“En el mismo artículo se insiste también en su mansedumbre, humildad y pequeñez, en su preferencia por los marginales, pecadores, enfermos y extranjeros, y en su carácter de signo de contradicción para los poderosos de su tiempo”, detalla la autora de Sencillo y poco aparato. Literatura y costumbres mendocinas (1852-1884).

La investigadora destaca que “el episodio de la pasión y muerte de Jesús y la figura de Cristo sufriente y escarnecido se constituyen en el aspecto culminante de toda la reflexión cuaresmal. Predomina una presentación desgarradora del hecho, en el que no se retacean los tintes de crueldad y de dolor que conmueven el corazón de los lectores”.

Crónicas de antaño

Varela destaca que “los viajeros que visitaban Mendoza a mediados del Siglo XIX no dejaban de advertir la gran cantidad de iglesias que poblaban la ciudad”. Y ofrece como ejemplo una observación de Benjamín Vicuña Mackena que escribió que “casi cada manzana de esta tiene una iglesia y de las cincuenta cuadras que la componen diez al menos están ocupadas enteramente por conventos”. La mayor parte de estas construcciones fueron destruidas por el terremoto de 1861.

“Esta presencia habla de las labor misionera de las distintas órdenes y de la devoción adquirida por el pueblo mendocino a lo largo de siglos”, reflexiona la investigadora. Y agrega que “a pesar del lento avance de las ideas laicistas y liberales, la traquila conservadora vida provinciana guarda singular respeto por las tradiciones religiosas y buena parte de los ritmos anuales se rigen según el calendario litúrgico”.

La docente destaca que a partir de las crónicas de El Constitucional es posible advertir cómo “mes a mes las novenas y procesiones se constituyen en los polos de atracción de la sociedad local que se da cita en los templos de las principales órdenes religiosas de la ciudad, mercedarios, franciscanos y dominicos, y más tarde, jesuitas”.

Varela destaca que “las mujeres de las principales familias adornan los altares con sus labores y contribuyen con sus cánticos y oraciones a elevar la solemnidad de las festividades”.

La Semana Santa hace 150 años

La celebración católica más importante era la Semana Santa y la Pascua, momentos profundamente vividos por todo el pueblo mendocino. El periódico El Constitucional inserta en sus páginas poemas y reflexiones que ahondan en torno a estos misterios.

“Una crónica de 1965 proporciona imágenes costumbrista de la Semana Santa. Describe los altares elevador alrededor de la plaza de Loreto y en los principales templos, entre los que sobresale el `Sepulcro destinado a recibir el sagrado cuerpo del Redentor del mundo´”, relata Varela. “Además de la conmoción que producen en el pueblo los sermones de `agonía y descendimiento´ debido a la elocuencia de los oradores”, agrega.

En general, las crónicas del periódico, reflejan los diferentes momentos de la celebración religiosa. “El día viernes se realiza la tradicional procesión en la que participan los ciudadanos más distinguidos de la sociedad junto a una gran cantidad de fieles. La presencia de la banda de música contribuye a lograr el clima de solemnidad propio de estas ceremonias”, describe la investigadora.

“La función principal del sábado de Gloria es la denominada `ceremonia del Resucitado´ que incluía la misa solemne y una procesión con la imagen de Jesús resucitado que recorría las principales calles de la ciudad”, explica Varela que cita un párrafo de una crónica de 1865: “Haciéndose oír en todo su tránsito la música que acompañaba el canto de los religiosos, dando a esa ceremonia la sublime majestad de que es digno el alto ministerio que ella simboliza”.

“La celebración del Corpus Christi es otra festividad litúrgica muy extendida en la provincia que, al tener menor solemnidad que la Pascua permite presentar amenas crónicas de los principales actos que despliegan variados detalles costumbristas”, argumenta la docente.

Y explica que “el programa del Corpus incluye generalmente la misa solemne, la exposición del Santísimo Sacramento, acompañada de música y cantos, y finalmente la procesión por las calles de la ciudad adornadas a tal efecto con altares improvisados por las mujeres de la sociedad local que compiten por lograr el mejor arreglo”.

Nada mejor que un fragmento de una crónica de junio de 1866 para ilustrar lo que Varela relata: “¡Cinco altares! Lo más admirable no es que fueran cinco sino que cada uno era una creación maravillosa, por la armonía perfecta de su conjunto y la profesión y exquisita elegancia de sus detalles”.

Patricia Rodón

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3 de Diciembre de 2016|14:16
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