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El terrorismo que amenaza la Copa del Mundo

Más allá de la expectativa deportiva, Sudáfrica se mantiene atenta frente a las eventuales amenazas de atentados durante el próximo Mundial. Existirán complejos controles.

El principal rival por batir en el Mundial 2010 será el de la inseguridad, asociada en forma directa con el terrorismo. Por este motivo, la policía sudafricana combate estos flagelos de manera anticipada. La actividad es permanente: hay simulacros de ataques químicos, biológicos y radiactivos; los hospitales tienen planes para enfrentar ataques con grandes cantidades de víctimas; agentes de inteligencia se contactan con colegas de todo el mundo buscando información... 

Como si no bastara con las altas tasas de criminalidad en Sudáfrica y la amenaza de los hooligans europeos, los organizadores de la Copa del Mundo se preocupan también por la violencia a gran escala. "El terrorismo es uno de los males que plagan al mundo de hoy", mencionó el ministro de Policía, Nathi Mthethwa. "Los terroristas están preparados para matar y mutilar a gente inocente. No vamos a permitir que eso ocurra en nuestro suelo". 

En febrero pasado, en Sun City, se reunieron los 32 responsables de seguridad de las selecciones que van a jugar el Mundial. De todos los problemas detectados, hubo uno que causó especial preocupación: la falta de una coordinación general entre las policías de las 32 delegaciones. Ese intercambio de información será uno de los pilares para contrarrestar las amenazas externas. 

Durante el Mundial, la totalidad de la Policía Nacional Sudafricana (150.000 miembros) estará dedicada a la competencia, y además se calcula que se destinarán 1500 efectivos por partido, incluyendo la protección de la ciudad durante la jornada. A esto debe sumársele la colaboración de empresas privadas de seguridad que estarán bajo el ala de la policía. 

Grandes citas deportivas han estado entre los objetivos de grupos terroristas. El último ejemplo fue el Mundial masculino de hockey, que se disputó en Nueva Delhi en febrero y que en los días previos estuvo bajo la sombra de la Brigada 303, facción de Al-Qaeda, aunque al final no se produjeron episodios violentos. 

Los Juegos Olímpicos de Munich 72 dejaron la primera gran huella de un derramamiento deportivo en un evento deportivo de peso. Allí, terroristas palestinos tomaron como rehenes al técnico y a atletas de Israel, con un saldo de 11 muertos. En los Juegos de Atlanta 96, un extremista detonó una pequeña bomba en un parque y causó varios heridos. 

Más recientemente, el año pasado, siete jugadores fueron heridos y seis policías asesinados en un ataque con armas de fuego, granadas y un cohete contra el equipo nacional de cricket de Sri Lanka, que viajaba en un autobús para enfrentarse con Pakistán, en Lahore. 

El caso más inmediato fue el atentado contra la selección de Togo, dos días antes del comienzo de la Copa Africana de Naciones, en Angola. 

Sudáfrica no tiene movimientos separatistas y no es enemiga de nadie, señalan funcionarios de gobierno. "Igual, debido a que recibiremos a otras 31 naciones, no podemos ser complacientes.

Nos hemos preparados para cualquiera eventualidad", dijo el vocero policial Vish Naidoo, que insistió en que la ayuda de la gente es decisiva, sobre todo para informar a la policía si se le pide donar fondos para algún grupo del que sospeche tenga lazos terroristas. 

Y Anneli Botha, ex oficial de policía sudafricana, trazó una semblanza general de la situación: "No hay que andar asustados, pero cada uno debe estar vigilante". 

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7 de Diciembre de 2016|13:35
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