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Messi, como Jordan

El periodista Juan Pablo Varsky hace una fusión entre los deportes que a él más le gustan, el básquet y el fútbol. Imperdible columna del ex conductor de TN Deportivo. Mirá los videos.

El periodista Juan Pablo Varsky hace una fusión entre los deportes que a él más le gustan, el básquet y el fútbol. Imperdible columna del ex conductor de TN Deportivo publicada en el diario la Nación y en el portal canchallena.com. Aquí el texto completo.

"Messi tiene mucha incidencia, como Jordan en los Bulls", de Pep Guardiola, entrenador de Barcelona. 

"Crear un equipo exitoso es esencialmente un acto espiritual. Requiere que los individuos involucrados resignen su interés personal para el bien mayor: que el todo sea más que la suma de sus partes", de Phil Jackson, entrenador de Chicago Bulls durante la era Jordan. 

Cada partido de Lionel Messi en Barcelona es una fiesta. Ante Zaragoza, fue demasiado bueno, trascendió a sus propios compañeros. Este equipazo juega para la historia. Genera admiración en todo el mundo. Desde Catalunya, le muestra al planeta fútbol una manera de sentir y de interpretar este juego. Tiene la mezcla perfecta de orden e improvisación, de mecanización y espontaneidad, de trabajo colectivo y creatividad personal. Esto lo hace único y, quizás, irrepetible. Amo el juego de pases del Arsenal inglés, pero le falta una cuota de talento individual. Este Barcelona es el mejor equipo de fútbol que he visto en mi vida. 

Si bien su intención fue poner a Leo en el mismo lugar de Jordan como factor desequilibrante, la frase de Guardiola hace estricta justicia con el equipo, tan influyente en este deporte como aquellos Bulls de Michael Jordan en la NBA de los 90. Aunque pierda la Liga contra Real Madrid y no defienda su título en la UEFA Champions League, el concepto no cambiará. 

Phil Jackson jugó al básquetbol en la Universidad de North Dakota y en los New York Knicks, donde fue campeón de la NBA en 1973. Allí conoció a Red Holzman, un coach que le cambió la vida con conceptos elementales, como "el poder del nosotros es más fuerte que el poder del yo". Exploró la meditación e incorporó la filosofía Zen. Se sumó al cuerpo técnico de Chicago en 1987 y se convirtió en el entrenador principal dos años más tarde, tras el despido de Doug Collins. En su libro Sacred Hoops, explica detalladamente cuánto le ha ayudado este vínculo con la espiritualidad para formar a aquellos gloriosos Bulls. 



"Voy a defender este modelo de juego hasta la muerte. Sólo he conocido esta manera de jugar. Las otras que he conocido han sido por períodos breves. Y como creo en ese estilo, sin ninguna duda lo defenderé. Si algún día quiero entrenar, ¿qué utilizaré? Lo que conozco. Porque me gusta y porque, además, no tengo suficientes referencias de otros modelos", le dijo Pep Guardiola a Santiago Segurola, en el reportaje que cierra el imprescindible libro Fútbol y pasiones políticas. Transcurría 1998. Aún era futbolista. Ni siquiera había comenzado su periplo por Italia, Qatar y por México, donde se retiró en 2006 con Dorados de Sinaloa. Evidentemente, tenía todo muy claro. 

Guardiola fue columnista de El País durante el Mundial de Alemania. Y escribió sobre Messi tras el 6 a 0 contra Serbia y Montenegro: "Me produce la sensación de los más grandes. Es la presencia escénica. Es aquel actor que sale a escena y tus ojos sólo se dirigen a él, aunque haya diez maravillosos actores más. Esa sensación de que algo va a pasar de bueno. De grande. Este chico me genera esto". Dos años más tarde, se encontraron en Barcelona. Le pidió que jugara más adelante, que resolviera en los últimos 20 metros. Le aseguró que no tendría la necesidad de ir a buscar la pelota en su propio campo porque el equipo, desde el toque, construiría el juego para su posterior desequilibrio en los metros de la verdad. El maravilloso tanto a Getafe modelo 2008 está en las antípodas del pensamiento de Guardiola, cuyo gol ideal es uno lleno de pases y ni una sola gambeta. 

En 1990, Phil Jackson cambió el estilo de los Bulls. Michael Jordan rompía récords de puntos y era el mejor defensor de la NBA, pero cada año el equipo era eliminado de los playoffs por Detroit Pistons. Su asistente, Tex Winter, diseñó la ofensiva triangular, cuyo nombre define su esencia: armar triángulos con los movimientos de los jugadores y de la pelota para encontrar la mejor opción de tiro. Esta nueva fórmula redujo los arrebatos individuales de Jordan, quien debió ajustarse al nuevo sistema.

"Tenés que compartir el escenario con tus compañeros, porque si no lo hacés, ellos no crecerán", le argumentó Jackson. Ante el escepticismo de MJ, que desconfiaba de la capacidad de algunos de sus compañeros, siguió: "Lo importante es dejar que todos toquen la pelota para que no se sientan espectadores. No podemos ganarle con un solo hombre a un equipo que se defiende bien". Michael lo entendió y estudió el sistema para encontrar todas las maneras de aprovechar su rol dentro del equipo. Jackson también debió convencer a sus compañeros de que podían jugar sin depender de su gran estrella. Los dobles y triples de John Paxson, asistido por Jordan, en aquel quinto partido de la final contra Los Angeles Lakers en 1991 reflejan cómo todo el equipo incorporó y ejecutó esa idea a la perfección.



Tras el tricampeonato 91-93 y el asesinato de su padre James, MJ se retiró. Buscó un nuevo desafío con el béisbol, pero se le rieron en la cara ante tanto batazo al aire. En marzo de 1995, volvió a los Bulls, que, conducidos por el gran Pippen, seguían jugando muy bien colectivamente. Todos suponíamos que con el regreso de MJ Chicago ganaría ese título, pero perdió su serie contra los Orlando Magic de Shaq. "Nos olvidamos que se juega en equipo. Michael y sus compañeros se comportaron como en los años anteriores a nuestro primer título." En la temporada siguiente, comenzó la segunda parte de la dinastía que desembocaría en el segundo tricampeonato 96-98. Con el glamoroso Rodman y el talentoso Kukoc, ese equipo tenía más brillo individual. Por la repercusión que generaba, cada partido se parecía a un recital de los Beatles. Y por el juego, a una sesión de jazz con los mejores intérpretes. Este Barcelona produce exactamente la misma banda de sonido. 

Se trata de dos talentos descomunales, inteligentes y con pasión por su respectivo deporte. Pero si no se hubieran encontrado con estos dos líderes y con sus compañeros, no habrían llegado a tanto. Phil Jackson y su equipo mejoraron a Jordan. Pep Guardiola y su equipo han mejorado a Messi. 

Sin embargo, MJ no necesitó ni del Mundial ni de los Olímpicos para confirmarle al mundo que era el mejor de la historia. Es otro país, es otro deporte. Y la relación entre el público y el protagonista es bien diferente. El estadounidense nunca le exigió a Jordan. Siempre lo disfrutó. Messi recorre el camino a ser el mejor futbolista de todos los tiempos. Pero, aunque el fútbol pertenezca cada vez más a los clubes y cada vez menos a los seleccionados, aquí se lo mirará de reojo y con desconfianza hasta que gane el Mundial. Esta certeza está culturalmente instalada y será imposible desactivarla. Es una pena que muchos se pierdan la chance de disfrutar de Messi por la única razón de que no rinde con la camiseta argentina. El exitismo es el peor rival del hincha. Lo convierte en un miserable. Le quita la posibilidad de disfrutar. 

Maradona estuvo en Barcelona. Se reunió con él y con su círculo íntimo. Vale su búsqueda. Ojalá encuentre la idea para potenciarlo. Si el equipo juega como contra Alemania y Uruguay, será sólido en defensa y molesto para sus rivales. Pero no logrará la mejor versión del crack demasiado lejos del arco contrario y obligado a resolver por su propia cuenta. Luego de la idea, llegará el momento del sistema, que sin nombres propios es un mero número telefónico. Diego y sus compañeros necesitan a un Lionel comprometido y convencido. Y Lionel necesita que su entrenador y sus compañeros crean en él, pero que no lo dejen solo en esta responsabilidad compartida. En definitiva, para que Messi sea el Jordan de la selección, Maradona debe inspirarse en Phil Jackson y en Pep Guardiola. 

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