Deportes

Fútbol en el gueto sudafricano: una fiesta familiar

En el estadio Ramabodu de Bloemfontein, con capacidad para 20.000 personas y situado en el principal township de la ciudad, la imagen festiva parece inalterable desde los años del apartheid, cuando este tipo de acontecimientos deportivos servían de válvula de escape para los aficionados. Cánticos, color e hinchas asisten en familia para disfrutar del fútbol.

Con cánticos y mucho colorido, los hinchas acuden en familia y con amigos a disfrutar del fútbol en Sudáfrica, donde este deporte ha estado tradicionalmente ligado a la comunidad negra, que espera con especial interés la disputa del Mundial-2010 (11 junio-11 julio).
  
Personas mayores, hombres, mujeres y niños constituyen la marea humana de las gradas de los estadios del país, en el caso del estadio Ramabodu con los colores verde y blanco del conjunto local (Celtics).
  
Además de animar, la hinchada se caracteriza por cantar y bailar durante el partido, casi sin descanso, durante noventa minutos de fiesta.
  
"No abandonan nunca el estadio. He jugado en Bélgica, en Irlanda, nunca vi nada parecido. Cuando el equipo va mal es cuando están más presentes", explicó el entrenador Owen Da Gama.
  
Los centenares de miles de extranjeros que se esperan para el primer Mundial "van a sorprenderse por los aficionados sudafricanos", vaticinó Da Gama. "Es algo especial, sin violencia, sin peleas. La gente tiene que verlo", apuntó.
  
La violencia, que acostumbra a estar ligada a ciertos grupos de hinchas en otros países, queda al margen normalmente de los partidos, para los que a menudo los espectadores recorren varios kilómetros a pie.
  
"Si perdemos, fiesta. Si ganamos, fiesta", resumió Shay, seguidor de los Pirates de Soweto, a sus 49 años.
  
Este entusiasmo familiar a menudo no es compartido por los sectores blancos del país, dieciséis años después de la caída oficial del apartheid, donde la división racial continúa marcando los deportes nacionales: rugby para blancos y fútbol sobre todo para los negros.
  
La Copa de Confederaciones, en junio de 2009, vio cómo algunos hinchas blancos se acercaron a compartir el torneo, aunque eran una gran minoría en las gradas de los estadios.
  
En el siglo XIX, el fútbol conquistó los barrios populares. Cuando la segregación racial quedó instaurada de forma sistemática, a partir de 1948, el fútbol quedó prácticamente reservado para los negros, como un deporte ajeno a los Afrikaners, descendientes blancos de los primeros colonos.
  
En los peores momentos de la represión, "casi todos los habitantes del barrio de chabolas venían el sábado y el domingo" para ver los partidos en Masenkeng, el campo más antiguo del gueto de Bloemfontein, recuerda David Butiki Mokwena, de 38 años.
  
"Como ahora, toda la actividad se detenía en el township", añadió, recordando que hasta las ceremonias y actos religiosos adaptaban sus horarios a los partidos programados.
  
En 1988, el fútbol fue escenario de los movimientos sociales que vivía el país y que terminaron años después con la caída del apartheid.
  
"Se contribuyó a la eclosión de un movimiento civil negro urbano, que tomó parte de manera decisiva en el movimiento de liberación", analizó el periodista ex activista Tony Karon.
Opiniones (0)
9 de Diciembre de 2016|05:20
1
ERROR
9 de Diciembre de 2016|05:20
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    15 fotos de la selección del año de National Geographic
    8 de Diciembre de 2016
    15 fotos de la selección del año de National Geographic