Deportes

En Estocolmo se escribió otra loca historia de Nalbandian

La hazaña lograda por "El Rey David" en Suecia fue el motivo para que el columnista deportivo Juan Pablo Varsky escribiera sobre esta y otras historias  del tenista argentino.

La hazaña lograda el fin de semana por el tenista argentino David Nalbandian fue el pretexto para que el periodista Juan Pablo Varsky diseñara su columna, contando la historia casi de una forma épica.

A continuación el texto completo de la historia publicada en la Sección Deportes del Diario La Nación:

"El loco e increíble cuento de Estocolmo"

Quiero arrancar de una buena vez", me había dicho David Nalbandian el lunes pasado en el gimnasio del Vilas Club. Ya había vuelto a entrenarse. Reveló que el aductor desgarrado aún le molestaba cuando se movía para los costados, pero que ya no sentía dolor corriendo para atrás y para adelante. Se había lastimado durante el primer set por la segunda rueda de la Copa Telmex contra el español Daniel Gimeno Traver. No debió haber seguido. Pero, como siempre, asumió el riesgo. Ganó 7-6 en el tercero luego tres horas de duro match. No pudo presentarse en los cuartos de final ante Albert Montañés, otro español. 

Todo había comenzado con molestias en la cadera durante la segunda mitad de 2008. Pero se profundizó en el primer semestre de 2009. Luis Lobo, su coach, le dijo: "Jugá al ciento por ciento. Si te rompés, te operás". Así ocurrió. Una derrota en sets corridos con el chileno Paul Capdeville en Estoril fue lapidaria: al cuchillo . 

La muy buena reaparición de Lleyton Hewitt tras una intervención similar le sirvió de estímulo. Dio todos los pasos para volver a competir. Una paulatina recuperación, la rutina de ejercicios con sus fieles laderos Claudio Galasso y Diego Rodríguez y, finalmente, el primer contacto con la raqueta, filmado en vivo y en directo. Su participación en la Copa Argentina fue el penúltimo eslabón de una cadena que terminaría en Nueva Zelanda. Pero ya en Auckland, un entrenamiento le puso el freno de mano: desgarro abdominal. Adiós al Abierto de Australia y una brusca caída en el ranking. Principal atracción de la Telmex, llegó con lo justo y ya sabemos cómo terminó esa historia. 

La muñeca derecha ya había domado a Del Potro. Sin ninguno de los dos ases, la Copa Davis debía esperar un año más. Sin dudas, el autoboicot de Mar del Plata 2008 ha dejado una herida. Los jugadores se involucraron en temas que no les correspondían como la elección de la sede. El dinero estuvo por encima del tenis. El equipo se autodestruyó. "Hicimos todo mal", me han dicho todos los protagonistas del episodio. En nuestro país, la Davis es un tema espinoso. Porque es la mejor nación, tenísticamente hablando, que aún no la ha ganado. Hay exceso de palabras. Se tilda de cipayo al jugador que, por diferentes razones, se niegue a competir. Todo terminará cuando un equipo argentino levante la Ensaladera. Y, acaso más que ningún otro tenista nacional, él quiere estar en esa histórica foto. 

Su intervención en el caso Mar del Plata-Córdoba no borra su permanente compromiso con la Copa Davis. Y ha hecho su propia evaluación sobre aquellos acontecimientos. El tenis argentino necesita juntos y unidos a David Nalbandian y a Juan Martín Del Potro para, por fin, tener esa foto. ¡Basta de promover enfrentamientos, de exacerbar nacionalismos y de potenciar antinomias que tanto daño le hacen al deporte! 

"Así no le gano a nadie", le dijo Leo Mayer a su entrenador Emiliano Redondi el año pasado en Roland Garros. La durísima fase de clasificación le había "comido" el cuerpo. Pero tuvo suerte. Le programaron su partido de primera rueda recién para el miércoles con James Blake, un ex rival de PlayStation . Lo sacó en sets corridos. Luego asustó al alemán Haas, pero perdió en cinco sets. Instalado entre los setenta mejores, sólo debió jugar qualy para el Masters 1000 de Shanghai. Correntino, con papá Orlando bancario y mamá Estela docente, se formó en Resistencia y se consolidó en Buenos Aires. Contó con un sponsor que le bancó la carrera desde los challengers. Tito Vázquez ya lo había elegido para el doble con Acasuso ante los checos. Esta vez, le confió el single uno en el clave duelo contra Johansson. ¿Un argentino con 28 aces en cuatro sets? "You can not be serious", diría el gran John Mac Enroe. Pero Mayer despachó al sueco con su servicio muy difícil de anticipar. No saca fuerte, saca rápido. Y con una gran variedad de ángulos. Ayer hizo trabajar a Psycho Soderling. Pero el sueco estuvo más preciso en los puntos importantes. 

Me emocionó verlo llorar en la cancha tras su derrota ante el séptimo del mundo y en su casa. Mostró ese espíritu amateur que un deportista profesional nunca debe perder. De todas maneras, ya había hecho su determinante contribución con la victoria del viernes. Representa el cambio de paradigma que el tenis argentino está produciendo con menos especialistas sobre polvo de ladrillo y más jugadores de canchas rápidas. 

Horacio Zeballos llegó a Estocolmo como el tenista argentino de mejor ranking. El número 50 del mundo había sido distinguido como el mejor debutante del año pasado. Había comenzado 2009 en el puesto 196º. Y de la mano de su entrenador Alejandro Lombardo, lo había terminado 42º tras una intensa temporada que incluyó ¡31! torneos entre challengers (ganó cinco) y ATP. Estuvo a punto de festejar su primer título, pero el ucraniano Stakhovskiy le ganó la final de San Petersburgo 7-6 en el tercero. Este año no arrancó bien en singles, pero mostró su capacidad para jugar dobles. Derrotó en Auckland junto con el holandés Wassien a los hermanos Bryan, los mejores del mundo. Llegó a octavos en Australia con Leo Mayer. Y ganó la Telmex con Seba Prieto. Con estas credenciales, Tito Vázquez lo reservó para el sábado. El jueves se enteró de que jugaría con Nalbandian. Debutante en Davis, el primer punto del dobles fue el anticipo de su brillante actuación. Un drive al medio que Linstedt y Soderling apenas miraron. Ganó el segundo set con un ace y liquidó el partido con una volea de revés. Jugó con la tranquilidad de un veterano. David tuvo algo que ver, por supuesto. Llevó el paso de partido y le quitó responsabilidad a su compañero. Fue el único de los cuatro que no perdió su servicio. Desde aquel inolvidable 19-17 en el quinto con Lucas Arnold en Moscú 2002, ganó puntos con Cañas, Puerta, Calleri y Acasuso. Zeballos es su sexto socio de los sábados. 

Modesto Vázquez tiene 61 años. Fue compañero de Jimmy Connors en la Universidad de California y entrenador del paraguayo Pecci en aquel 1979, cuando llegó a la final de Roland Garros con Borg. Es muy amigo de Luis Alberto Spinetta y hasta le puso la letra a una canción al Flaco llamada "2 de enero". Capitán del equipo argentino de Copa Davis entre 1986 y 1988, armó un equipo con Martín Jaite y Horacio De la Peña como singlistas y una pareja que luego sería medalla de bronce en Barcelona 1992 Javier Frana-Cristian Miniussi. Aún lamenta ese match-point para ganar la serie que el indio Amritraj le salvó a Martín en Nueva Delhi. 

Esta semana, se lució en la estrategia. Sacrificó a Schwank, de excelente partido ante Soderling, para que Mayer quedara como primer singlista, evitara a Pyscho el viernes y se enfrentara con Johansson el primer día. Dejó fresco a Zeballos para el dobles y cuando Nalbandian lo llamó para contarle que "la estaba quemando" en los entrenamientos, aceptó el regalo del cielo. Con el 2-2, le concedió a David el primer quinto punto de su carrera. Más allá del resultado final, la apuesta cerraba por todos lados. Era aún más arriesgado exponer a Eduardo Schwank. No estuvo solo a la hora de tomar decisiones. Ricardo Rivera, el subcapitán, lo acompañó en esta aventura. 

Su vida es así, a puro riesgo. De bungee-jumping , como aquella foto de Viena modelo 2004. El tipo está de vacaciones pescando y lo llaman para ir al Masters de Shanghai 2005. Va, lo juega y le gana la final a Federer. El miércoles se tomó el avión. Llegó el jueves a la noche. Ganó el sábado. Y el domingo, tras 2 horas y 40 minutos, metió un revés paralelo marca registrada para cerrar su viaje soñado. Justo en Estocolmo, David Nalbandian se cargó el síndrome de la Copa Davis. No es una mala manera de, de una buena vez, arrancar? 

Fuente: Juan Pablo Varsky / Diario La Nación.
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5 de Diciembre de 2016|09:59
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