Cuando la historia cambió

¿Flores, perfumes y poemas en el Día Internacional de la Mujer? El mundo de la publicidad comercial y los medios de comunicación han convertido esta fecha en objeto de consumo y de culto al mujerismo. ¿Cuál es el verdadero sentido de esta fecha?

Por Ana María Portugal

El 8 de marzo es un día para recordar las gestas más emblemáticas protagonizadas a inicios del siglo XX, por una generación de mujeres que bajo la égida de los socialismos, anarquismos, sufragismos y pacifismos, reclamaron derechos sociales y políticos en escenarios marcados por guerras y revoluciones.

El derecho a la educación, a un salario justo, al voto político, la anticoncepción y vivir sin guerras, fueron algunas demandas de los primeros movimientos organizados de mujeres en sus distintas vertientes: socialistas, comunistas, sindicalistas, sufragistas y pacifistas.

En la actualidad, las herederas de la pasión y valentía de las gestoras del Día Internacional de la Mujer, son todas las mujeres que actúan en la esfera pública en defensa de los derechos de sus congéneres: movimientos feministas, organizaciones sociales de mujeres, de derechos humanos, parlamentos, partidos políticos, medios de comunicación y en los ámbitos de la cultura, el arte y la academia.

El Día Internacional de la Mujer es un día de recuerdo y de reconocimiento al legado de coraje, sabiduría e independencia que nos entregaron nuestras pioneras. Tenemos la responsabilidad de transmitir esta herencia a las nuevas generaciones de mujeres para decirles que los derechos que hoy gozamos, fueron ganados duramente a costa de sacrificios, dolor y ostracismo por esas valientes mujeres que se enfrentaron a la
incomprensión, el autoritarismo y la maledicencia de la sociedad de su tiempo.

Cada 8 de Marzo, renovamos nuestro compromiso de mantener vigentes los principios de libertad, justicia y autonomía del ideario de las madres fundadoras del feminismo. Compromiso que se refuerza en las propuestas y en las acciones de las agendas feministas y de los movimientos sociales de mujeres en su interlocución con los gobiernos y las instituciones.

8 de marzo, el primer día de la Revolución

Sobre el origen del Día Internacional de la Mujer existen diversas versiones que hablan de un incendio ocurrido en una fábrica textil de Nueva York en 1857, donde habrían muerto quemadas las obreras que hacían una huelga. Otra versión sitúa la fecha del siniestro en la fábrica Cotton de Nueva York el domingo 8 de marzo de 1909, día inapropiado para declararse en huelga, como señalan las investigadoras Renée Côté y Ana Isabel Álvarez González.. Ambas dicen no haber encontrado pruebas documentales sobre este incendio ni que ese hecho, de haberse producido, fue el motivo para establecer una jornada internacional de las mujeres.

Côté y Álvarez son autoras de dos importantes trabajos de investigación sobre los orígenes
del 8 de Marzo. Renée Côté de nacionalidad canadiense publicó en 1984 el libro El Día
Internacional de la Mujer. Los verdaderos hechos y fechas de los misteriosos orígenes
del 8 de marzo, hasta hoy confusos, maquillados y olvidados. Este libro es el resultado
de un trabajo de seis años que la llevó a indagar en bibliotecas, centros de documentación,
archivos periodísticos, correspondencia personal, entre otros.

Ana Isabel Álvarez Gonzáles, investigadora del Programa de Estudios de la Mujer de la
Universidad de Oviedo, España, editó en 1999 el libro Los orígenes y la celebración del
Día Internacional de la Mujer, 1910-1945 fruto de casi tres años de trabajo revisando
fuentes de primera mano en la Universidad de Harvard.

Estas investigaciones, entre otras, establecen que la historia de los orígenes del 8 de Marzo
está cruzada por situaciones y hechos en un escenario complejo y rico en acontecimientos
marcados por las dos Guerras Mundiales, la Revolución Rusa, la lucha por el sufragio
femenino, las pugnas entre socialistas y sufragistas, el nacimiento del movimiento pacifista
feminista, y el creciente auge del sindicalismo femenino en las primeras décadas del siglo
XX en Europa y Norteamérica.

En este contexto, un acontecimiento de gran significación histórica como la Revolución
Rusa, tiene especial interés para nosotras, porque fue en Petrogrado el 23 de febrero de
1917, Día Internacional de la Mujer, que las obreras textiles llamaron a una huelga general.

Esta fecha, de acuerdo con el calendario occidental era el 8 de marzo. ¿Fue esta huelga, la
chispa que incendió la Revolución Rusa? Todo parece indicar que sí.

El llamamiento de las obreras de Petrogrado consideraba una protesta por la escasez de
alimentos, la participación de Rusia en la I Guerra Mundial, y para exigir justicia a las
demandas laborales de la clase obrera, Esta revuelta denominada Revolución de Febrero se
realiza contrariando las órdenes de la dirigencia de la oposición zarista, renuente a convocar
a una huelga general en esta fecha por temor a una gran represión.

La guerra significó para las mujeres el aumento de las cargas familiares y económicas. En vista que los hombres estaban en el frente, ellas y sus hijos tuvieron que ir a trabajar a las fábricas.
Entre 1914 y 1917, la clase obrera en Petrogrado constituía un tercio de la fuerza laboral del país. (Rossi).

En este período, la participación de las mujeres rusas en el trabajo asalariado aumentó considerablemente a la par que su compromiso de participar más activamente. Desde 1a década de 1870, núcleos de mujeres estudiantes y trabajadoras fueron activos en los movimientos estudiantiles y grupos de estudio, algunos influenciados por las ideas anarquistas. Esta actuación se desarrolló paralela a la creación de un movimiento feminista cuya plataforma
central era la obtención del voto, asunto que los sectores socialdemócratas calificaron de
“burgués”, Kollontai advirtió que se trataba de un movimiento “bastante fuerte” al que
había que oponer un movimiento organizado de trabajadoras comprometido con el voto, y
la transformación de la sociedad.

Entre 1875 y 1879, muchas mujeres apoyaron y/o participaron directamente en una serie
de huelgas, que las llevaron a la cárcel. Otras se integraron a los grupos terroristas. La
investigadora Elisabetta Rossi, destaca que esta vanguardia femenina fue sometida en 1875
a juicio público conocido como el “juicio de las cincuenta”, o el “juicio de las mujeres
moscovitas”. No es raro, entonces, que en el Petrogrado de 1917, la presencia y el
protagonismo de las mujeres obreras sea determinante. Hoy esta insurrección es
considerada como la primera fase de la Revolución que precipitó la abdicación del Zar
Nicolás II. Para dar fundamento a esta versión existen los testimonios de dos importantes
testigos de esa época citados por el estudioso Vito Gianotti, Alexandra Kollontai (1872-
1952) y León Trotsky (1979-1840), miembros del Comité Central del Partido Obrero
Socialdemócrata de Rusia. El testimonio de Trotsky es muy elocuente, figura en el primer
tomo de su Historia de la Revolución Rusa.

“El 23 de febrero era el Día Internacional de la Mujer. Los elementos socialdemócratas se
proponían festejarlo de manera tradicional: con asambleas, discursos, manifiestos, etc. A
nadie se le pasó por las mentes que el Día de la Mujer pudiera convertirse en el primer día
de la revolución. Ninguna organización hizo un llamamiento a la huelga para ese día. La
organización bolchevique más combativa de todas, el Comité de la barriada obrera de
Viborg, aconsejó que no se fuese a la huelga”.

Según Trotsky, a pesar que muchos sectores obreros de Viborg estaban dispuestos a salir,
los dirigentes consideraron “que no había llegado todavía el momento de la acción”, en
vista que el Partido no era suficientemente fuerte, y no había seguridad de la adhesión de
los soldados. Así, en vísperas del 23 de febrero, la decisión fue no ir a la huelga, “sino
prepararse para la acción revolucionaria en un vago futuro”.

“Al día siguiente”, sigue diciendo Trostky, “haciendo caso omiso de sus instrucciones, se
declararon en huelga las obreras de algunas fábricas textiles y enviaron delegadas a los
metalúrgicos pidiéndoles que secundaran el movimiento”. Kajurov, uno de los líderes
obreros contó que “fueron a la huelga a regañadientes, secundados por los obreros
mencheviques y socialrevolucionarios”.

Los tres años de guerra habían dejado el saldo de dos millones de soldados muertos y
enfermedades y hambruna en la población civil. “Al ritmo de canciones revolucionarias, las
mujeres saquearon panaderías y colmados, gritando `Abajo el hambre`, `Pan para los
trabajadores` y marcharon por las calles donde vivían los miembros de la nobleza y
oficiales gubernamentales”. (Kaplan).

Alexandra Kollontai escribió “El día de las obreras, el 8 de Marzo, fue una fecha
memorable en la historia. Ese día las mujeres rusas levantaron la antorcha de la
revolución”. Al cabo de cuatro días, el Zar abdicó y el gobierno provisional de Kerenski
otorgó el voto a las mujeres. Ocho meses después los bolcheviques asumen el poder y el
curso de la historia cambia.

En 1921 se realiza en Moscú la Conferencia de las Mujeres Comunistas que acuerda
instituir el 8 de Marzo como “Día de la Mujer Comunista”. Más adelante, acontecimientos
como la II Guerra Mundial, la aparición del nazismo en Alemania y la burocratización
estalinista, entierran “las manifestaciones del 8 de Marzo” (Gianotti). Este autor advierte
que a medida que la URSS se convierte en un régimen absolutista, pierde su espíritu
revolucionario y con ello borra de la memoria el contenido rebelde y pionero del episodio
de Petrogrado con las obreras como protagonistas.

Esto no debe extrañar. Las historias oficiales han ignorado, borrado o minimizado la
actuación de las mujeres. Las obreras de Petrogrado “osaron” invadir un terreno de
exclusivo dominio masculino: la actividad política y la conducción “iluminada” del proceso
revolucionario. Quedó para la historia en letras de molde, los nombres de los dirigentes
varones como los únicos artífices de la Revolución de Octubre. Las pocas mujeres que
pasaron a integrar este Panteón figuran en calidad de comparsa de los esclarecidos.
Hoy, los testimonios de Kollontai y de Trostky constituyen un valioso documento que
rescata la verdad de los hechos. No es casual que Alexandra Kollontai y León Trosky
fueran estigmatizados y proscritos por el stalinismo. Kollontai enfrentó una dura oposición
al interior de su partido por sus posiciones radicales sobre la sexualidad y la moralidad. En
varias oportunidades fue calificada peyorativamente de “feminista” que en esa época (como
en otras) tenía una carga ideológica negativa.

En su Autobiografía de una mujer emancipada, Alejandra Kollontai confiesa que fue en
el año 1905 constató “ lo poco que nuestro partido se interesaba por el destino de las
mujeres de la clase trabajadora y por la liberación de la mujer…Fue muy difícil ganar a mis
colegas del partido para esta idea. Me encontré totalmente aislada con mis ideas y
pretensiones.”

Petrogrado en el olvido

Al término de la II Guerra Mundial en Europa, durante las décadas de 1950 y 1960, la
conmemoración del 8 de Marzo en los países comunistas resalta el heroísmo de unas
obreras textiles en huelga que murieron quemadas al quedar encerradas en las instalaciones
de la fábrica donde trabajaban.

En la década de 1950, un artículo publicado en el periódico del Partido Comunista francés
L`Humanité, destaca la historia del incendio, recordando que en memoria de las obreras
quemadas se estableció el 8 de Marzo. La misma versión es replicada el 1 de marzo de
1964 en la prensa de la Confederación General del Trabajo (CGT) francesa.

Posteriormente, el boletín de la Federación Democrática Internacional de Mujeres de
Alemania Oriental (RDA), publicado en 1966 corrobora esta historia. (Gianotti).
La publicación de las mujeres alemanas relata que en la II Conferencia de la Internacional
Socialista de Mujeres, la dirigenta Clara Zetkin propuso del 8 de Marzo como “Día
Internacional de la Mujer “en recuerdo a la fecha de la huelga de las tejedoras americanas,
53 años antes”. (Gianotti). En la segunda década de 1960, con la aparición de la segunda
ola del feminismo occidental, la celebración del 8 de Marzo mantiene el relato del incendio.
Petrogrado queda sepultado.

Cuando en la década de 1970, la historia consagrada del incendio de 1857, era
mundialmente difundida, el periódico feminista francés Historia d`Elles, en su número 0 de
1977 dedicado al 8 de Marzo, llamó la atención sobre esta versión, a su juicio errónea,
advirtiendo que luego de “largas búsquedas, nada se encontró, sobre la famosa huelga de
Nueva York, de 1857. Pero esta alerta no tuvo eco”. (Gianotti).

Al margen de estas polémicas, debemos rescatar el origen netamente socialista del Día
Internacional de la Mujer que surge en los países industrializados en un tiempo de
encendidos debates ideológicos y de turbulencia social.

El debate entre “burguesas” y proletarias

En las décadas de 1860 y 1890, surgen en Estados Unidos las primeras manifestaciones a
favor del voto femenino. El 19 de julio de 1848 nace el primer movimiento feminista
estadounidense. En la capilla metodista de Seneca Falls, Estado de Nueva York, se reúne
un centenar de personas para celebrar una convención sobre los derechos de la mujer cuyo
resultado fue la “Declaración de sentimientos o “Declaración de Seneca Falls”. Este
documento basado en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, denunciaba
la situación discriminada de las mujeres que no eran ciudadanas plenas al no poder votar,
ser candidatas, ni ocupar puestos públicos.

Este primer paso lleva a la formación de núcleos de mujeres de clase media y alta, que
actuan bajo la bandera del voto. Pronto esta agitación se expande a algunos países de
Europa como Inglaterra donde en 1867, Lydia Becker (1827-1890) organiza la Sociedad
Nacional Pro Sufragio de la Mujer (National Society for Women`s Suffrage). Al año
siguiente, Elizabeth Cady Stanton (1815-1902) y Susan B.Antony (1820-1902) fundan en
Estados Unidos, la Asociación Nacional Pro Sufragio de la Mujer (National Woman
Suffrage Association, NWSA), bajo el concepto que la causa de los derechos de las
mujeres era una lucha que dependía de las propias mujeres. (Mijares).

Cady Stanton y Antony, representaron el ala radical del feminismo sufragista
estadounidense de las primeras décadas del siglo XX. En particular Antony estuvo
comprometida con los problemas sociales de su tiempo, y en esa perspectiva defendió los
derechos de las mujeres obreras y su sindicalización, denunciando la condiciones
explotación a que eran sometidas las trabajadoras de la industria textil. (Martín-Gamero).
Esta presencia sufragista es sentida por las militantes de los partidos socialdemócratas de
Alemania y de Estados Unidos, que demandan a las dirigencias un compromiso con el
derecho de las mujeres al sufragio. La demanda es introducida por primera vez en los
congresos de la II Internacional Socialista de 1889 y 1893 por Clara Zetkin, Louise
Kautsky, Ottilie Baader y jóvenes obreras austríacas.

Una de las figuras centrales que impulsó la organización de las mujeres en el Partido
Socialdemócrata alemán fue Clara Zetkin (1857-1933). Con este propósito creó la revista
Igualdad (Die Gleichheit) que en 1891 llegó a tener 125 mil suscripciones. Esta publicación
se convierte en el órgano oficial de la Internacional Socialista de Mujeres. (Reck, Vidal). El
interés de amplios sectores de mujeres alemanas por la actividad partidaria se expresa en su
incorporación en número considerable al Partido Socialdemócrata en 1908, luego de la
derogación de las leyes que prohibían a las mujeres tener actividad política. (Reck, Vidal).
Con anterioridad, en 1901, dentro del Programa Mínimo del VI Congreso Nacional de
Partido Socialista italiano, se aprobó el “sufragio universal, simple, directo y secreto para
todos los mayores de edad de ambos sexos”.

De acuerdo con Alicia Mijares, “las bases para un movimiento femenino fueron puestas por
Clara Zektin. Amparándose en las tesis de Bebel, subrayó que la lucha de las mujeres
obreras por su emancipación era parte integrante de la lucha del proletariado”. Fue
insistente en advertir la imposibilidad de una colaboración “entre burguesas y proletarias”.
Mijares concluye afirmando que “sus presupuestos fueron aceptados por el partido como
medio más adecuado de evitar la tendencia separatista por parte de las mujeres”.

Vemos que el fantasma del separatismo rondaba al interior de las estructuras partidarias.
Aquellas militantes que estaban a favor de colaborar con el sufragismo liberal fueron
clasificadas de “pequeño burguesas”. El partido desconfiaba de ellas. Esta actitud
representó un obstáculo “para la creación de un secretariado especial de agitación entre las
trabajadoras, algo que había pedido Kollontai. No se entendía la importancia de tener
estructuras adecuadas, con un cierto grado de autonomía organizativa, pero vinculadas
estrechamente al partido y estratégicamente, atraer a las mujeres al proceso revolucionario.
Existía el temor a que si se hacían concesiones eso llevara a una política separada”. (Rossi).

Queda claro que el marco de referencia para acción es el sufragio. En 1901, nace el Partido
Socialista de Estados Unidos, bajo su alero se forma la Unión Socialista de las Mujeres con
la finalidad de ser escuchadas en sus demandas y exigir se las tome en cuenta en las
políticas de dirección del Partido. Esta organización también propicia un encendido debate
alrededor del voto. Según Naumi de Vasconcelos, este empeño tuvo poco eco en los
camaradas porque “no pudo conseguir las simpatías del partido para la reciente Unión, que
fallece sin pena ni gloria, de cólera recesiva en 1904”. Superando este traspié, en 1909, el
recién creado Comité de Mujeres Socialistas, toma la decisión de participar en acciones por
el sufragio al lado de las sufragistas despertando reacciones encontradas. (Mijares).
Es así como las dos Conferencias Internacionales de las Mujeres Socialistas (Stuttgart,
1907, Copenhague, 1910), definen el derrotero: ninguna cooperación con el “sufragismo
burgués”. Zetkin en su discurso de Copenhague si bien reconoció que el voto ayudaría a “a
las mujeres burguesas a derribar barreras en forma de privilegios para el sexo masculino
que son obstáculo para su propio desarrollo y actividad”, para las mujeres trabajadoras, este
derecho se convierte en un arma en la batalla que deben realizar para que la humanidad
supere la explotación y el dominio de clase…Las trabajadoras no pueden por tanto contar
con el apoyo de las mujeres de la burguesía en la lucha por los derechos civiles. Las
contradicciones de clase excluyen la posibilidad de que las trabajadoras se conviertan en
aliadas del movimiento feminista burgués”. (Rossi).

Este escenario dio lugar a la formación de dos corrientes. La primera considerada “radical”,
insistía que era prioritario apoyar a las trabajadoras más explotadas, y que tanto el
movimiento obrero como el Partido debían hacer del “problema femenino” un asunto
prioritario. La segunda tendencia, denominada “burguesa”, sostenía que había que apartarse
de la línea dominante del sindicalismo y de la tesis sobre la condición de la mujer defendida
por el marxismo, para, a través de un análisis específico, elaborar propuestas de cambio a
favor de las mujeres y de esta manera justificar sus luchas. Queda así trazada una línea
demarcatoria que definirá durante décadas las tensiones entre el socialismo y el feminismo.
(Mijares).

Nace la Internacional Socialista de Mujeres

1907 es la fecha de nacimiento de la Internacional Socialista de Mujeres que celebra su
primera conferencia en Stuttgart con la concurrencia de 58 participantes de Europa, India y
Japón. En esta conferencia se acuerda crear una secretaría internacional de la mujer bajo la
dirección de Clara Zetkin, y el punto central de la agenda fue el voto femenino. Hasta ese
momento, sólo las mujeres de Nueva Zelanda (1893) y Finlandia (1906) tenían ese derecho.
(Internacional Socialista de Mujeres). En Estados Unidos, el estado de Wyoming en 1869
fue el primero en otorgar el voto a las mujeres.

En tal sentido, las asistentes aprueban una moción para comprometer el apoyo de sus
partidos en la campaña por el sufragio. “Todos los partidos socialistas deben luchar por el
sufragio femenino”. Esta moción fue elaborada en la casa de Clara Zetkin, por ella y sus
huéspedes, Rosa Luxemburgo y Alexandra Kollontai. (Gianotti).

Tres años después, durante la II Conferencia de la Internacional Socialista de Mujeres
realizada en Copenhague los días 26 y 27 de agosto, las delegadas estadounidenses, Lena
Morrow Lewis y May Wood Simons, presentan la propuesta de su Partido de establecer un
día internacional de la mujer con el objetivo central de hacer campaña por el derecho al
sufragio. La propuesta es acogida por Clara Zetkin que inicialmente apoyó una moción
presentada al Plenario, para establecer el Día de la Mujer junto a la fecha del 1º de Mayo
pero que no tuvo aceptación, pues la mayoría de las delegadas consideró que “el Día de la
Mujer debería ser conmemorado en un día propio específico”.

Entonces Zetkin plantea crear el “Día Internacional de la Mujer Socialista” para seguir “el
ejemplo de las camaradas norteamericanas” refiriéndose a los Woman´s Day que cada año
organizaban las militantes estadounidenses, como veremos más adelante. No especificó una
fecha determinada “dejando que cada país la definiera”. Tampoco hace referencia al
“supuesto suceso de 1857” (Gianotti). Un total de 100 delegadas de 17 países asumen este
compromiso. Otro de los acuerdos tomados fue luchar por la paz. (Internacional Socialista
de Mujeres).

El texto de la Resolución publicado en Igualdad el 29 de agosto de 1910, establece que “las
mujeres socialistas de todas las naciones organizaran un Día de las Mujeres, cuyo primer
objetivo será promover el derecho al sufragio, y “que es preciso discutir esta propuesta,
conectándola a la cuestión más amplia de las mujeres, en una perspectiva socialista”.
(Gianotti).

Gestación de una fecha

La toma de posición sobre el sufragio y el acceso de las mujeres al trabajo remunerado en
iguales condiciones con los hombres, así como su incorporación a los sindicatos, son temas
presentes en las actividades de las mujeres socialistas estadounidenses dentro de los
llamados Women`s Day, antecedentes del 8 de Marzo. El domingo 3 de marzo de 1908, la
Federación de Mujeres Socialistas de Chicago, convoca a un Día de la Mujer en el Teatro
The Garrick para discutir sobre “la educación de la clase trabajadora y la mujer y el Partido
Socialista”.

Esa iniciativa, según Vito Gianotti, partió de las propias mujeres pero el Partido no
reconoció este encuentro. Por ello al año siguiente, el 28 de febrero, la dirigencia a través
del Comité Nacional de la Mujer, organizó oficialmente “el primer Día de la Mujer”en
Nueva York. El tema central fue “obtener el derecho de voto y abolir la esclavitud sexual”.

El segundo Día oficial de la Mujer, con la asistencia de 3 mil mujeres se realizó el último
domingo de febrero de 1910 en el Carnegie Hall de Nueva York, con el objetivo de
“enrolar a las mujeres en el ejército de los camaradas de la revolución social”. La
concurrencia de un importante número de obreras textiles de la Compañía de Blusas
Triangle que el año anterior habían sostenido una larga huelga en protesta por haber sido
despedidas, otorgó un sello especial al acto. Esta huelga conocida como la “sublevación de
las 20.000” (por el número aproximado de trabajadoras de diversas fábricas que prestaron
su apoyo), duró del 28 de septiembre de 1909 al 15 de febrero de 1910, fecha cercana al
Día de la Mujer. (Lau). A partir de esa fecha y hasta 1914, las celebraciones en Estados
Unidos se cumplirán el último domingo de febrero.

En Europa, el primer Día de la Mujer Socialista tiene lugar el 19 de marzo de 1911 por
acuerdo de la Secretaría de la Mujer Socialista, organismo de la Internacional Socialista.
Alejandra Kollontai propuso ese día, en memoria del levantamiento que protagonizaron las
mujeres obreras en Prusia, el 19 de marzo de 1848 en el marco de la Revolución Alemana.
Kollontai recordó que “ese día las mujeres consiguieron del rey de Prusia la promesa,
después no cumplida, de obtener el derecho al voto”. (Gianotti).

Al calor del activismo de ese día, Alejandra Kollontai haciendo un balance de las
movilizaciones, dijo: “Era un mar de mujeres, estremecido y en plena ebullición. Se
organizaron reuniones en todas partes, en pequeños pueblos, e incluso en aldeas, los
recintos de abarrotaron de la forma que tuvieron que pedir a los trabajadores que cedieran
su lugar a las mujeres. Para variar, los hombres se quedaron en la casa con sus hijos, y sus
esposas, amas de casa cautivas, acudieron a las reuniones”. (Stevens). Años después,
Kollontai ya ungida por el gobierno de los soviet como Comisaria del Pueblo para la
Asistencia Pública, convence a Lenin de convertir esa fecha en una festividad comunista
oficial, para homenajear a las “heroicas mujeres trabajadoras” en alusión a las obreras de la
histórica huelga de Petrogrado.

En Suecia e Italia, las socialistas celebraron esa fecha el 1 de marzo de 1911 y en Rusia la
primera conmemoración se realizó el 3 de marzo de 1913. Al año siguiente todas las
organizadoras son encarceladas por el regimen zarista.

“Guerra contra la guerra”

El 8 de marzo de 1914 con el inicio de la I Guerra Mundial, miles de mujeres de Alemania, Francia y Suecia, protagonizan diversos mitines contra la guerra y reclaman el derecho al sufragio, declarando ese día “una fecha universal dedicada a la mujer luchadora”. (Pigna).

Desde los inicios, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer se ligó a tres causas centrales: el derecho al sufragio, la defensa de los derechos de las mujeres trabajadoras y el pacifismo. La primera declaración de mujeres contra la llamada Gran Guerra se produce en el Congreso Internacional por la Paz Futura celebrado en La Haya, Holanda, en marzo de 1914. Las participantes denuncian a la guerra como “una empresa de hombres” y exigen garantías de paz futura. Al siguiente año, aparece la Liga Femenina Internacional por la Paz y la Libertad para repudiar la guerra. Son los primeros pasos del naciente movimiento feminista pacifista que hace sentir su presencia en las conmemoraciones del 8 de marzo en Europa. En este contexto, las mujeres socialistas no pudieron ni quisieron restarse.

Probablemente las figuras más resaltantes de la causa pacifista de esa época fueron Alejandra Kollontai, Clara Zetkin y la filósofa, dirigenta y teórica marxista polaca, Rosa Luxemburgo (1871-1919).

La conflagración de 1914, significó una crisis dentro de los partidos socialdemócratas europeos que adoptaron una posición nacionalista en nombre de la unidad nacional frente al enemigo, “traicionando de ese modo el espíritu internacionalista de los congresos de Stuttgart (1907) y Basilea (1912)”, éste último fue convocado para analizar la guerra de los Balcanes y adoptar una línea de acción a favor de la paz y contra el imperialismo(Iglesias). En un célebre discurso, Clara Zetkin, llamó a las mujeres socialistas a oponerse a
la guerra.

“Mujeres socialistas de todos los países”, dijo Zetkin, “en unión inseparable con la
Internacional Socialista combatan la guerra. La guerra moderna significa destrucción
masiva y matanza masiva…La guerra amenaza con todo lo que las madres enseñan a sus
hijos sobre la solidaridad y la comunidad internacional…La lucha contra la guerra, y la
lucha por la libertad, no pueden librarse sin las mujeres…”. (Internacional Socialista de
Mujeres). Dice el historiador Alfredo Iglesias Diéguez “si Lenin fuera protagonista del
Congreso (de la Internacional Socialista) de Stuttgart, Zetkin con su discurso de la guerra
contra la guerra, fue la protagonista indiscutible del Congreso de Basilea”.

En marzo de 1915 se celebra en Berna la Conferencia Socialista de Mujeres contra la
guerra que adopta una resolución de condena a la “guerra imperialista” con el lema “guerra
a la guerra” y pide a las mujeres a luchar contra ella. La Conferencia se realiza en medio de
un ambiente de persecusión. Muchas de las delegadas fueron amenazadas, o se les impidió
asistir, y otras fueron detenidas por la policía, quedando sus nombres consignados en los
archivos del Servicio de Inteligencia británico y holandés.

Significado político

En el decenio de 1970 del siglo pasado, el feminismo organizado dará un nuevo contenido a
esta fecha en “la invención de gestos, palabras y modos de estar que han transformado el 8
de Marzo de los últimos años en una ocasión de creatividad femenina”, escribieron en
1985, Tilde Capomazza y Marisa Ombra, historiadoras italianas. Ellas afirmaron que
“desde el momento en que el feminismo también hizo suyo el 8 de marzo, cambia la propia
imagen de ese Día. El tema de la sexualidad volvió a ser puesto en la orden del día. Es un
tema que, habiendo estado fugazmente presente en los orígenes de la historia, fue después
excluido de toda la tradición posterior ligada a la II y III Internacional”.

Este rescate del espíritu del 8 de Marzo que se inicia en la década de 1970 del siglo XX, tiene que continuar. Debemos luchar por preservar su significado político y cultural, hoy amenazado por expresiones y contenidos comerciales, faranduleros y superficiales que han convertido a esta fecha en una mera exaltación al mujerismo en el homenaje vacuo. Nuestras pioneras abrieron el camino. Gracias a ellas, las mujeres del siglo XXI buscaran nuevos modos de ser mujer, como quería la escritora mexicana Rosario Castellanos.

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