El Pacto Social de Cristina hace recordar los planes de competitividad de Cavallo

Los lanzó el ex ministro en 2001 para evitar la devaluación, con exención o pago a cuenta de impuestos y el compromiso de mantener el nivel de empleo y ganar competitividad. Hoy serían un estímulo más en una macro favorable

Cuando Cristina Fernández de Kirchner (CFK) deslizó que parte del Pacto Social podrían ser los acuerdos sectoriales, algunos recordaron los planes de competitividad lanzados por Domingo Cavallo en el primer semestre del 2001. “Fueron una aspirina frente al cáncer, la convertibilidad estaba muerta”, confiesa un operador del último ministro de Economía de Fernando de la Rúa.

La presidenta electa definió su propuesta como un acuerdo de carácter estructural en el cual se definan metas, objetivos cuantificables y verificables, con acuerdos sectoriales sobre cada actividad, como lo fueron los planes de Cavallo.

Hoy esos planes de competitividad serían el anabólico de un sector industrial que creció casi 50% desde la devaluación. Más allá del nombre, las diferencias entre la versión 2001 y 2008 de los Planes de Competitividad son notables. En la macro: una economía entrando en su cuarto año de recesión o el sexto de alto crecimiento, déficit o superávit fiscal, Blindaje y Megacanje o desendeudamiento, casi 20 u 8% de desempleo.

También hay diferencias específicas. Cristina Fernández no mencionó estímulos impositivos ni devaluatorios. Mientras que, en el 2001, estos planes tenían tres pilares: exención de Ganancia Mínima Presunta, pago de IVA a cuenta de contribuciones patronales, futura eliminación de los Ingresos Brutos en las Provincias.

Los Planes de Competitividad se impulsaron con dos objetivos declarados, aumentar la producción y mantener el nivel de empleo; y uno implícito, evitar la devaluación compensando la falta de competitividad del 1 a 1. El primer paso fue la Ley 25.414, que otorgaba plenos poderes al entonces superministro; entre ellos la posibilidad de crear o eliminar exenciones impositivas para “mejorar la competitividad de los sectores y regiones”, así como “establecer medidas tributarias especiales”.

Con esta ley marco para cambiar o suprimir impuestos, sancionada el 29 de marzo del 2001, los “Convenios para mejorar la competitividad y el empleo” fueron promulgados mediante el decreto 730, del 1´ de junio. Desde entonces, fueron firmados por el Estado Nacional, las provincias, sindicatos y cámaras empresarias. La parte estatal se comprometía a reducir la carga impositiva ya mencionada y los sindicatos garantizaban cierta paz social a cambio de que las empresas no produzcan despidos.

“El histórico Lorenzo Miguel, que veía como la UOM perdía afiliados día a día, los defendió”, recuerdo un ex ladero de Cavallo. Algunos de los sectores que participaron de estos planes fueron los metalúrgicos, madereros, plásticos, hoteleros y turismo, arroceros, autotransporte de cargas y hasta la Federación Nacional de Trabajadores Camioneros, dirigida entonces y ahora por Hugo Moyano.

Cuando estos planes comenzaban a volverse operativos, la economía entró en una pendiente de la que recién comenzaría a salir desde mediados del 2002. Los planes de competitividad iban a durar, según pretendía Cavallo, hasta 2003, pero el mismo y fatídico 20 de diciembre del 2001 fueron derogados junto con los superpoderes. El presidente interino Eduardo Caamaño firmó la Ley 25.556, y su antecesora 25.414 concluyó su corta existencia.


Fuente Cronista
Opiniones (1)
19 de septiembre de 2017 | 09:47
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19 de septiembre de 2017 | 09:47
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  1. La vamos a pasar mal con esta vieja
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