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Barcelona reaccionó a tiempo y sumó una igualdad ante Stuttgart

Cacau puso en ventaja al Stuttgart alemán a los 25 minutos del primer tiempo, pero luego asomó la figura de Zlatan Ibrahimovic a los 7’ del complemento para lograr la equidad en el partido de ida de los octavos de final de la Liga de Campeones.

No fue un buen Barcelona pero sí fue un buen resultado. Bueno a priori, excelente visto el partido ¿Barça resultadista? Más bien Barça superviviente. Porque salió a flote desde el fondo de un pozo en el que se metió él solo y en el que estuvo a punto de sufrir un descalabro de verdadera gravedad.

Tras un primer tiempo de pesadilla Zlatan empató, el Barcelona se rehizo sin alardes para llegar al aprobado raspado y navegar con un buen resultado rumbo al Camp Nou. Con la eliminatoria de cara y en espera de tiempos mejores.

Venía el Barça de días precarios, muy mal en el Calderón y sin brillo en el mal partido ante el Racing tan publicitado después por Cruyff, y no recuperó opulencia ni vigor en el Mercedes Benz Arena. Hay situaciones preocupantes en lo colectivo: la presión rebaja su intensidad, los laterales no muerden en ataque sin Alves ni en defensa sin Abidal, los despistes defensivos se hacen groseros, las pérdidas de balón se multiplican y el movimiento de balón se vuelve previsible, lento, sin mordiente ni profundidad.

Buena parte de la culpa podría estar en el tono físico, que parece en reserva, con luz roja parpadeando. En parte por eso, en parte por el atasco del sistema circulatoria general, no corren buenos tiempos para las individualidades: ni Xavi, ni Iniesta, ni Messi, ni Ibrahimovic destacaron en ataque. Busquets mejoró en la segunda parte y Márquez se fue renqueante tras crear más problemas de los que arregló. Henry, desde el banquillo, no aportó nada porque ni siquiera apareció.

Así que fue un Barcelona a ratos gris y a ratos malo. Sin brillo como dominador y sin sostén como dominado. Incluso tuvo suerte. Pero como la suerte también juega se da por bueno un empate que al final firmó también un Stuttgart desfondado en la recta final. El equipo alemán, que salió muy cerrado atrás y muy respetuoso con el campeón, se fue metiendo en harina a medida que pasaron los minutos.

El Barcelona le abrió la puerta y el equipo alemán se metió en el descansillo llegó hasta la cocina y a punto estuvo de tomar el salón y sofá favorito del Barcelona. Fue un susto de primera parte, una zozobra pocas veces vista de un equipo generalmente espléndida, casi siempre solvente como mínimo.

Cierto que el actual Stuttgart no es la perita en dulce que prometía el sorteo. La salida de Markus Babbel y la llegada al banquillo de Christian Gross le ha dado fuelle, vida y fútbol. Es un equipo al que le gusta tener el balón, morder y atacar.

Y a tan poco tendió el Barcelona que el Stuttgart tuvo el balón, mordió y atacó. Encontró dos autopistas en las bandas con la subidas de Celozzi y Molinaro, utilizó a Pobrebnyak como referente y lanzador y a Cacau como puñal, agitador y goleador, porque suyo fue el gol con un buen remate de cabeza cruzado que superó a un Valdés que volvió a tener paradas de reflejo y mérito, alguna salvadora.

El gol, en el ecuador del primer tiempo, descompuso al Barcelona hasta límites pocas veces vistos en al era Guardiola. Sin el balón y sin seguridad defensiva, sin robar ni hilvanar, pudo encajar más goles ante un Stuttgart que perdonó y protestó porque vio un par de penaltis en el área de Valdés, el más polémico en una mano de Piqué.

Desconocido, el Barça sufrió y sufrió sin más reacción que un disparo de Messi, el único a puerta de la primera parte, que Lehmann no rechazó bien y el poste despejó definitivamente.

En la segunda parte el Barcelona marcó por una vía que no acostumbra. Un centro plano y vertical en busca de los corpachones de Piqué y Zlatan. El primer ganó la baza y el sueco, desesperante hasta entonces, marcó dentro del área.

El gol golpeó al Stuttgart con dureza. Los alemanes, que navegaban sobre una ola de optimismo y valor, quedaron noqueados y tuvieron otra vez minutos cerca de su área, indultados por un Barcelona que no hizo sangre y que dejó que el partido fuera a un tramo final más suelto, con balones en las dos áreas.

El empate se pudo romper en un remate de Ibrahimovic que Molinaro salvó bajo palos con el brazo después de que el sueco también se ayudara con la mano en el control.

El final del partido pareció la mejor noticia para un Barcelona que no estuvo completamente cómodo nunca, ni siquiera tras el empate a pesar de que volvió a mandar. También el Stuttgar pareció terminar el partido con más miedo al 1-2 que esperanza de 2-1.

Así que la eliminatoria queda abierta pero inclinada ya claramente hacia el terreno del Barcelona, que tendrá que mejorar para llegar lejos en la defensa del título pero que salvó, con aspecto de superviviente, un partido que se había complicado terriblemente. Y eso, en medio de sensaciones preocupantes, vale oro.

(Fuente: AS de España)

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10 de Diciembre de 2016|10:18
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