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Bode Miller logra finalmente el oro que se le resistía

El estadounidense Bode Miller logró hoy el oro olímpico que venía persiguiendo durante toda su carrera y se instaló como una de las grandes estrellas de los Juegos de invierno de Vancouver 2010. Miller, de 32 años, registró un tiempo de 2:44,92 minutos para superar por 33 centésimas en la supercombinada al croata Ivica Kostelic y relegar al bronce al suizo Silvan Zurbriggen. "Estaba orgulloso de mi carrera en cuanto crucé la línea de meta, sin saber aún si tenía medalla", dijo el carismático estadounidense, satisfecho más con su propio desempeño que con el éxito en sí.

Miller, de 32 años, registró un tiempo de 2:44,92 minutos para superar por 33 centésimas en la supercombinada al croata Ivica Kostelic y relegar al bronce al suizo Silvan Zurbriggen.

"Estaba orgulloso de mi carrera en cuanto crucé la línea de meta, sin saber aún si tenía medalla", dijo el carismático estadounidense, satisfecho más con su propio desempeño que con el éxito en sí.

"Es increíble cómo esquíe hoy al máximo nivel", señaló. "Hay chicos que han esquiado a un nivel mejor que nunca. Todo el mundo quiere una medalla, pero sólo hay tres. Eso es lo que es especial", agregó.

"Estaré orgulloso toda mi vida del esquí que hice hoy. Es increíble, fue mental y emocionalmente muy exigente", dijo Miller, que recibió un fuerte elogió del austríaco Benjamin Raich, bicampeón olímpico y líder de la Copa del Mundo.

"Bode es un esquiador grandioso, y aquí está mostrando lo mejor de él", dijo Raich.

Con su éxito de hoy el estadounidense sumó su tercera medalla en Vancouver 2010 tras la plata en el supergigante y el bronce en el descenso.

El oro de Vancouver 2010 es, además, su quinta medalla olímpica, ya que en Salt Lake City 2002 había ganado sendas platas en la combinada y el slalom gigante.

Eran las 12:46 en la pista de Whistler cuando Miller bajó la cabeza, cruzó la meta como una bala, apretó los dos puños y sonrió feliz: por fin era campeón olímpico.

Miller cumplió una carrera sólida, sin errores y sin riesgos excesivos. Cuatro veces campeón del mundo y dos veces ganador de la Copa del Mundo, el estadounidense se tomó revancha de su pobre actuación en Turín 2006, unos Juegos a los que llegó como gran figura y que dejó con más presencia en las discotecas que en la nieve.

El Miller de Vancouver no tiene nada que ver con aquél. Relajado y sonriente, parece feliz de hacer lo que está haciendo, y eso se está notando en sus resultados.

"En Turín no era dueño de mis decisiones, me habían quitado la libertad de ser quien soy", recordó esta semana.

Un Bode Miller campeón olímpico aparecía como muy improbable hasta hace pocos meses. Tras su decepcionante Mundial en Val d'Isere el estadounidense había dado por cerrada anticipadamente la temporada 2008/2009. Decidió ocuparse de su hija, irse a la playa y olvidarse del esquí.

"En septiembre tenía cero chances de estar en los Juegos. Cero. No había esquí, ni entrenadores, ni técnicos, ni nada", dijo el viernes.

"No fue una decisión fácil volver a levantarse cuando está oscuro y salir a que el viento frío te pegue en la cara".

Pero lo hizo, tomó esa decisión, volvió y ahora puede hacerse más grande aún: si el sábado gana en el slalom se convertirá en el único hombre en la historia en ganar medalla olímpica en cada una de las cinco disciplinas del esquí alpino.
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11 de Diciembre de 2016|07:22
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