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El día que el mundo se paralizó por las declaraciones de Tiger

El discurso de Tiger Woods fue seguido por millones de personas y provocó hasta la disminución de la actividad en Wall Street; el sinceramiento no llegó a convencer.

Mito o realidad, pero ahora, que es de más carne y hueso que de cerebro, Tiger se volvió más popular que antes. Eso no significa que no haya quien quiera excomulgarlo, pero, mientras tanto, el rating en los Estados Unidos fue suyo y sólo suyo. Obama podía prometer lo que fuera, pero lo que aquí ayer detuvo las cosas fue Tiger y no los microcréditos. 

A eso de las 11 de la mañana, todo pareció aflojar un poco, disminuir la marcha hasta, en algunos casos, detenerse. Dicen que la disminución de la actividad llegó, incluso, a las operaciones en Wall Street, que si bien no están en su mejor momento, siguen siendo vertiginosas. 

Todo porque, a esa hora, la estrella hacía la confesión pública de su miseria. "He traicionado; he engañado; he hecho mal; he sido infiel; me dejé llevar por los placeres. Mi comportamiento ha sido inaceptable", dijo, como quien recita el password secreto del infierno. 

Y Tiger Woods, el ex hombre de hielo, salía de su silencio para terminar su transformación en público, para completar el circuito por el que dejó de ser aquel hombre mesurado, sereno y cerebral que aparecía en un torneo (y en decenas de publicidades) para transformarse en la antípoda: pura piel, sin corazón ni cerebro. 

Con la adrenalina erizada por el morbo, esta ciudad – como buena parte del país– paladeaba la comparecencia desde horas antes. Apenas se supo cuándo y dónde hablaría Tiger, hubo una programación automática de agendas, a ver de qué modo se le podía hacer un hueco. Y quien pudo –y pudieron muchos– se detuvieron a verlo como quien ve un partido de fútbol: uno contra otro; el Tiger de antes contra el Tiger de ahora, para ver quién queda. 

La idea dominante aquí es que Tiger vuelve. No se sabe cuándo, pero vuelve. Lo que inició ayer fue el primer paso para el retorno. Todo lo demás... no se sabe. 

Ni siquiera está claro si la atención masiva que se le dio ayer implica comprensión, disculpa y empezar de nuevo. O, por el contrario, si fue más morbo que otra cosa. Cuando la confesión terminó, hubo sensación de poco. Una especie de "¡A ver, hombre, que diga un poco más!" 

¿Podría haber hecho más Tiger? Lo que se vio fue el más rotundo pedido de perdón esperable en él. Pero aquí tuvo un sabor extraño, con un acento maquinal y poca dosis de corazón y sentimiento. 

Suena paradójico: pero al hombre que se probó de carne le faltó carnalidad a la hora de la disculpa. Y volvió el otro, el Tiger de hielo, el que ya no se conoce. Por eso, el sinceramiento no terminó de convencer. Tal vez sea eso o tal vez sea sólo que esta es una sociedad de reacciones viscerales cuando se trata de moral. Y no es muy tolerante con la debilidad de la carne. No, al menos, de buenas a primeras. 

Buena parte de este país aminoró su ritmo para ver cómo el ídolo completaba su caída. Eso no siempre significa que lo hayan perdonado. Lo que sí está claro es que, si mañana Tiger hablara de nuevo, el país se detendría otra vez. Es que el N° 1 se volvió popularmente… irresistible. 

Fuente: Canchallena.com
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