Deportes

Ni café, ni sexo: la campeona que desmitifica al snowboard en Vancouver

Durante años los snowboarders fueron rechazados en más de un centro de esquí porque los consideraban una banda incontrolable que bebía, fumaba marihuana a granel y rompía hoteles. No todos, ni siquiera la mayoría, pero sí suficientes para ser estigmatizados. El snowboard, se decía, era así.
Pero no siempre es así. Está, por ejemplo, Torah Bright, la campeona olímpica que no toma café y no fuma, no conoce el alcohol ni el sexo.

"Para mí es sencillamente un modo de vida", dijo recientemente la australiana al diario británico "Daily Mail".

"No bebo, no fumo, no tomo té ni café, ni tendré sexo antes del matrimonio. Pero voy a bailar y me quedo despierta hasta tarde", añadió la ganadora del oro en el halfpipe de Vancouver 2010, que pronto podrá darle un giro a su vida, ya que tras ganar anunció que se casará en junio.

Rubia y atractiva, Bright, de 23 años, podría perfectamente aprovechar su físico para ganar dinero, ese dinero que a su familia granjera se le esfumó en la gran sequía australiana de 1998.

Pero no. "No me veo como un sex symbol, y puedo resistir perfectamente la tentación de posar desnuda para una revista. Lo hago por mis convicciones religiosas".

Bright está enrolada en la Iglesia de Jesucritos de los Santos del Último Día, a la que todo el mundo conoce como "los mormones".

Los mormones tienen un gran poder en Salt Lake City, sede de los Juegos de invierno de 2002 y una ciudad en la que la australiana tiene una casa.

Una mormona con el oro olímpico en snowboard, toda una paradoja en la brevísima historia olímpica del deporte, cuyo primer campeón, el canadiense Ross Rebagliati en Nagano 98, dio positivo por marihuana, aunque conservó su medalla dorada.

Llamativo: ganó en el circuito del Monte Yakebitai, un escenario en el que antes y después de los Juegos los snowboarders fueron vetados por problemáticos.

A Rebagliati el olimpismo le cambió la vida, pero entiende perfectamente a aquellos colegas que prefieren el espíritu de los "X Games", una competencia mucho más libre que la contolada por los señores de los anillos.

"Para muchos, los X Games representaban mucho mejor el espíritu del snowboard: las competencias eran ruidosas y divertidas. No había controles antidoping y todos los que clasificaban podían competir sin necesidad de integrarse en un equipo nacional", escribió Rebagliati en su libro "Off the chain".

"En el snowboard hay muy buen rollo, somos todos como una familia", dice a dpa el español Regino Hernández, de 18 años, mientras el DJ hace mover los cuerpos al ritmo de "Steady as she goes", de los Raconteurs.

"A todos nos duele en serio si alguien se cae. Y eso no es lo normal en el deporte profesional, el snowboard no tiene nada que ver con el esquí", apoya el alemán Konstantin Schad. "Somos una verdadera familia".

El español Jordi Font, de 34 años, tuerce el gesto cuando se entera de los comentarios de sus compañeros.

"¿Una familia? Nada de eso, antes era así, ya no", dice a dpa recordando sus inicios. "La alta competición no tiene nada que ver con el 'frikismo' que hay fuera de ella".

Pero Font parece una opinión aislada, porque Rebagliati confirma lo de la "gran familia" del snowboard.

"Más que un deporte, es un estilo de vida. Lo vives todos los días. Y nos ayudamos todos".

Rebagliati también confirma el mito: fumar marihuana es parte de la "cultura" de muchos snowboarders, aunque los controles antidoping lo compliquen cada vez más.

"Fumaba hierba porque me relajaba, y, a diferencia del alcohol, no me generaba una resaca a la mañana siguiente".
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9 de Diciembre de 2016|14:28
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