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Los dichos y hechos del adiestrador Hugo Alves

El técnico de Boca Juniors se ha revelado muy vigoroso en sus modos de formular declaraciones, pero se ve que ha llegado el momento de que sus enunciados se expresen en las decisiones.

En realidad, ese vigor, sorpresivo en principio, es el mismo que había puesto en evidencia en ocasión de un interinato que fundó con una frase de la que no se hizo cargo del todo: "el que no esté dispuesto a meter la patita, no juega”.

Claro que este Alves está mucho más fortalecido, primero por el aval que supo darle Carlos Bianchi y luego por su confirmación para un puesto que hasta donde se sabía estaba más o menos lejano de lo que cifraba su currículum.

Pese a ello, el verdadero fortalecimiento que urge al Chueco es el de los resultados prácticos.
Y esto excede, por mucho, el territorio de las declaraciones de principios. No alcanza con batir el parche de que salvo con Menotti, Bilardo, Bielsa y algún otro peso pesado no se siente menos director ténico que nadie.

Tampoco alcanza con el simplismo de invocar recetas voluntaristas. Para muestra, un botón basta y sobra: 48 después de haber deslizado que los problemas defensivos de Boca se corregirían con un suplemento de rutinas tácticas y consejos útiles, Newell's le dio, a su Boca, y a él mismo, una bofetada que se escuchó hasta en Singapur.

Cuatro goles que bien pudieron haber cinco o seis. De Alves, de quien es celebrable su buena predisposición a hablar de fútbol sin oscurantismos, con naturalidad, cabe sin embargo hacer notar el ruido de algunos de sus tonos.

En una palabra, ¿es un tipo convencido de lo suyo o es un tipo que intenta convencerse dándose manija y agitando el sonajero mediático?

Por lo demás, cuando dice que al haber quitado del equipo al Pato Abbondanzieri y al Negro Ibarra, no robó, no violó, no mató, pues está apelando a una verdad tamaño Amazonas.

En efecto, en ningún pecado capital incurre Alves desplazando a dos próceres cuyo rendimiento venía en franca declinación, de malo a muy malo y de muy malo a indefendible.

Tal vez su error haya sido banalizar sus procedimientos y rozar el destrato al anunciar tácitamente que reemplazaría a dos jugadores de significativa contribución a la grandeza de Boca.

Que Abbondanzieri e Ibarra hayan sido puestos sobreaviso en los medios de comunicación no se corresponde con un trato no ya cariñoso: ni siquiera cuidadoso.

Que conste. Por si no se ha subrayado hasta aquí, el Boca 2010, el Boca de Alves es más o menos de lo mismo: estilo borroso, brújula averiada, juguete del destino.

En todo caso, es justo y debido ponderar que el hombre está metiendo mano, es decir, está buscando las respuestas que las circunstancias reclaman.

Veremos si desde el domingo se escribe una historia diferente.
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3 de Diciembre de 2016|12:43
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