Deportes

Luces y sombras antes de los Juegos Olimpicos de Vancouver

Cuando el viernes se inauguren los XXI Juegos Olímpicos de Invierno en la ciudad canadiense de Vancouver, se estarán confirmando 86 años de historia o un recuento de triunfos y fracasos.

La historia de los Juegos Olímpicos de Invierno se puede resumir en varios hechos que han marcado su trascendencia, como han sido los episodios de la Guerra Fría trasladada a los campos de competencia, y la irrupción de la television y sus contratos millonarios, con sus secuelas de gigantismo, comercialización, dopaje y corrupción.

En los primeros Juegos en Chamonix (Francia) 1924, los 292 deportistas de 18 países ya habían rebasado el trauma de la Primera Guerra Mundial y compitieron apegados a pie juntillas al espíritu y la letra del olimpismo coubertiano.

Esta tónica se mantuvo a pie firme, e incluso, en los Juegos de 1936 en la ciudad bávara de Garmisch-Partenkirchen, los esquiadores de Suiza y Austria se negaron a competir en protesta por la prohibición del COI de que participaran profesores de esquí, a los que consideraban profesionales.

Los Juegos de 1944 en Cortina dAmpezzo, Italia, fueron los primeros en ser televisados, aunque la venta de derechos de transmisión por TV no se concretaría hasta los Juegos de Verano de Roma en 1960. Estos Juegos marcaron el debut de la Unión Soviética en citas invernales, y lo hizo de tal forma que arrasó en el medallero general.

Cuatro años antes, en la cita veraniega de Melbourne, los soviéticos habían irrumpido en el escenario olímpico con gran fuerza, y desde entonces fue cuestión de honor para el campo socialista dominar el medallero general de ambas estaciones. Años después, al caer el Muro de Berlín, se descubrió que muchos de esos triunfos estuvieron marcados por el uso de esteroides y otras drogas.

La confrontación ideológica entre ambos bloques, socialismo y capitalismo, se trasladó a la arena olímpica, y en cierta forma propició la aparición de los primeros deportistas profesionales, bajo las mismas barbas de los puristas del COI, que no quisieron darse por enterados.

Tanto socialistas como capitalistas estimulaban a sus ganadores de medallas con compensaciones monetarias. Los soviéticos homenajeaban a sus campeones con la Orden de Lenin y unos cuantos rublos. Los estadounidenses reconocían a los suyos con un contrato publicitario.

La Guerra Fría provocó dos grandes boicots en los Juegos de Verano (Moscu-1980 y Los Angeles-1984), pero en los de Invierno el único capítulo negro lo escribió Taiwán, al negarse a participar en los Juegos de Lake Placid-1980 en protesta por la participación de China.

Los Juegos de Invierno de Grenoble en 1968 fueron los primeros en retransmitirse en color, y reportaron al COI la entonces exorbitante cifra de dos millones de dólares por la venta de derechos televisivos. Una calderilla comparada a los 3.800 millones que pagó la cadena estadounidense NBC por los Juegos de Vancouver-2010 y Londres-2012.
  
En 1972, la cita invernal se celebró por primera vez en Asia, en la ciudad japonesa de Sapporo, donde también se produjo el primer enfrentamiento entre el olimpismo puro del entonces presidente del COI, Avery Brundage, y las grandes compañías comerciales y televisivas.

Preocupado por el ingreso de los profesionales, Brundage llegó a amenazar con eliminar los Juegos de Invierno. A su salida del COI, el organismo se encontraba en bancarrota, lo que obligó al sucesor Lord Killanin a abrir las puertas a patrocinadores privados y la poderosa televisión.

Con la llegada del español Juan Antonio Samaranch a la jefatura del COI en 1980, el organismo deportivo se transformó en un emporio comercial con activo de miles de millones de dólares.

Según críticos de Samaranch, con la bonanza económica los mercaderes entraron al templo, y trajo grandes males que hoy lastran el movimiento olímpico, como son el gigantismo participativo, el despliegue de un dopaje a todo trapo dada la presión de los patrocinadores a los atletas, y varios casos de corrupción en la designación de las sedes olímpicas.

Los Juegos Olímpicos de Nagano-1998 fueron los primeros de Invierno en los que la participación superó los 2.000 atletas.

Cuatro años después, Salt Lake City reunió a 2.399 deportistas, y en Turín-2006 se dieron cita 2.500 competidores. En Vancouver se prevee una cifra ligeramente superior.

Nagano marcó un hito con la entrada de los jugadores profesionales en el torneo de hockey sobre hielo, primer deporte que dejó su marca en el dopaje de los Olímpicos de Invierno, cuando en Grenoble-1968 el alemán Alois Schloder dio positivo a la efedrina.

En sentido general, hasta Salt Lake City-2002, los Juegos Olimpícos de Invierno habían estado más limpios de drogas que los de Verano. Pero en la ciudad estadounidense se destapó el primer escándalo cuando tres esquiadores perdieron sus medallas por dar positivo en los controles.

Turín-2006 fue una novela dópica a cargo del equipo austríaco, que se vio sometido a una requisa de la policía italiana en su residencia de la Villa Olímpica debido a fuertes sospechas de dopaje sanguíneo.

El tema puede estar en el candelero de Vancouver-2010, pues previo a los Juegos casi una decena de atletas, principalmente de esquí, han sido suspendidos por tramposos.
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5 de Diciembre de 2016|07:26
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